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opinión


El Nacional / ND

¡Urgente!, ¡se necesita asesor con ideas nuevas!

3 agosto, 2012

Por primera vez, en mucho tiempo, el discurso del presidente candidato Chávez asume un tono reactivo ante los planteamientos de Henrique Capriles sobre la solución de los problemas del país. Esto, prácticamente, no había ocurrido nunca. El perpetuo aspirante a la reelección permanente, siempre corrió literalmente solo, sobrancero, marcando la agenda del debate a su leal saber y entender.

opinan los foristas

Resulta que ahora, además de repetitivo, sus posturas lucen a la defensiva porque no tiene nada distinto que ofrecer.

Se quedó sin banderas, invoca las mismas rasgadas de siempre. No hace falta hacer algún esfuerzo para imaginarse cuáles son.

Además de recurrir a argumentos de carácter genérico, abstractos en su mayoría, se engancha en peroratas teóricas carentes de un mensaje programático diferente al de todos los días. Son muchos años en la jefatura del Estado.

Por eso cualquier ofrecimiento ­aunque venga disfrazado de remozado­ luce desgastado, más de lo mismo.

Por más voluntad que muestre, la gente no le cree. ¿Qué plan nuevo puede ofrecer en materia de seguridad personal, vialidad, vivienda, salud y educación, que no haya dicho antes? ¿Qué aspectos novedosos puede incluir en planes de seguridad social que no sean conocidos por los venezolanos? ¿Qué más se puede improvisar en materia de controles, estatización y centralización de la economía? De ahí que su retórica cada vez más ampulosa, farragosa, vacía y estridente, esté centrada en los pobres, en el imperio, en el capitalismo, en la burguesía, en la explotación colonial y la epopeya épica de nuestros próceres y, como añadidura, en que la oposición no lo deja trabajar, a pesar de contar con todo el poder del mundo.

Ahora surge de manera ordinariamente manipulada un elemento distinto para sumar a la lista; lo que podríamos llamar la reescritura de la historia con la simbología creada alrededor del recién descubierto rostro de El Libertador. Es decir, en un esfuerzo supremo, utiliza la figura de Simón Bolívar para desviar la atención sobre las grandes dificultades que, por ineficacia e incapacidad de su gobierno, adquieren categoría de calamidad nacional.

Entonces, con un fracaso estruendoso en materia de gestión pública, y con el disco rayado de la verborrea demagógica y la palabra devaluada, es muy difícil que surja un Chávez renovado, como aquel que despertaba el fervor popular de épocas idas, que avivaba emociones capaces de conectarlo con un colectivo que deliraba ante su presencia.

La realidad es otra. La enfermedad ha mermado sus capacidades, no solamente físicas.

Capriles con su campaña de visita de contacto directo con la gente, pueblo por pueblo, lo ha obligado a administrar recorridos y presencia muy limitada y controlada que, por cierto, no han obtenido el impacto y éxito deseado.

Entonces no sólo la agenda la impone Capriles, sino también el ritmo físico de la campaña.

En esto le lleva un plus que, difícilmente, consiga alcanzar Chávez.

Por cierto, una pregunta al voleo: ¿qué habrá sido de aquellos interminables Aló, Presidente, con que acogotaba al ciudadano? Ya nadie se acuerda. La memoria venezolana es frágil; de paja, como diríamos, pues. Más nunca se han comentado los interminables domingos en los que el Presidente hablaba de lo que le venía en gana. Agredía, daba instrucciones a sus ministros, los regañaba en vivo y en directo, despedía vulgarmente con palabras soeces sin compasión alguna a quien se le ocurriera, amenazaba a diestro y siniestro a empresarios, a banqueros, a trabajadores de la tierra, a sindicalistas, etcétera, por opinar o actuar de forma diferente a sus intereses.

En fin: se despachaba y se daba el vuelto, como decimos en criollo.

Lo cierto es que 13 años en el poder es mucho tiempo, demasiado para una sola persona que lo tiene todo y sin limitaciones o contrapesos. Sobre todo cuando abusa de ese poder para hacer daño. El desgaste es demasiado. La rutina mata, anula, cualquier iniciativa cuando se gobierna con los mismos de siempre. Y, eso es lo que ha hecho Chávez, eternizar a los más adulantes, a aquellos con una fidelidad perruna a toda prueba…

Mientras más insulte, ofenda y descalifique a Capriles, más lo fortalece.

 

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