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opinión

Sobre la verdad

31 mayo, 2012

La verdad es “incontrovertible” cuando se puede demostrar. El principio de la verdad asociado a la realidad es una premisa con sentido común. Ahora bien, que ocurre cuando existen los “accidentes” que no corroboran una “verdad evidente”. Por ejemplo: El formidable Goliat en condiciones “normales” hubiese aplastado al débil David, pastor éste sin ninguna experiencia militar. Y todos sabemos, que en el enfrentamiento que hubo, la astucia de David, y sobretodo, su buena suerte y arrojo, le permitió acertar la piedra en el único punto débil de su formidable adversario, venciéndole. O que en el clásico cuento donde ocurre la competencia entre la veloz liebre y la lerda tortuga, ésta última terminase venciendo contra todo pronóstico.

opinan los foristas

Nadie, en su sano juicio, se monta en un avión porque espera que éste se caiga. Todos, o casi todos, nos montamos en el avión a sabiendas que es un medio de transporte bastante fiable para llegar rápido a un destino, y con todo, se puede caer.

Lo evidente termina no siéndolo en muchos casos. El azar, la fortuna, la tyche de los antiguos enfrentado al libre albedrio humano. Otro misterio esencial de la existencia del que vale estar prevenidos. Y que nos lleva a las abismales disquisiciones en torno a Dios y su disimulo respecto a un azar trágico y una libertad sin responsabilidad ni conciencia que produce la maldad. Si Dios es la Verdad como absoluto, nadie lo cuestiona, y mucho menos si se pone la fe por delante. Otro asunto son las “verdades” humanas: frágiles y aleatorias.

El conocimiento histórico ha hecho del principio de la objetividad una especie de punto de honor. Lo que le confiere, de acuerdo a las convenciones académicas dominantes, la precondición de cientificidad. Ahora bien: ¿Cómo puede ser un discurso historiográfico cierto si quién lo escribe es un pecador? ¿Un hombre de carne y hueso falible y mortal, limitado y relativo, condicionado por sus particulares circunstancias? En el fondo: subjetivo.

Hay gente dentro del mundo académico que se devanea los sesos tratando de llegar a la verdad de su especialización, cuando en realidad, el propósito de la ciencia no es la búsqueda de la verdad sino la producción de conocimiento nuevo. De lo que se trata es de ensanchar un poco más nuestra más completa ignorancia sobre hechos y problemas que carecen de respuesta o solución última.

Como diría Voltaire en 1764: Las verdades históricas sólo son probabilidades.

Dr. Ángel Rafael Lombardi Boscán es director del Centro de Estudios Históricos de Luz

 



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