opinión

García Márquez y Fidel Castro: Historia de una incoherencia

7 Noviembre, 2012

Deseamos tratar aquí el asunto biográfico sobre Gabriel García Márquez(1927) que siempre llena de interrogantes a sus lectores: su relación con el dictador cubano Fidel Castro(1926), asunto más grave aun después de la caída del socialismo en 1989, del fin del comunismo, de la URSS y de la reinstalación de la democracia en los antiguos países comunistas. Todo ello hace inexplicable que García Márquez siga siendo cercano amigo al autócrata de La Habana que tanto, tantísimo, daño, a hecho a su país y ha logrado llenar de violencia a la América Latina de nuestro tiempo.

opinan los foristas

Nosotros tampoco hemos entendido la razón de esto. Son numerosas las obras biográficas sobre García Márquez que hemos leído con cuidado y atención tratándonos de explicar esto que es inexplicable. Han sido fundamentales en estas búsquedas, especialmente las obras que sobre él ha escrito su gran amigo bogotano Plinio Apuleyo Mendoza(1932), demócrata raigal que alguna vez, hace mucho tiempo, tuvo veleidades con la Revolución Cubana a la cual los intelectuales latinoamericanos, él entre ellos, dieron la espalda como consecuencia del Caso Padilla(1971) y de la aparición de la obra del chileno Jorge Edwards(1932) Persona non grata(Barcelona: Barral,1974. 478 p.). Las obras de Plinio Apuleyo Mendoza a las que nos referimos son El olor a la guayaba(1982, Bogotá: Norma, 2008.150 p.) pero especialmente a La llama y el hielo(Bogotá: Planeta Colombiana,1984.300 p.), cuyo capítulo más extenso, y principal, dedicó a su amigo: “Gabriel García Márquez: el caso perdido”(p.9-150). El otro es Aquellos tiempos con Gabo(Barcelona: Plaza y Janés, 2000,229 p.), sabroso libro biográfico sobre García Márquez. Y ahora sus dos biografías, la del colombiano Dasso Saldivar(1951): García Márquez: el viaje a la semilla(Madrid: Alfaguara,1997.611 p.), obra que narra la vida de García Márquez hasta la publicación, en 1967, de Cien años de soledad y la del británico Gerald Martin(1944): Gabriel García Márquez: una vida (Barcelona: Mondadori, 2009.762 p.), completísima, cuenta toda su vida, su autor es además un magnífico crítico literario, por lo cual el libro tiene un doble valor: como la presentación de la vida del escritor y como análisis de su escribir, con el cual no siempre estamos de acuerdo, por el afán del inglés de encontrarle tropiezos a la obra del arataqueño y por ser nosotros un crítico latinoamericano con otros ángulos de análisis, que observa lo que londinense no observa. Nuestras dudas crecieron sobre todo a partir de 1981, donde las críticas son numerosas, y casi siempre injustas.

Ahora bien, vayamos al punto. Esto debe iniciarse señalando que quien desee conocer el ideario de García Márquez debe buscarlo, y lo encontrará, en su obra literaria, no en otra parte. Ello porque García Márquez, si bien es un magnífico periodista y muy buen reportero, no es un pensador político, y aunque lo consideren hombre de izquierda, en el sentido más lato que esto significa, sus ideas no tienen la coherencia de un pensador político. Y la presencia del marxismo en él es casi un barniz superficial. Lo que es un hombre que desea la justicia social, para lo cual no hay que ser ni de izquierda ni marxista. Es por ello que encontramos tantas incoherencias y contradicciones en sus actitudes políticas. Y es por esta vía que llegaremos a explicarnos, ya lo veremos, su mayor incoherencia: su cercanía a Fidel Castro. Con esto no negamos su conocimiento de la historia latinoamericana, su honda admiración por el Libertador, expresada en una bella obra literaria y su compresión de la figura del caudillo dictador latinoamericano de fines del siglo XIX y principios del XX, evidente en El otoño del patriarca. El caudillismo, no lo olvidemos, es la única creación política latinoamericana, como lo observó Uslar Pietri(“Regreso al caudillo” en su Viva voz. Caracas: Italgráfica,1975,p.170-171. Ver la p.171) al comentar las obras sobre tres dictadores: El otoño del Patriarca, El recurso del método(1974) de Alejo Carpentier(1904-1980) y Yo, el Supremo(1974) de Augusto Roa Bastos(1917-2005). Y ligada a él es lo que Augusto Mijares(1897-1979) llamó el “liderismo” aquellos políticos del siglo XX que actúan como caudillos, o como neo-caudillos, caso Hugo Chávez. Todos son dictadores y llegaron al poder por las armas, excepción de Chávez que ganó unas elecciones y después sacó de su manga lo que tenía escondido: su decisión de destruir todos los valores de la sociedad venezolana, que son los democráticos. Y es imposible soslayar, pocas veces se ha dicho, los elementos caudillistas que tuvo la Revolución Cubana, que tuvieron las guerrillas de latinoamericanas de los años sesenta, caso las de Venezuela, y los elementos neo-caudillistas del actual régimen venezolano. El caudillismo desapareció, en 1903 en Venezuela, y con la muerte de Juan Vicente Gómez(1857-1935) completamente. Pero pervivió en la izquierda, siempre cercana al militarismo. Todo esto hay que tenerlo en cuenta en el análisis del caso García Márquez-Fidel Castro.

