opinión


El Nacional / ND

Fe de vida

7 Marzo, 2012

La aparición del Presidente el domingo pasado, en un programa grabado desde La Habana, convertida inconstitucionalmente en sede del poder central, no fue otra cosa que una “fe de vida” para desactivar rumores sobre la gravedad que lo incapacita para asumir la campaña electoral. Como está privado de la salud, tenía que dar, periódico en mano ­Granma­, una muestra de que está vivo y en “franca recuperación”, tal como lo hace la narcoguerrilla de las FARC cuando cobra rescate por sus secuestrados.

opinan los foristas

En Venezuela, la rumorología es casi una ciencia exacta, el mismo presidente Chávez se vio en la imperiosa necesidad de confirmar, sin lujo de detalles, las informaciones precisas publicadas por el colega Nelson Bocaranda, suministradas por fuentes de excepción, algunas de ellas enquistadas en el entorno mismo de los hermanos Castro ­el G2 ya ha girado instrucciones para que sus agentes en Venezuela con el apoyo de los narcogenerales bolivarianos, ejecuten un sórdido plan de desprestigio contra el periodista, para pasarle factura y que sirva de escarmiento para el gremio­; las noticias sobre el tipo de cáncer que sufre el Presidente y los tratamientos prescritos también se han filtrado y han sido transmitidos por un periodista brasileño, cercano a uno de los oncólogos del hospital Sirio Libanés de Sao Paulo que integra el grupo médico que trata el cáncer de Chávez en Cuba.

La “fe de vida” desde La Habana no disminuyó la legítima preocupación que sienten los venezolanos por la salud del mandatario y sus efectos sobre la elección presidencial del 7 de octubre. El cáncer del Presidente es un verdadero agente desestabilizador, porque activa una serie de estrategias que se vienen afinando en el seno de la FAN (ver Artillería de Oficio del 29-02-12), entre ellas, la postergación de las elecciones y la promoción de escenarios violentos que justifiquen una suspensión de garantías para permanecer en el poder.

Los hechos escenificados en Cotiza contra el candidato presidencial de la oposición, donde resultó herido de bala un hijo del diputado Ismael García, son una demostración de que los llamados círculos del terror, debidamente fotografiados e identificados, se activan convenientemente siguiendo un plan trazado perversamente desde La Habana. Según Diosdado Cabello, secretario general del PSUV, los rojos “hacían su trabajo” y fueron los agentes de Polimiranda, que brindaban seguridad al candidato presidencial, los provocadores que irrumpieron en “territorios chavistas”.

El miedo a perder las elecciones y el desespero por disputarse la sucesión está llevando a los “alacranes”, carentes del carisma del comandante-presidente, a cobrarlo a partir de ahora. Entre seguidores de la revolución bolivariana se cree que las amenazas y la confrontación vuelven carismático a cualquier soldado raso o alguno que ostente un rango básico en el escalafón de la Fuerza Armada Bolivariana.

El sucesor o la sucesora Chávez se muestra como un hombre inmerso en un proceso irreversible, que superó la etapa de negación y ha asumido la enfermedad. Su única batalla es prolongar la vida invocando a Dios y las fuerzas cósmicas. Los Castro lo auxilian para que afronte el futuro de la revolución sin negar su realidad.

Convencido de la urgencia de designar al sucesor, anunciará la realización de primarias en el PSUV. Jaua, Maduro, Cabello verán frustradas sus aspiraciones y tendrán que dar paso a las precandidaturas del hermano mayor y mentor, Adán Chávez, o de su heredera política, Rosa Virginia, cuyo consorte, Jorge Arreaza, se ubicó estratégicamente a la derecha de su suegro durante la alocución presidencial. Todo queda en familia.

msalazar@cantv.net

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