opinión

Alexander Cambero

¿Y si perdemos la patria?

5 Diciembre, 2012

El régimen viene por la patria. Se quitó la careta de fantoche dizque democrático, para avanzar en un proceso totalitario que nos haga esclavos en pleno siglo XXI. Ahora siente que su fuerza elevada a la enésima potencia, puede lograr destruir la resistencia de millones de venezolanos que nos negamos a perder nuestras convicciones en manos de la barbarie. Arremete decisivamente utilizando todo el estado al servicio de su causa. Entiende que es ahora o nunca cuando puede terminar con la firmeza de muchos. Aquellos que no cejan en su empeño de sostenerse en libertad. Allí la razón de esta ofensiva brutal en todos los frentes.

opinan los foristas

La pasividad es hija de la comodidad. Ver pasar los acontecimientos como si observáramos un atardecer pletórico de fulgurantes colores que nos obsequia el crespúsculo, no garantiza que nuestra libertad tenga una garantía de perpetuidad. Las realidades sociales son tan complejas que olvidar que también somos protagonistas es un hecho peligrosísimo en la vida ciudadana. Dejamos que el monstruo creciera hasta convertirse en un mastodonte que se abalanza con toda la fuerza que reúne un animal de gran tamaño. No comprendimos las señales de insatisfacción que emanaban del pueblo, este al ver que sus anhelos no eran satisfechos corrió hasta los brazos del error. Las grandes mayorías olvidadas vieron en Hugo Chávez, un profeta que venía con la firme intención de redimir a los depauperados de la tierra. El tiempo con su sabiduría se ha encargado de desenmascarar al impostor.

Este régimen malévolo no cree en la democracia. Con gran manipulación del poder omnipotente del estado, ha logrado embaucar a millones con sus migajas disparadas desde la mirilla del peor de los fraudes. Un pueblo llevado como ovejas al matadero, viviendo de las fábulas que utiliza el gobierno para vegetar a costillas de aquellos que se conforman con menudencias.

Han hecho de la miseria humana su mejor recurso. Remueven la necesidad de la gente para usurparles su voto. Después que lo hacen las promesas se esfuman y la necesidad se multiplica. Mientras más pedigüeño mejor para los planes de eternizarse. Un venezolano con grandes necesidades es un instrumento ideal para moldearlo como muñeco de plastilina. El hambre no solo afloja los intestinos con ruidos estremecedores, también condiciona la voluntad del hombre y lo hace dócil ante las pretensiones de aquel que satisface su necesidad por algún tiempo. Es la vieja conseja marxista del pan en el bolsillo, que aparecía en las propagandas socialistas en el marco de la III internacional. Alguien que somete tu hambre para manipularte, porque él puede proveerte del pan haciéndote esclavo de sus mecanismos de control. Nos hemos distraído en insignificancias. ¿Qué hacemos batallando en refriegas pueriles, luchas intestinas hasta devorarnos a dentelladas, si perdemos a la patria? ¿Qué sería de la nación si nuestros hijos comienzan a sentir que su país es Cuba y sus sombríos personajes de ultratumba. Los colores de la bandera nacional, usurpados por otras insignias que son lejanas a nuestro acervo histórico?

Es lamentable observar cómo vivimos embriagados en nuestro egoísmo y no pensamos que Venezuela requiere que salgamos a defenderla de este grupo de embaucadores. Una secta de resentidos que quiere que seamos esclavos del hombre que se siente el predestinado de la historia.

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