Hemos hablado de las incoherencias políticas de García Márquez, nunca las ha tenido literarias porque es un genio de las letras y por ello sus obras ha llenado nuestras vidas. Y estas incoherencias políticas comenzaron con su acercamiento a Castro. Tuvo un momento de cambio con lo que hizo en 1972 en Caracas cuando donó el reciente recibido Premio “Rómulo Gallegos” al Movimiento al Socialismo que se estaba formado. Fue aquello hecho por su larga y fiel amistad con Teodoro Petkoff(1932), su siempre gran amigo. Ser amigo es lo único que sabe hacer García Márquez, además de escribir obras literarias con perfección y belleza. La amistad es un valor. Pero no siempre ser fiel a la amistad puede ser una virtud si se esconde graves incoherencias debajo de ello.

Y afirmamos esto pues cuando García Márquez hizo la entrega del premio al MAS y se adhirió a las ideas que le dieron nacimiento actuó bien. Y lo hizo porque hacían cuatro años de una de las fechas más grandes de la segunda mitad del siglo XX: el año 1968, días de la Revolución de Mayo en París(mayo 29) y de la Primavera de Praga(abril 15). Una revolución libertaria, presidida por el “prohibido prohibir” en París y por la búsqueda de un rostro humano para el socialismo en los sucesos de Praga. Y el MAS había surgido de ello: constituida el primer alegato, anterior al nacimiento del Eurocomunismo, aparecido hacia 1970, oficializado en 1977, en contra del socialismo autoritario. Hoy todos tenemos claro que la gran crítica al socialismo autoritario, tras la invasión de la URSS a Checoeslovaquia, el 20 de agosto de 1968, surgió en Venezuela por la mano de tres analistas de aquí: Teodoro Petrkoff(1932) a través de su Checoeslovaquia, el socialismo como problema(1969) y meses mas tarde por medio de los libros de Manuel Caballero(1931-2010): El desarrollo desigual del socialismo y otros ensayos polémicos(1970) y el de Ludovico Silva(1937-1988) Sobre el socialismo y los intelectuales(1970). Desde Caracas aquellas ideas se hicieron universales, Leonid Brezhev(1906-1980) las criticó, sobre todo las de Teodoro, en su Informe en el XXIV Congreso del Partido Comunista de la URSS, señal de su repercusión universal. Ese Informe tuvo una edición venezolana, impresa por el PCV(Caracas: Editorial de la Agencia Novosti,1971. 190 p.). Petkoff completó sus ideas con otro libro Socialismo para Venezuela, a poco, ya dividido el PCV, siendo Petkoff y Caballero ex comunistas, Silva nunca fue militante, aunque siempre se le consideró tal, podemos aseverarlo por la honda amistad que nos ligó a él, sin ser nosotros nunca ni marxista ni de izquierda, sino un humanista cristiano. Petkoff completó sus ideas con el segundo libro que hemos referido. Cuando reeditó su Checoeslovaquia, el socialismo como problema y su Proceso a la izquierda en el 2007, le puso un título hondamente significativo de El socialismo irreal, dando la gran lección de ser imposible aquella idea en la sociedad de nuestro tiempo, expuestas de nuevo sus ideas en los días de la exposición entre nosotros de algo que no existe en la teoría política: el socialismo del siglo XXI, que es un anacronismo teórico. Cuando Teodoro habló del “socialismo irreal” estaba hablando de que este había culminado el 10 de noviembre 1989, que es imposible ya pensar en él como en una posibilidad. Y que además, añadimos, había quedado al lado de las últimas piedras caídas del Muro de Berlín y junto de las cuales estaban las millones de víctimas asesinadas por los gobiernos marxistas en el poder, con su gran cabecilla, uno de los más grandes asesinos de la historia: José Stalin(1879-1953), a quien siguieron Mao(1893-1976), Fidel Castro, Pol Pot, Slodovan Milosevich y otros.

