end header begin content

opinión

De Blancanieves y culos latinos

31 marzo, 2012

Intruso en la intimidad

Dadas mi inclinación por un género temático que el autor cultiva y la excelencia de su escritura, me siento animado a celebrar el último premio Alfaguara, conferido a Pedro Mairal (n. 1970, Buenos Aires).

opinan los foristas

Lo pornoerótico en la obra de Mairal demuestra un principio de la estética: que en la creación artística lo importante no es el tema, ni el material sustantivo usado para exponerlo, sino el tratamiento impartido a esas cosas; tema y lenguaje ─el único material disponible para un escritor─ son constantes, por así decirlo, en la ecuación de la creación: están a disposición de todos; la variable independiente que al actuar sobre estas produce el efecto deslumbrante del fenómeno estético es el talento, cuya participación determina el tratamiento.

Execrar la obra pornoerótica por la única razón de serlo, es un juicio de fundamento moral, no estético; del género, hay desde textos que son basura mal encuadernada hasta proposiciones magistrales; refiero, tratándose de la última categoría, a las cartas de Joyce a su mujer.

Creo imposible encontrar un sólo libro de literatura ficcional en el cual no aparezca al menos un matiz de erotismo; no se escapan de rendirle tributo ni esas escrituras con la apariencia de ser sexualmente inocuas, los devocionarios y cuentos de hadas.

Véase el siguiente ejemplo: “Vienes a mí… y te introduces en mi cuerpo. Los ojos de mi alma te contemplan… ya sonriente, ya con sangre, pero siempre humilde, paciente, lindo, encantador y divino. ¿Por qué no arden mis entrañas hoy al recibirte? ¿Por qué no me enfervorizo y se derrite mi alma dentro de ti? Aquí te siento palpitar dentro de mí, y no muero”… Y ese mismo tenor sigue; pero no se trata de un párrafo extrapolado de una novela pornográfica; sale de un librito hacia principios del siglo veinte recomendado por las monjas a sus educandas, de un género de literatura religiosa conocido como preparaciones, destinado a condicionar el espíritu para la experiencia mística; en efecto, el amante tan apasionadamente reclamado no otro que Jesús el Crucificado.

¡Y los cuentos de hadas! Es oportuno destacar uno de los clásicos, Blancanieves, por cuanto se anuncian nada menos que tres nuevas versiones fílmicas a estrenarse en el curso de este año.

En la lectura transtextual de ese antiquísimo relato de la tradición oral centroeuropea, hallamos componentes de narcisismo, sadomasoquismo canibalístico, competencia sexual entre la protagonista y su madrastra, sumisión erótica a esta última del padre ambivalente y débil, anhelo intenso de ser desflorada manifestado por Blancanieves en el acto de acostarse en las camas de los enanos, y ─aunque quizá se trate de una exageración psicoanalítica─, hasta un coito reiterado simbólico entre la niña y los siete enanos, representado por la cotidiana penetración de estos en la tierra debida a su oficio de mineros; lo que aporta un elemento ninfofílico al cuento.

Volviendo a Mairal, a continuación una muestra de su escritura en la vertiente pornoerótica, de su ensayo El culo de la arquitecta.

“Me salen versos cuando hablo de culos. Quizá porque en los culos hay algo más antiguo y atávico que en las tetas, que en realidad son una intelectualización. Las tetas son renacentistas, pero el culo es primitivo, neaderthaliano. Con su poder de atracción inequívoca, su convergencia invitadora, es un hit prehistórico.

Despierta nuestro costado más bestial: el del acoplamiento en cuatro patas. Las tetas son un invento más reciente, son prosaicas. El culo, en cambio, es lírico, musical, candencioso, indiscernible del meneo de caderas, del ritmo, la batida de la bossa que retrata a la garota que se aleja en Ipanema. Porque el culo siempre se aleja, siempre se va yendo, invitando a que lo sigan. Se mueve en dirección contraria de las tetas, que siempre vienen y por eso suelen ser alarmantes, amenazadoras, casi bélicas (me acuerdo de las tetas de Afrodita, la novia de Mazinger Z, que se disparaban como dos misiles).

Las tetas confrontan, el culo huye, es elegía de sí mismo, se va yendo como la vida misma y deja tristes a los hombres pensando qué cosa más linda, más llena de gracia aquella morena que viene y que pasa con dulce balance camino del mar. Las argentinas tienen orto, las colombianas jopo, las brasileras bunda, las mexicanas bote, las peruanas tarro, las cubanas nevera o fambeco, las chilenas tienen poto. O mejor dicho, las chilenas no tienen poto, según mis amigos transandinos que se quejan de esa falta y quedan asombrados cuando viajan por Latinoamérica.

Yo mismo casi me encadeno a la muralla del Baluarte de San Francisco, en el último Festival de Cartagena de Indias, para no tener que volver y poder seguir admirando el desfile incesante de cartageneras o barranquilleras cuyos culos altaneros merecían no este breve artículo sino un tratado enciclopédico o un poemario como el Canto General.”

Esta notable muestra de pornohumorismo culturizado admite una sola objeción: la omisión de las venezolanas; Mairal seguramente no ha venido por aquí ni se interesa por los certámenes de belleza internacionales. Es discutible su apreciación de las argentinas, y de sobra correcta la de las cubanas, colombianas y brasileras; pero destaca a las peruanas y mexicanas, que mejor podrían encuadrar en su comentario sobre las chilenas; en efecto, lo cierto es que si bien en esos hermanos países hay mucha mujer bonita, la mayoría de ellas “no tienen poto” y parecieran tener las caderas pegadas a la cintura escapular, que no en la pélvica; tanto es así, que los productores de su TV andan desesperados por esas calles provistos de un lazo, buscando mujeres bien hechas, y cazan a las que encuentran y las convierten en estrellas de telenovelas.



Etiquetas:

Canal Noticiero Digital

Twitter Auto Publish Powered By : XYZScripts.com