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opinión


El Nacional / ND

La botella de Paola

30 abril, 2012

He recibido una bellísima carta de una muchacha de 16 años de edad llamada Paola, en la que me cuenta que ha decidido ser cineasta.

opinan los foristas

Cuando uno escribe en un periódico o está en los escenarios, hay gente que te aborda para que leas, escuches o veas cosas que ellos han hecho. Es una situación difícil, sobre todo para mí que no me considero escritor ni crítico de creaciones ajenas.

En general, huyo de esos compromisos, pero la carta de Paola está tan bien escrita y sus ganas de ser cineasta son tan contundentes que me pareció pertinente compartir lo que pienso de sus ilusiones y expectativas.

Alguien que haya escrito una carta tan bonita, estoy seguro, tendrá la profesión con la que sueña y, en este caso, por la pasión que imprime a sus palabras, no sólo podrá ser cineasta, sino cualquier cosa que se proponga.

Tuve el privilegio de conocer a sus padres, a su hermanito, a un hámster, y a un pocotón de perros jadeantes. Descubrí a una familia bonita y normal, que parió a una joven excepcional, al revés de lo que pasó conmigo, que de dos personas excepcionales, nací yo.

Esta es mi absurda respuesta ante tan exquisita carta: Mi amiga Paola ha escrito y guardado un mensaje en una botella. Qué bueno que a sus 16 años haya lanzado al océano de la vida una botella llena de ilusiones reales, pero quiméricas a la vez.

Ella, sin saberlo, ha conseguido lo que a otros nos ha llevado años descubrir. Incluso, hay quienes mueren de viejos dando tumbos, sin conseguir el lápiz, la hoja y la botella que les permita agradecer a la vida el hecho absolutamente fortuito de haber nacido.

Si no se tienen sueños, proyectos y utopías, mejor sería haber nacido árbol, bacteria o animal; total, daría igual, porque lo primero que necesitamos para estar vivos de verdad es la conciencia de saberlo, y no se vale saber y no hacer nada para trascender, pero no como un acto egocéntrico, sino como un acto de amor hacia nuestros semejantes, que algún día serán felices con la genialidad de nuestra trascendencia, la cual comienza con una idea, un proyecto, un querer ser…

Leonardo da Vinci, en una época equivocada, también a los 16 años, lanzó al mar no sólo una, ni dos, sino cientos de botellas llenas de ideas imposibles, como la locura de soñar que algún día el hombre sería capaz de volar. Inspirados en él, otros inventaron el avión, y otros llegaron a la Luna para desde allí ver a un planeta azul lleno de vida, flotando misteriosamente en la nada, en donde un día, un joven alocado, soñó que podía volar.

Mi amiga Paola quiere ser cineasta. Sin saberlo ya es protagonista, productora, escritora y directora de su propia película. Todos los días, al abrir los ojos, comienza su rodaje, y en las noches, cuando duerme, su cerebro edita las imágenes y las prepara para que su guión continúe.

En esa película se habla de vida, familia, amor y futuro. En una de las tomas, aparece un padre militar de los que aún puede levantar la cabeza y mirar con orgullo a su familia; su padre, al igual que el mío, es millonario, lo único que no tiene es dinero. A su lado también actúa una madre, que al igual que ella, un día lanzó su botella al mar y hoy recoge los frutos.

Lo más importante de este guión no es el final, sino el camino de aventuras que hacen infinitos los sueños y realidad las ilusiones.

Paola podrá llegar a ser muchas cosas; quizás, como sueña hoy, será una reconocida cineasta y no porque sea fácil, sino porque es muy difícil.



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