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opinión

Enrique Viloria Vera

El chamario de montejo por el taller de los juglares

30 octubre, 2012

A lo largo de nuestra amada geografía,

con una vivacidad tal vez mayor que en otras tierras,

conviven varios millones de chamitos.

Eugenio Montejo

¡Qué profunda razón tiene nuestro amigo el poeta Alberto Hernández cuando afirma que “en algún lugar del cosmos está Eugenio Montejo, jugando con las nubes que caen en el patio donde un niño con sus ojos y sus manos canta y sueña con rimas y trabalenguas”!

opinan los foristas

Sí Alberto, el domingo 28 de octubre Eugenio estuvo acá de nuevo – es que no se ha ido, pienso yo – en la Sala Mendoza de la UNIMET, celebrando con un poco de chamos que aplaudían a rabiar las ingeniosidades del poeta niño, convertidas en contagiosa música por el Taller de los Juglares.

En efecto, los incansables Bartolomé Díaz y Andrés Barrios se dieron a la tarea de musicalizar el Chamario de Eduardo Polo – heterónimo del gran Eugenio Montejo – para ofrecer un recital a las ligas menores, en el que presentaron su nueva producción musical: un CD de grandes ligas y acertado nombre Cantando entre líneas que corona el largo y paciente esfuerzo de estos dos grandes de la música que se dedicaron por mucho tiempo a intentar ser chiquitos para entender el maravilloso mundo de la infancia.

¿Qué decir de la cara de felicidad y sorpresa de esa chiquillería que sin protocolos tomó a sus anchas el suelo de la Sala Mendoza para testimoniar su contento? Ciertamente estas palabras adultas sobran cuando compiten con las de aquel que bien supo entender el paradójico idioma de la chamaría. Los juglares – a sus anchas – tocaron y cantaron deleitando a la corte infantil de un reino sin grandezas ni majestades.

Montejo, Díaz y Barrios hicieron de lo suyo para que los chiquillos – muchos grandullones también – se subieran sin prejuicios a la bicicleta de muchos puestos del poeta niño:

La bici sigue la cleta

por una ave siempre nida

y una trom suena su peta…

¡Qué canción tan perseguida!

El ferro sigue el carril

por el alti casi plano

como el pere sigue al jil

y el otoño a su verano.

Detrás del hori va el zonte,

detrás del ele va el fante,

corren juntos por el monte

y a veces más adelante.

Allá va el corazón

en aero plano plano

y con él va la canción

escrita en caste muy llano.

 

Mil gracias de nuevo a Bartolomé Díaz y a Andrés Barrios por hacer de la música un verdadero instrumento de la amistad y de la alegría. Una que otra furtiva lágrima de contento – por el inocultable gozo de los chamos de la Terredad del poeta Montejo – , se sube también – ya seca – al jubiloso tren del Taller de los juglares para que nos conduzcan, entre canto y canto, al radiante y espontáneo país que desde chiquitos soñamos:

 

Por la puerta de mi casa

Va pasando un tren-tren-tren.

Si se para, yo me monto

Y a ti te monto también.

 



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