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opinión

A construir verdades

26 mayo, 2012

La señal de costumbre

Se puede contar en semanas el tiempo que queda para que Venezuela decida cual va a ser su futuro. Y tal como lo han advertido numerosos observadores de la política nacional, el 7 de octubre estaremos no solo ante una coyuntura más dentro del proceso democrático venezolano, sino frente a la posibilidad de escoger que clase de país queremos, muy distinto en todo caso al bodrio que hoy nos ahoga.

opinan los foristas

Los días que restan antes de las elecciones del 7.0 nos ofrecen una estupenda oportunidad para recapitular lo que hemos hecho entre 1999 y 2012. Y encontraremos que en estos catorce años hemos dilapidado miserablemente los inmensos recursos que Dios y la naturaleza nos obsequiaron para que con ellos construyéramos un país sólido y con inmensas perspectivas. También encontraremos que hubo áreas del mundo que en ese mismo lapso se sobrepusieron a las desgracias de guerras asoladoras mientras nosotros nos chocabamos en inútiles debates y en menudencias que nos colocaron en la cola del progreso universal.

La culpa fue cabalmente nuestra. Mientras otros se dedicaban al trabajo, los venezolanos invertíamos nuestra fuerza en la lucha por el control del escenario político. El hoy presidente-comandante-candidato es producto de esa realidad. Pero llegó la hora que no ofrece cabida para nuevas alternativas. Venezuela no soporta ni más ensayos ni menos incompetencia. Y tenemos frente a nosotros la estupenda oportunidad de la elección presidencial del 7 de octubre, cuando sin un disparo y sin una gota de sangre podremos abrir puertas y ventanas a un Estado distinto, moderno, honesto y capaz de gobernar en cualquier circunstancia.

Naturalmente, las exigencias para el 7 de octubre permiten definir con claridad el perfil del candidato. Parece obvio, a estas alturas del período constitucional y claro como están lo poco hecho y lo mucho mal hecho bajo el mando de Hugo Chávez, que el fallido militar no parece estar en el mejor nivel para aspirar a un nuevo mandato. Y si a ello sumamos sus precarias condiciones de salud, a las cuales prefiero no referirme por elementales consideraciones de tipo humano, daría la impresión de que el candidato pudiera estar repensando su actitud definitiva en lo que toca a su posible participación electoral.

Aquí estalla otro problema para el PSUV, dentro del cual se oficializaría la guerra a muerte por la herencia de la candidatura. Pero ésta es harina de otro costal y más adelante tendremos tiempo para analizarla. Por lo pronto, para lo que debemos estar preparados es para el aguacero de encuestas que hará llover el gobierno en estos meses para intentar convencer a los venezolanos de que Chávez y el PSUV están galopando, mientras nadie tiene noticias del pobre Capriles. Á ritmo de conga compraran supuestos estudios de opinión y gastaran miles de millones, con cifras incalculables por el ciudadano común…para amanecer el 8 de octubre con un tremendo ratón político producto no solo de la celebración fallida sino también del engaño en el que sus jefes los hundieron durante la campaña electoral.

Quienes estamos al paso con Capriles no necesitamos torcer verdades ni alterar cifras. El pueblo se siente representado en un hombre serio que ha sido Presidente de la Cámara de Diputados, Alcalde de Baruta y Gobernador de Miranda, y que ahora aspira con legítimos títulos a la Presidencia de la Republica. Por ello lo respaldamos con vigor desde la modesta trinchera que bajo el titulo de GRUPO DE LOS 100 hemos tomado la decisión de asumir en Anzoátegui una posición de lucha que contribuya a la exigencia popular.



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