opinión

A la entrada y a la salida

28 Diciembre, 2012

La masacre constitucional es una característica connatural del ejercicio del poder del señor Chávez. Así fue a su entrada en 1999. Y así también lo sería en una eventual salida en 2013. Y me refiero, claro está, al supuesto de su falta absoluta. Y lo más difícil de asimilar es que a muy pocos parece importarle el asunto, es decir la matanza de la “ley suprema”.

opinan los foristas

En efecto, la Constitución de 1961 fue masacrada por el Estado venezolano en 1999 con el aplauso entusiasta de la mayor parte del país. Esa venerable Constitución, la más longeva de nuestra historia y la que sirvió de fundamento normativo a la República Civil, fue desechada por medios distintos a los en ella previstos. O sea, masacrada.

Y todo se justificó con base a la teoría del “poder constituyente originario”, que le dio “juridicidad” al proceso de una Asamblea Constituyente “entubada”, y que continúa sirviendo como guarimba teórica para los desmanes del poder rojo. Sin ir muy lejos, la presidenta del TSJ acaba de recordar el tema en referencia al enredo de la toma de posesión.

Catorce años después, el patrón continúa pero con mucho más desparpajo. Así tenemos que la procuradora Cilia Flores, nadie menos, asegura que eso de la fecha constitucional del 10 de enero es un “formalismo”, queriendo decir, una necedad; y el viceplus, Nicolás Maduro, complementa al declarar que la toma de posesión será cuando los médicos presidenciales (por cierto que desconocidos) así lo dispongan.

Y claro, no les interesa un bledo que el artículo 231 de la Constitución de 1999 sea preciso al respecto de cuándo deba tomar posesión un presidente electo. Para la satrapía en funciones, la llamada Carta Magna es un documento que puede cumplirse…cuando conviene, y cuando no, pues no. O sea, más o menos en la tónica de la vieja y mala historia del autoritarismo venezolano.

Porque de eso se tratan estas líneas: el problema de fondo no son los intríngulis jurídicos de la toma de posesión. No. Es la disposición permanente a saltarse a la torera cualquier norma con tal de satisfacer un interés político. En pocas palabras, el desprecio por el Estado de derecho, por la idea misma del respeto a la ley, por siquiera la silueta de una conciencia institucional. Y ello ha sido una constante desde el primero gobierno del señor Chávez hasta las vísperas de este incierto cuarto.

Y claro, no faltarán quienes sostengan que todas esas cosas son abstracciones que nada tienen que ver con la vida ordinaria de la gente. Pero se equivocan, porque si en algo nos hemos llegado a diferenciar los seres humanos de estas épocas a nuestros ancestros de la prehistoria es, precisamente, por haber creado instituciones que nos han permitido pasar de la cueva a la estación espacial.

Y la institución por excelencia en el dominio del derecho es la Constitución. Por eso el tratarla como si fuera un coleto o peor, un polígono de tiro, hace que la sociedad se desordene hasta límites trágicos de anarquía. Los más de 20 mil asesinatos al año en Venezuela están, por ello, estrechamente vinculados con el abatimiento constitucional de estos tiempos de mengua.

Son caras distintas de una misma masacre. La masacre del potencial venezolano en lo que va del siglo XXI.

flegana@gmail.com

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