opinión


El Nacional / ND

Victoria y derrota (I)

16 Noviembre, 2012

¿Qué estaba en juego el 7-10? Naturalmente, la Presidencia de la República para un nuevo período constitucional. Pero, dadas las circunstancias políticas que vive el país, también se trataba de un episodio decisivo en la confrontación entre democracia y no democracia. Abordar el segundo escenario resultaba quizás más urgente para el futuro de Venezuela. Ganar la Presidencia de la República en ese contexto no significaba acceder plenamente al poder, sino el inicio de un proceso de transición no exento de riesgos. La victoria electoral opositora implicaba el rescate de los valores democráticos pervertidos y secuestrados por el actual modelo ideológico.

opinan los foristas

Más que una plataforma programática como es usual en la alternancia constitucional, se requería además de un programa mínimo de gobernabilidad sobre aspectos básicos sin cuyo abordaje no era posible ejercer plenamente las funciones de gobierno.

Ese tránsito (la reinstitucionalización; la reconstrucción del aparato productivo y Pdvsa; el regreso de la FANB a su misión histórica; la reprogramación de la diplomacia hoy atada a las conveniencias de Cuba y colocada en la órbita de la conflictividad internacional) no era posible sin un acuerdo suficientemente amplio que comprometiera la mayor suma de factores sociales. De allí que la transición (absolutamente inevitable por lo demás) condujera a una consulta por la vía de la constituyente, la reforma o la enmienda que mediante el voto colocara de nuevo a la nación en la ruta democrática.

Sectores de la dirigencia opositora eludieron el tema porque se consideraba demasiado teórico e incomprensible para el elector común. Se impuso el criterio puramente electoral, es decir, la obediencia a la mercadotecnia y el uso de la parafernalia mediática que configuran la llamada “videocracia” de Sartori. En un cuadro de normalidad la escogencia era válida y no en vano las campañas modernas son competencias de destrezas técnicas con menoscabo de la valoración histórica y las consideraciones políticas específicas.

Pero en este caso no se reproducía la campaña Obama-Romney de Estados Unidos. El 7-10 además del ejercicio electoral convencional se apostaba fuerte en el dilema de fondo. Eludir ese segundo aspecto y confiar como muchos señalaban que “una vez ganadas las elecciones se puede hacer todo” era cuando menos una ingenuidad. Los resultados de la consulta han generado lógicamente desánimo e incertidumbre en sectores importantes del electorado, que ahora descubren que ciertamente se enfrentaba un entramado institucional ventajista con el CNE a la cabeza, y que una victoria del chavismo abría paso a la profundización del llamado proceso revolucionario. ¿Qué nos espera en los meses que vienen? Sobre ello nos ocuparemos en el próximo artículo.

@manuelfsierra

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