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opinión

Ignorantes del mundo, uníos

30 noviembre, 2012

“No dejemos nuestra libertad sólo en las manos de los políticos. Eso es un error. La libertad es de todos y todos por igual tenemos que defenderla” Valentín Arenas

“Somos nosotros (los ingenieros y científicos) quienes verdaderamente fabricamos las gafas a través de cuyos cristales la gente ve el mundo y se ve a sí misma, sin saber y sin darse cuenta de quiénes fueron los que se las casaron sobre su metafórica o metafísica nariz. Es posible que seamos los grandes fabricantes de gafas de la historia. Por eso la labor intelectual es algo más que copiar datos o construir ingeniosos artefactos. Es una responsabilidad tremenda y debemos afrontarla.” Ludwig von Bertalanffy

Querido Jim: En estos momentos en que en Venezuela, tanto el jefe de Estado como sus cercanos servidores, se empeñan en repetir un experimento social que ha fracasado rotunda y notoriamente en 46 intentos anteriores, es conveniente preguntarse qué los mantiene aferrados a la tal tesis, la que evidentemente se sostiene por puro empeño, puesto que las evidencias son más que aplastantes. También conviene indagar acerca de para qué el empeño exagerado. Dos preguntas fundamentales que permiten al ser humano acercarse al cumplimiento de sus sueños.

opinan los foristas

Para quienes hemos tenido la oportunidad de seguir el comportamiento de algunos de los líderes anteriores que se embarcaron en el dichoso ensayo, no nos resulta extraño que suelen coincidir en ellos una serie de sentimientos que evolucionan en forma clara y precisamente establecida por las neurociencias cognitivas y por los patrones históricos: una ingenuidad romántica inicial que se va transmutando en satrapía y desvergüenza con el correr del tiempo, en la medida en que el comportamiento terco y rotundo de la naturaleza los confronta con la diferencia abismal que existe entre los sueños y la terca práctica. Las dificultades inherentes a la implementación de lo que inicialmente aprecian como simple voluntad o anhelo romántico, de bienintencionados seres que procuran la realización terrenal del amor profundo por la humanidad, se trueca rápidamente en la necesidad de insistir y mantenerse en el poder a toda costa, negociando insensible y progresivamente cada vez más, urgencias de someter a quien se oponga a tan magna misión. Recuerdo claramente los encendidos discursos saturados de bondad, sanas intenciones y proyectos de alcance de la felicidad plena, de un recién treintón Fidel o Mouamar Kadaffi (así se escribía en aquel entonces; como todo mudó de manera sorprendente, para quienes fuimos testigos de los cambios sintácticos y pragmáticos a un Gadafi horrendo y brutalmente tiránico que al momento de su muerte recliflaba:”Pero, yo ¿qué les he hecho a uds?”, mientras un grupo de seguros resentidos de un abuso sostenido y progresivo por parte del anteriormente joven romántico líder, violenta y vengativamente lo empalaban).

¿Qué podemos hacer los que tenemos alguna visión histórica, por nuestro héroe de la Planicie, a fin de ahorrarle el curso inevitable de la tradición humana que Él ignora? Derrotarlo en elecciones libres y democráticamente organizadas, se me ocurre que es la mejor respuesta que puedo dar. Y para ello, la llamada oposición necesita fortalecerse, crear un solo vendaval de votos y voluntades firmemente compactadas; lo que pasa por abrir nuestros corazones y convencernos de la importancia de no caer en la tentación del egoísmo de un supuesto líder, gurú o cualquier otro equivalente del Fürer alemán que significa colocar en un solo ser la responsabilidad de un conjunto humano.

Inteligencia colectiva es el nombre que se le está dando a esa búsqueda conjunta que nos ayude a salir adelante. No llegaremos espontáneamente a ello, ya hay demasiado conocimiento y herramientas para estrellarnos desde la ignorancia. En nuestros equipos de investigación humana tenemos una frase guía: “Ya no podemos vivir inocentemente”.

Señores de la MUD: busquen asesoramiento profesional en negociación y mediación, de lo contrario volverán a estrellarse. Y el tiempo se acorta… No esperemos a ver un Fidel o un Kadaffi envejecidos en nuestro territorio pidiendo perdón, no hace falta… Llamen al Centro de Resolución de Conflictos, pues esta última palabra es la que los caracteriza desde hace algún tiempito para acá. Por eso es que pierden, o ¿no se habían dado cuenta?



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