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opinión

Luis Marín

Elecciones nulas

17 noviembre, 2012

La Unión Interparlamentaria ha establecido unos parámetros, generalmente aceptados por las Naciones Unidas, que sirven de fundamento a la llamada “cláusula democrática” que pueden resumirse así: Siendo que el poder público reposa en la voluntad popular, ésta debe expresarse mediante elecciones auténticas, libres y justas, periódicas, sobre la base del sufragio universal, igual y secreto. La autenticidad de la elección requiere un organismo electoral imparcial y un proceso transparente.

opinan los foristas

Por tanto, en Venezuela no hay elecciones auténticas porque el organismo electoral no es imparcial, el proceso electoral no es transparente, no sólo en el acto de votación, sino en el escrutinio, la totalización y la auditoría de los resultados, todos completamente inescrutables.

Obviamente el voto no es secreto, puesto que la huella dactilar del elector es la que activa la máquina para luego proceder a pulsar la tecla del voto, por lo que cada huella dactilar está casada con un voto y la secuencia inversa permitiría responder la pregunta ¿quién activó la máquina?

Incluso, se ha visto que los electores son acompañados por miembros del PUSV detrás del paraban, como muestra el video brasileño titulado “Así se vota en Venezuela”, que es una verdadera vergüenza nacional.

Las elecciones no son libres porque se actúa bajo presión, chantaje y permanente intimidación. La mera amenaza de “guerra civil”, equivalente a muerte violenta, daños físicos, destrucción y confiscación de bienes, completamente creíbles, que causan impresión en persona sensata, vicia la manifestación de voluntad.

No son justas, porque no se corresponden con ningún sentido de la palabra justicia, sea como igualdad, porque es evidente el ventajismo; sea como proporción, que no existe en absoluto; sea como algún tipo de armonía entre las partes, para lo que bastaría con revisar el discurso oficial; no existe equilibrio, sino abuso y apabullamiento.

La llamada “operación remolque” que consiste en carretear personas a votar por la fuerza, es violatoria de derechos humanos fundamentales, siendo que votar es un derecho y no una obligación coercible; pero además constituye un bluff, para justificar un cambio de tendencia en las votaciones que, por poco que se analice, resulta ser completamente imposible.

Cuando se trata de movimientos de masas que involucran a millones de personas, no es posible que un desbarajuste de última hora pueda modificar una tendencia; pero se ha vendido esa leyenda de que después de las cinco de la tarde se puso en marcha “la maquinaria” para revertir una tendencia que ya se había perfilado inequívocamente.

Sin dejar de lado que un militar en servicio activo no puede optar a cargos de elección popular y que el gobierno de la república debe ser siempre alternativo, todas estas razones vician de nulidad absoluta las elecciones del 7 de octubre de 2012, tal como se dice de las de 1952 y el plebiscito de 1957.

Todo el mundo sabe que es inútil acudir a la llamada Sala Electoral del llamado TSJ porque en Venezuela no hay división ni contrapeso de poderes, ni existe ningún control jurisdiccional de los actos del gobierno y la complicidad del socialismo internacional, incluyendo a los demócratas norteamericanos, hace imposible lograr que los militares venezolanos y las fuerzas de ocupación cubanas cumplan con ley alguna.

Por tanto, esto sólo puede “decirse”, alto y claro, para que quien tenga que oír, oiga.



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