opinión

Vladimiro Mujica

TalCual / ND

La última esperanza blanca

8 Noviembre, 2012

Es probablemente muy temprano para una lectura en profundidad de las recientes elecciones presidenciales norteamericanas, pero hay un hecho en particular que puede tener una influencia notable sobre el futuro de la gran democracia occidental. Me refiero a la influencia que los cambios en el perfil demográfico del país y la alineación del apoyo de diversas minorías a una de las dos opciones políticas dominantes puede tener en las futuras elecciones.

opinan los foristas


Con una población de unos 315 millones de habitantes, Estados Unidos es el tercer país más poblado del planeta después de China e India. En la clasificación por grupos étnicos del censo de 2012, de ese número aproximadamente el 16% corresponde a hispanos y latinos, el 12% a afroamericanos, y el 64% a blancos. Especialmente informativo es el hecho de que los hispanos y latinoamericanos dieron cuenta por más o menos la mitad (1,4 millones) del crecimiento nacional de la población de 2,9 millones de personas entre julio de 2005 y julio de 2006. De hecho se espera que los inmigrantes y sus descendientes nacidos en los Estados Unidos provean la mayor parte del crecimiento poblacional en las siguientes décadas.

Como señalé en uno de mis artículos recientes, un informe de la Casa Blanca publicado en abril de 2011 establece que menos del 50% de los niños latinos están inscritos en el preescolar; solamente el 50% recibe su diploma de secundaria en los lapsos establecidos y, entre quienes lo logran solamente la mitad, comparados con el resto de los estudiantes, está bien preparada para la universidad.

Añade también el informe que sólo el 13% de la población latina tiene un título universitario. Estos porcentajes son suficientemente preocupantes, pero lo que los convierte en alarmantes son las estadísticas demográficas específicas de la así llamada “América hispana”. Los latinos conforman el grupo más joven y de más rápido crecimiento en los Estados Unidos y van a constituir el 29% de la población para el año 2050.

Si no se interviene a tiempo el futuro es realmente oscuro porque en 50 años, un tiempo largo en términos de la vida de un individuo pero muy corto en la vida de una nación, la mayoría de los trabajadores será de origen latino y con graves deficiencias en su formación. Como afirman las autoras de un libro reciente The Latino Education Crisis , Patricia Gandara y Frances Contreras: “El desempeño académico de los estudiantes latinos está en niveles tan bajos que los condena a vivir como miembros permanentes de una subclase social y el prospecto de su situación empeora con el tiempo. Si esta situación no se revierte la democracia está en peligro”.

En términos similares se ha expresado el propio Presidente de los Estados Unidos, Barak Obama.

Las encuestas electorales indican que Obama ganó el apoyo de los latinos sobre Romney por márgenes históricos: 72% sobre 23% a nivel nacional. Esto introduce una responsabilidad singular para la sociedad norteamericana en su conjunto, especialmente para los demócratas y los sectores más liberales del país, así como un elemento de presión potencialmente muy negativo, generado en un sector de la población con grandes expectativas y muchas razones para el resentimiento. Este peligroso ingrediente la puede convertir en presa fácil de aventuras políticas como las que han ocurrido en buena parte de Latinoamérica si la democracia norteamericana no atiende a tiempo la desigualdad de oportunidades hacia los latinos y otras minorías.

Hay otros indicadores muy importantes aparte del hecho singular, en relación con la convulsionada historia de esclavitud y lucha por los derechos civiles de los Estados Unidos, de que un negro es presidente en una nación cuya mayoría se declara étnicamente blanca. Por primera vez en la historia de la nación un mormón, Romney, tiene una verdadera oportunidad de ser electo presidente, y ningún blanco protestante está en la lista de candidatos a la presidencia o vicepresidencia, dado que tanto el candidato demócrata como el republicano a la segunda posición en la fórmula son católicos. Todo esto habla de un país en un proceso de transformaciones profunda pero que sin embargo son procesadas en un entorno democrático y de respeto a la institucionalidad.

Los republicanos parecen haber perdido una apuesta muy dura a convertirse en los últimos representantes de la versión esencialmente “blanca” del sueño americano. La estrategia de oposición dura y principista a todas las iniciativas importantes de cambio de la administración de Obama como las referentes a los servicios de salud y la reorientación del presupuesto ha fracasado.

De hecho, el electorado ha dado un mensaje muy claro al liderazgo político al darle un segundo mandato a Obama quien ostensiblemente ha sido poco exitoso en resolver la crisis económica y de empleo del país y cuya política exterior ha tenido considerables oscilaciones en temas críticos como la conducta frente al fundamentalismo musulmán e Israel.

En un sentido histórico importante, Romney constituía la última esperanza blanca para el sector más conservador de la sociedad norteamericana y la derecha religiosa. Su derrota, aún conservando una fuerza muy importante, puede marcar un punto de inflexión en la estructura de las fuerzas políticas y sociales que operan en la gran democracia occidental que es Estados Unidos.


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