opinión

Carabobo, bien vale una misa

6 Diciembre, 2012

Estoy en Méjico, admirando la fuerza de esta democracia que se sigue construyendo mientras hace frente a grandes desafíos: la fuerza del narcotráfico, la profundidad del etnicismo diferenciador, el poder de los súper monopolios; fuerza que hace que cada día, cada amanecer, el país vaya a mejor. Esto ocurre porque los mejicanos han tenido el valor y la conciencia para elegir, sorteando peligros y desechando ofertas engañosas, rechazando falsos “poderes populares”, repúblicas “amorosas”, denuestos contra el liberalismo y demás disfraces retóricos con que se cubren aquellos aspirantes a ejercer el control totalitario en esta región latinoamericana.

opinan los foristas

Con esta visión en mente, vuelvo la mirada angustiada a mi país y sobre todo miro a Carabobo, ese estado que pareciera tenerlo todo para hacer felices a sus ciudadanos y el temor me asalta, ya que se asoma la posibilidad de que se ejecute una gran estafa para los carabobeños, por intermedio de un liderazgo engañoso dispuesto a vencer a las fuerzas democráticas haciéndose pasar por lo que no es, prometiendo por ejemplo, con el casco correspondiente en la cabeza, que ahora si van a terminar el Metro, obra que fue paralizada con saña por el oficialismo para castigar a todo un pueblo porque éste les negara el voto.

Leo unas declaraciones casi desesperadas de Enzo Scarano llamando a la unidad verdadera y no queda más que recordar: Carabobo y el actual gobernador Salas, al igual que su padre, han sido baluartes fundamentales del proceso de descentralización, el intento más fuerte ocurrido en Venezuela para robustecer la ciudadanía; proceso que hizo posible que la gente por primera vez eligiera a sus gobernadores, expresara su voluntad y que sus aspiraciones fuesen en verdad respondidas.

En medio de las limitaciones implacables que el gobierno central impuso a las gobernaciones opositoras, en Carabobo el gobierno local avanzó, construyó, mejoró la calidad de los servicios, veló por la seguridad y la salud de sus ciudadanos.

El momento es crucial, y exige defender la descentralización como hecho cultural imprescindible, como una manera de vivir distinta, propia, donde cada sitio del país expone y vive su cultura, sus héroes y sus liderazgos. La unidad debe consumarse por encima de las visiones y aspiraciones particulares; es el momento de mostrar realmente cuánto podemos apostar por la democracia y por la posibilidad de que los carabobeños conserven la libertad de poder seguir eligiendo a sus gobernadores y alcaldes. Hoy en Venezuela se está disputando, palmo a palmo, en todo nuestro territorio, la posibilidad de vivir en libertad, por lo que cada gobernación perdida por falta de unidad es un brazo, una pierna que nos amputan para poder materializar la esperanza y el derecho de ser libres, de elegir, de cambiar a los gobernantes que no queremos. Lo que tiene que quedar claro en la conciencia de cada ciudadano al ir a votar en Carabobo es que está decidiendo su futuro.

Si logra imponerse con todos los artilugios que maneja, el candidato del gobierno al día siguiente, tirará al piso el casco del metro, lo pateará y comenzará a trabajar en otra dirección, a imponer las comunas, a dividir, a expropiar, a quitarle el poder y negarle los recursos a quienes se le opongan y allí comenzará la verdadera tragedia.

Si algo hemos aprendido en Venezuela en estos catorce años, es lo difícil que resulta luchar contra un gobierno que tiene la propiedad de casi todo, que usa a discreción los recursos fiscales par imponer su proyecto político, que no tiene limites ni escrúpulos para corromper y comprar conciencias si eso le sirve para destruir o avasallar a los que osan oponerse a su intención totalizadora.

Al candidato oficialista se le puede ver en dos versiones, cual Dr. Jekill y Mr. Hyde; una, la cara amable del que ofrece y regala y que ahora camina con la gente, cuando nunca antes lo había hecho; la otra, siniestra, con el poder bajo el brazo rompiendo compromisos y promesas, con toda frialdad, sobre todo cuando promueva el avance del tétrico país comunal, que a lo mejor ni siquiera entiende.

Los carabobeños tienen que saber que esta podría ser la última vez que elijan a un gobernador, porque simplemente esa figura de gobierno está sentenciada a muerte por el gobierno comunista, tal como lo dijo Chávez “O comuna o nada”.

Estas elecciones para Carabobo, igual que para el resto del país constituyen una prueba de fuego para la conciencia ciudadana. ¿Bastará con disfrazarse con cascos y franelas rojas, con repartir dinero a manos llenas los recursos ajenos, con ofrecer lo que no han hecho en años en ninguna parte, para convencer a los votantes? Y quizás lo más doloroso, ¿los ciudadanos votarán por un candidato impuesto sin ningún respeto a sus legítimas aspiraciones locales, muestra brutal del poder aberrante que se impondrá en todo Carabobo si está opción llegase a triunfar?

Carabobo tiene que decidir si quiere seguir eligiendo a sus autoridades o si va aceptar que los dirijan desde Miraflores. Frente a esta disyuntiva, hay que oír al Alcalde Scarano, hay que poner en práctica las ideas en las cuales creemos, la democracia, la libertad y el respeto para cada persona independientemente de sus ideas y posiciones. Por todas estas razones aspiro fervientemente que en pocas horas, pues el tiempo apremia, Carabobo pueda ver las muestras concretas de unidad de sus verdaderos demócratas.

[email protected]
@isapereirap


Etiquetas:

Canal Noticiero Digital