opinión

Azul y no tan gay

16 Diciembre, 2012

En los últimos años ha ocurrido un cambio trascendental en el léxico popular venezolano. El mismo no ha sido subrayado suficientemente por los medios ni por los especialistas. Por lo menos, no que nos hayamos enterado. Nos referimos al nuevo uso que se le dado a la palabra “marico”. Y es que tal palabra ha pasado de ser el insulto más socorrido de toda sociedad machista a ser usada como saludo o comodín lingüístico para expresar aprecio, amistad, cariño, camaradería.

opinan los foristas

Que cómo ha ocurrido tal mudanza, quizás nunca nos enteremos. Así suele suceder en la misteriosa habla cotidiana en todas las lenguas. Sólo los eruditos profesores logran tejer etimologías que nadie está dispuesto a rebatir del todo, porque lo más probable es que pertenezcan a la imaginación y la fantasía, ya que sólo así parece que puede intentarse resolver enigmas como el que anotamos: marico, ahora en Venezuela, además de insulto es expresión de cariño.

La autora teatral de éxito Mónica Montañés (su obra escrita para Mimí Lazo, “EL aplauso va por dentro”, tiene el récord de representaciones en nuestro medio) registró en su telenovela “Válgame Dios” el nuevo significado de ´marica´. Pero, por razones de censura, sus personajes (mujeres jóvenes de unos veintitantos) decían ´perica´ y no ´marica´. (Vi la telenovela de marras porque al principio me divertían mucho las peripecias del personaje interpretado por Ricardo Álamo, José Alberto Gamboa, hasta que la serie cayó en una rocambolesca y absurda trama tejida por la mala malísima que interpretaba Carlota Sosa).

Pero volviendo al atrasado machismo que parece estar cediendo ante hechos como el de desdramatizar el uso del vocablo ´marico (a)´, es el cine donde los autores (directores y guionistas) han tenido más éxito al tratar el tema de la homosexualidad. Tema que aún sigue siendo tabú para amplios sectores de nuestra sociedad y motivo de flagrantes contradicciones para ciertos estamentos, como la Iglesia Católica; tanto, que en el catecismo vigente admite la existencia de la homosexualidad dentro del plan divino pero condena su práctica.

En la película de Miguel Ferrari “Ni azul ni tan rosa” el tema del homosexualismo es tratado con mucho respeto pero también con gracia y tino. Es presentada una pareja de hombres que se aman sin caer en el exhibicionismo ni la truculencia. Tal pareja es víctima de la intolerancia y la ignorancia prevalecientes en la sociedad. El acierto con que la película habla de los “mariconzones” (como diría el ungido sucesor Nicolás Maduro) es tan grande que el público que al principio de la película da los consabidos griticos de burla contra los homosexuales, va metiéndose poco a poco en la trama del filme para terminar suspendiendo sus prejuicios e identificarse con los personajes, aunque su opción sexual no tenga nada que ver con la homosexualidad o el transexualismo que son abordados en la cinta.

Felicito a Miguel Ferrari por el éxito de taquilla y por la maravillosa puesta en escena, en especial cabe destacar la dirección de actores y la preciosista fotografía. Ni tan azul ni tan rosa es una película memorable. La actuación de Hilda Abrahamz es de antología. Por primera vez la actriz de tantas telenovelas desechables es aprovechada en un registro multifacético. Hay escenas desternillantes que confirman su lo que anotamos.

Igualmente, llama la atención la actuación de Guillermo García (29), locutor y actor de doblaje. Su personaje es tan entrañable y es ejecutado con tal tino y prudencia (casi es una actuación minimalista) que lo convierten en un ser que convive con nosotros después de abandonar la sala de exhibición. El personaje de “Diego” es alguien que quisiéramos conocer y tener como amigo.

En fin, una buena película que nada tiene que ver con la falsa epopeya que cineastas experimentados, como el tocayo Chalbaud, han afrontado con total fracaso artístico y comercial. Absurdo “aporte” al legado de la moribunda revolución chavera. Azul y ni tan rosa es un homenaje a todo el que enfrenta los prejuicios e inmediatismos de la sociedad venezolana, como practicante del amor que no dice su nombre. O que no lo decía, hasta que los jóvenes de la clase media integraron la palabra marico como vocativo cargado de afecto en sus conversaciones.

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