Ahora bien, no se crea que nos apartamos de nuestro tema. Cuando García Márquez entregó el monto del premio Rómulo Gallegos al MAS confesó que aquel partido era el suyo, que sus ideas eran las que él profesaba. Y, a poco, hizo reimprimir, Socialismo para Venezuela de Petkoff, en su editorial bogotana.

Ambas decisiones lo tenían que haber obligado a separarse de Fidel Castro. De hecho, en el momento en que el líder cubano se adhirió a la invasión soviética a Checoeslovaquia(agosto 20,1968) terminó la Revolución Cubana, se convirtió en una simple dictadura aquel 23 de agosto de 1968, tres días después de la invasión, tal como nos lo hizo comprender Manuel Caballero. Al hacerlo Castro, ya convertida Cuba por él en una nación pordiosera, ya que vivía de lo que otras naciones le regalaban, caso la URSS, desde 1999 con lo que le manda desde Caracas el gobierno actual. Renunció Castro aquel 23 de agosto de 1968(ver los datos en Tad Szulc: Fidel, un retrato crítico. Barcelona: Grijalbo,1987, p.703-704), en nombre de Cuba, a todos los ideales libertarios de América Latina, los que nos venían de los grandes dirigentes de la Independencia y a los cubanos de la figura luminosa de José Martí(1853-1895). Entonces, en aquel momento, García Márquez al no terminar su amistad con Cuba y con Fidel Castro también se hizo cómplice de todo aquello.

En ese momento, con los libros de los tres grandes venezolanos, Petkoff, Caballero y Silva, el del chileno Jorge Edwars, de la obra del español Jorge Semprum, La autobiografía de Federico Sánchez(1977) y de la serie de críticos del socialismo, situados en diversas esquinas, pero coherentes, como el filósofo, también venezolano, Juan Nuño(1927-1995) o el pensador político caraqueño Carlos Rangel Guevara(1929-1988), tanto en Del buen salvaje al buen revolucionario(1975) como por El tercermundismo(1982), se inició el movimiento de críticas al marxismo que culminó con el intento imposible de Mijail Gorbachov(1931) de poner fin al régimen soviético. Henrry Kissinger demuestra en su libro La diplomacia(2010) la imposibilidad de la “Perestroika”. Luego vino el proceso con lo encabezado por Lech Walessa en Polonia, sobre todo desde las huelgas de 1980 y todo lo que se cerró la madrugada del 10 de noviembre de 1989 en el Checkpoint Charlie en Berlín, movimiento en que participaron muchos antiguos funcionarios comunistas, como los de Hungría, en donde de verás se inició el gran cambio, cuando estos ordenaron abrir las fronteras de su país(septiembre 11,1989), inicio verdadero de la caída del socialismo y del comienzo de la nueva hora de la humanidad que vivimos desde hace veinte y tres años.

A todo esto le dio la espalda García Márquez por seguir, desde 1968, su amistad, inexplicable, con Fidel Castro, el más antiguo dictador que hay en el mundo, el de mayor presencia en el poder en nuestra América Latina. Y todo hecho por García Márquez por fidelidad a la amistad, un valor para todos sino estuviera colocada, en este caso, dentro de un mar de horrores. Ser fiel a la amistad es la única explicación a esto, el ver la realidad de Cuba a través de Fidel, no de otra manera, que es el gran argumento para explicar esto, que es inexplicable, que expone quien mejor lo conoce: Plinio Apuleyo Mendoza. Y por sentir también, lo dice su amigo, que García Márquez ve a Fidel Castro como si el coronel Aureliano Buendía hubiera llegado al poder. Y terminamos con una observación que se deduce de los libros de García Márquez: el coronel Aureliano Buendía nunca llegó al poder. Si lo hubiera hecho habría sido un caudillo rural, un gamonal, otro dictador, como todos los otros de su tiempo. Lo que hubiera sucedido entre nosotros, en nuestra vida política, si en 1929 el general Román Delgado Chalbaud(1882-1929) no hubiera muerto en Cumaná y llegado al poder: hubiera sido otro caudillo y autócrata más. No podría haber sido otra cosa, pese a haber llegado al puerto sucrense, rodeado a varios estudiantes de 1928, lo cual fue una contradicción en ellos; tanto como lo fue aquel mismo año que los marxistas Gustavo Machado Morales(1898-1983) y Miguel Otero Silva(1908-1985) quienes se le unieron, en el Asalto a Curazao(1929), a uno de los grandes asesinos vesánicos de la época: el llamado general Rafael Simón Urbina(1897-1950).


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