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opinión


El Nacional / ND

Feo duelo de titanes

17 abril, 2012

Una lamentable polémica pública precedió en Colombia la Cumbre de Cartagena de Indias. La talla de los protagonistas hizo que el tema cogiera vuelo en la prensa local e internacional. Los presidentes Álvaro Uribe y Juan Manuel Santos se enfrascaron en tristes ataques de cara al mundo que los observaba atónitos.

opinan los foristas

Ambos presidentes han gozado del favor anímico de sus compatriotas en niveles no exhibidos por ningún mandatario antes, por méritos diferentes, y, sin duda, porque las destacadas ejecutorias de Uribe lograron entregarle a Santos un país encaminado a la pacificación, aunque en la transición le haya dejado importantes retos por resolver. Las diferencias tenían que haberse quedado entre ellos, habiendo sido, como binomio, los artífices de todos los éxitos miliares y de seguridad que el país alcanzó en los ocho años anteriores a la administración de Santos. El que Uribe tenga reservas en cuanto a la gestión de quien tomó el testigo en la conducción del país no es lo relevante, sino el que lo haya estado explicitando de manera pública, áspera y cáustica.

Igualmente equivocado es que el Presidente de turno se haya animado a responderle con descalificaciones inconvenientes.

Ello les hace daño a las instituciones nacionales, desata una diatriba inconveniente para los asuntos álgidos de la nación colombiana y pone a los observadores externos frente un ambiente de malestar que poco abona a la percepción del país.

Sin entrar a argumentar en favor o en contra de ninguna de las dos tesis de manejo de los asuntos colombianos, es importante manifestar que todo el que entrega su primerísimo cargo a un sucesor elegido libremente debe tener la capacidad de permitir que el gesto de confianza otorgado al nuevo gobernante impere sin interferencias. Pero es igualmente imperativo que el nuevo administrador de la nación sea capaz de gestar un ambiente en el que los pases de factura política no encuentren terreno fértil y no se genere un espacio proclive a lo artero, al destrozo de la dignidad y al socavamiento del prestigio del predecesor.

Ambos presidentes han fallado en estas trascendentales tareas y lo hacen de cara a un país convulso aún, que reclama cordura y sosiego en el manejo de los importantes asuntos públicos.

El asunto no es un tema sólo de personalidades: Uribe, el pendenciero agresivo; y Santos, el pacifista componedor. Hay mucho más que eso en este juego político deplorable. El periódico El Colombiano recientemente citó a Juan Manuel Santos en su generoso discurso de posesión: “Las próximas generaciones de colombianos mirarán hacia atrás y descubrirán, con admiración, que fue el liderazgo del presidente Uribe, un colombiano genial e irrepetible, el que sentó las bases del país próspero y en paz que vivirán”.

Toca a ambos examinar sus actitudes y deponer este bochornoso duelo de titanes.

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