opinión


El Nacional / ND

Victoria pírrica, derrota pírrica

23 Noviembre, 2012

Se emplea el término victoria pírrica para denotar un triunfo que, por costoso, puede al final convertirse en derrota, y se le atribuye al rey Pirro que, cuando derrotó a los romanos, 280 años antes de Cristo, sus pérdidas fueron tan cuantiosas que exclamó: “Una victoria más como esta y estoy derrotado”.

opinan los foristas

Pues bien, eso demuestra dos cosas en principio, una que, a veces, el ganador ha debido estirar la cuerda tanto para lograr su objetivo que el esfuerzo y el precio pagado han sido demasiado altos en relación con los resultados obtenidos. Es decir, que lo realizado, al final, no basta, no es suficiente.

Y, del otro lado, la derrota puede ser aparente, entonces, sus resultados positivos sólo podrían apreciarse al mediano o largo plazo, dependiendo del grado de impaciencia y tenacidad de quien o quienes sufren o sufrieron los fracasos. Esto quiere decir que, si se hacen las cosas bien, dejando a un lado el voluntarismo inmediatista, las frustraciones se pueden convertir en victorias aplazadas.

Claro que el camino no estará exento de obstáculos, desviaciones y gente que esté dispuesta a transigir, a entregarse a una muerte climatizada, como gustaba decir Julio Cortázar. Esto en la realidad no es nada nuevo, total, el mundo lo cambian los inconformes, los que se atreven a soñar, que se salen del común, del redil. Ejemplos en la historia sobran…

Eso sí, los llamados a continuar la lucha deben repensarse, deben estar preparados para romper moldes, a tomar decisiones que, quizás, luzcan extremas, pero que son absolutamente necesarias. Simón Alberto Consalvi, en un brillante artículo en Siete Días de la semana pasada, de este diario, trataba el tema, siempre presente, de lo que significa negar el pasado, reescribir la historia o, simplemente, sostener que el pasado no sirve y, por lo tanto, es mejor desecharlo. Hay quienes hacen esto, como decía Consalvi, por desconocimiento o simplificación histórica, pero, también, hay otros que lo niegan ex profeso, a los efectos de sacar réditos políticos.

Sin embargo, en política, al igual que en otras actividades de la vida, a veces, es menester romper con las malas prácticas del pasado, que han sido las causas de situaciones indeseables que encumbran a líderes mesiánicos de la noche a la mañana y que, luego, es muy difícil salir de ellos por la vía de los votos, ya que estos iluminados se valen de las debilidades intrínsecas de los sistemas democráticos para mantenerse en el poder. Son aquellos que, hábilmente, sibilinamente, en nombre de una presunta liberación del pueblo, lo someten sin piedad, con tal de satisfacer sus ambiciones hegemónicas.

Muchas veces una ruptura a tiempo con esquemas fracasados ahorra males mayores.

Es lo que se podría llamar el nacimiento de una vanguardia que juegue el papel detonante ante una situación de un aberrante exacerbado centralismo autoritario. En fin, no se puede ser prisionero del inmovilismo complaciente que adoran los que viven en su zona de confort, así ésta sea acomodaticia. Hay que deslindarse, por supuesto, de las viejas mañas políticas que apuntan en este sentido.

Apartarse de la “frivolidad” que se ha apoderado de un sector importante de la clase dirigente que podríamos calificar ­aun corriendo el riesgo de caer en generalizaciones desagradables­ de acostumbrado. En el fondo representan anacronismos que luchan por sobrevivir a cualquier costo, bajo el lema de que “el que no arriesga, ni gana ni pierde”.

Por cierto, el término “derrota pírrica” fue acuñado por Carlos Fuentes, a finales de los años sesenta, cuando se refería a movimientos como el del Mayo Francés y otros…

@freddyjlepage

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