opinión

Dos venezuelas

8 Noviembre, 2012

A partir de 1998 comenzó en Venezuela una incisión social con el objeto de acentuar y darle contenido a la fractura que ya venía, el propósito: crear dos bandos excluyentes, en concordancia al viejo esquema de la lucha de clases, donde uno representa la causa de las miserias del otro, por lo tanto no caben en la misma realidad, es la simple interpretación de la vida que asume el marxismo radical, sosteniendo que a partir de su solución es que es posible construir una sociedad de bienestar.

opinan los foristas

Esta división venía de antes, fruto de un “caldo de cultivo” de procesos que se auto deslegitimaron. Efectivamente, la democracia que nos viene de los años 50 se alienta en la esperanza de grandes sectores de necesitados, quienes aspiraban salir de la miseria para encontrarse en la ruta del progreso y bienestar, sin embargo el desarrollo de las políticas que en los inicios se preocupó por esas necesidades, poco a poco se aleja de esa intención para transformarse en regímenes de y para los partidos. Este cambio de visión cobró en cada proceso electoral sus consecuencias, así accedían al poder partidos distintos al gobernante (con dos excepciones).

En esos años se amasó en parte de esos sectores pobres el sentimiento de inconformidad con el proceso político vigente. El discurso marxista de la necesidad de superar lo que en su criterio era la raíz de su malestar, la existencia de una clase capitalista, da contenido y sentido a la lucha y busca amalgamar alrededor de esa tesis los densos sectores de pobres a quienes se les convence de que su bienestar va a depender del éxito que se tenga en la confrontación y, en consecuencia, con la desaparición de la clase capitalista y el advenimiento de la dictadura del proletariado.

Para el pobre, el discurso era calmante y, en consecuencia, apropiado, podría ahora afirmar con esos fundamentos que la causa de su miseria no era él y su forma de vida, era de un sistema y una clase que lo hunde, entonces nada debo cambiar, todo en mí está bien, lo malo está fuera de mí.

Tomando algunas conclusiones de analistas para explicar el proceso chavista, ellos afirman como una de sus bondades haber dado visión a los grandes sectores de necesitados que permanecían marginados de la vida nacional. ¿Cómo brotó?, en lo emocional, con un discurso que le es cercano, haciendo referencia a sus necesidades y aspiraciones una y otra vez, fundamentando sus males en el sistema capitalista y la existencia de una clase dominante; en lo jurídico, creando un sistema de relaciones en donde ellos resultan privilegiados, con derechos, mientras que a los propietarios se les despoja de los suyos; en lo económico, haciendo de sus aliados los beneficiarios de grandes mecanismos de transferencias, tanto dinerarios como en bienes y servicios, mientras que a los propietarios se les persigue y acorrala; en servicios, con atención en materia de salud, educación en todos los niveles, con institutos paralelos que intervienen los privados y fuerzan el acceso de quienes carecen de recursos para recibir atención en éstos ; en lo político, haciéndolos importantes en las actividades de proselitismo; y así en todas las materias, en donde esos sectores señalados como históricamente despojados, se les convence que ahora son ellos quienes detentan el poder y acceden a los recursos materiales y de servicios a los que antes le eran negados, mientras que los capitalistas son reducidos a cada vez ser menos. En esto creen, que sea cierto o falso, conveniente o perjudicial, eso no es un tema que les inquieta, simplemente creen en esto.

Chávez no inventó esa situación, no fue que se la encontró, él es parte de ella, viene de ahí, la reconoció e hizo usufructo de ella para imponer su creencia, que es alimentada por sectores nacionales e internacionales cultores de ideologías de la izquierda radical, y que alimentando el ego de Chávez, quien se auto muestra como luchador de las mejores causas y por salvar al mundo, han convertido a la sociedad venezolana en su laboratorio para intervenir la sociedad y, por ensayo y error, pretender construir una utopía modelo.

El chavismo es una formación que cree en un mejor futuro el cual es construido por un Estado tutelar dirigido por Chávez para el beneficio de ellos, donde encuentren facilidades para hacer y vivir a su gusto, liberado de preocupaciones, con muchos derechos y pocos deberes, lo humano por encima de lo material, sacrificando lo económico para dar mejor vida al pobre.

¿Qué pasa con el resto, los disidentes, los no chavistas? Esa casi mitad del país no puede representar las clase explotadora y descuartizadora social, son demasiados para hacer creíble esa tesis oficial. Entonces, ¿Quiénes son? En primer lugar no forman parte de los que necesitan ser reconocidos, ni requerir un Estado tutelar para hacer valer sus derechos, por el contrario no desean eso. ¿Por qué no lo desean? Por cuanto son quienes a la hora de las dificultades se pararon y buscaron oportunidades, trabajaron duro, triunfaron y hoy tienen pleno dominio sobre su condición de vida, por lo tanto no necesitan a Chávez. Ayer eran pobres, ellos o sus antepasados, hoy detentan disponibilidad material gracias al trabajo duro y creador.

¿Y donde están esos personajes? En la clase media profesional o autodidacta, en las universidades, en fábricas, instalaciones y áreas productivas, en donde solo vale la llamada meritocracia, están a la vista, ahí están.

Los disidentes representan una fuerza distinta, que desean una sociedad libre, abierta a la invención y crecimiento, competitiva, por eso el discurso de Chávez le es molesto más que indiferente, por cuanto su propuesta social tiene su visión hacia el pasado, lo superado por inconveniente.

Son dos grupos distantes. En una democracia podrían coexistir y convivir, como siempre fue, pero en una dictadura del proletariado ello es imposible. La creencia marxista radical niega las posibilidades de relación con el otro, necesita de su destrucción ideológica. La disidente es democrática, es cultora de los encuentros entre distintos y procurarse la dialéctica para construir la mejor sociedad.

Hay voluntad para tender puentes, el problema es quienes lo cruzan. Para que lo hagan los chavistas hay que despejarles con ideas creíbles, desde el punto de vista de ellos, de que con esa acción su futuro, más que comprometido, se abre al bienestar. En cambio, si cruza la disidencia, tendrán que renunciar a ser los protagonistas de sus vidas para someterse a un Estado tutelar, recibir direccionamiento en sus quehaceres, lo cual no es aceptable.

Hay dos venezuelas que tienen que entenderse, ello solo puede suceder con una mente de inclusión, que del lado chavista no es aceptable por cuanto rompe con su idea de la vida. Por lo tanto, en lo político e institucional ello es imposible, cabe desde las bases, ahí si es viable.

Este es el reto.


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