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opinión

Se viene el cambio

15 febrero, 2012

Venezuela vivió el pasado domingo 12 de Febrero una jornada histórica; en primer lugar porque la dirigencia opositora logró consolidar (no sin antes transitar un largo y tortuoso camino) la aspiración del gran sector democrático venezolano, la ansiada Unidad política que represente una alternativa distinta a la pesadilla de la “revolución” chavista y, en segundo lugar, porque demostramos que para los civilistas, es efectiva nuestra única arma para lograr los cambios que anhelamos, el voto.

opinan los foristas

Sin embargo, hay otras lecturas que de manera muy tempranera podemos extraer del proceso electoral realizado por la Mesa de la Unidad Democrática. La masiva respuesta ciudadana, que logró movilizar a más de tres millones de personas es sinónimo de una esperanza de cambio que se vislumbra para el 07 de Octubre, pues no son solamente los tres millones citados quienes nos permiten afirmar lo que decimos, sino los otros millones que quisieron participar pero no lo hicieron (por ahora) ante el temor de quedar marcados por el régimen como “contrarrevolucionarios apátridas”, pudiendo con esto perder su empleo o alguno de los programas sociales en los cuales es beneficiario, pero sin duda alguna está ya decidido a ejercer su derecho al voto en las elecciones presidenciales, buscando el necesario cambio que reclama Venezuela para salir de esta pesadilla.

También apreciamos que el país decidió que era necesario un cambio formal, generacional y de estilo en la dirigencia política venezolana. Esta es una lectura necesaria para los partidos políticos venezolanos (tanto de oposición como del gobierno); vemos que si bien los ciudadanos ya están cansados de Chávez y sus eternas promesas incumplidas, tampoco quieren regresar a los viejos esquemas que el sistema de partidos había implantado en el país desde los tiempos del Pacto de Punto Fijo.

Si bien “Punto Fijo” tiene a su favor el haber diseñado y construido por primera vez en Venezuela una república civil y democrática, también no es menos cierto que los partidos que hicieron esto posible no entendieron que debían evolucionar con la sociedad para poder continuar generando las respuestas que ésta reclamaba. La ceguera que los invadió les divorció de la realidad y terminaron convirtiéndose en unas “maquinarias” electoreras y pragmatizadas, que hasta sus principios y doctrinas olvidaron.

El mensaje del domingo pasado fue claro y contundente, si COPEI y AD no cambian, la ciudadanía los colocará en el viejo baúl de los recuerdos. El gran daño a la candidatura de Pablo Pérez fue precisamente el “adequizar” su campaña al extremo. Otro grave problema surgido fue el hacer del proceso del domingo 12 de Febrero un proceso partidista; lo que se inició como un llamado a la expresión ciudadana, fue tergiversado malintencionadamente por algunos sectores de AD como un medio para impulsar el renacimiento de las cúpulas y maquinarias del partido (error a el cual se sumaría la anterior y terriblemente incapaz dirección de COPEI).

Desde hace varios meses he venido denunciando y reclamando eso a través de esta misma columna, y el tiempo me ha dado la razón. He señalado que la nueva visión de los partidos políticos debe estar orientada a su apertura hacia la sociedad civil, como medio de expresión y participación directa de las comunidades; el viejo modelo duvergeriano de “partidos de masa” está caduco, los partidos políticos hoy deben municipalizarse, atender directamente los reclamos de la sociedad desde el núcleo básico de la misma, las comunidades, permitiendo que éstas participen directamente tras una política de puertas abiertas para canalizar la participación de los ciudadanos en las tomas de decisiones.

Quedó demostrado que ya es parte del pasado aquel sistema rígido de disciplinas partidistas, yo mismo soy un claro ejemplo de ello. Fue claro y público mi apoyo a la candidatura de Henrique Capriles Radonsky, aún cuando mi partido (COPEI) había decidido sumarse a la opción del gobernador zuliano; pero mi acto de rebeldía (como el de la mayoría de la militancia copeyana del país) se debió al hecho de que aquella fue una decisión inconsulta de la anterior dirección del partido, la cual violó lo establecido en los estatutos del mismo que obligan a realizar una consulta de base para designar candidatos a cargos de elección popular, y por el contrario recurrieron a las viejas prácticas de decidir un grupo entre cuatro paredes a espaldas de la gran mayoría.

En más de una ocasión lo expresé en estas líneas, en las redes sociales y por cartas enviadas vía correo electrónico; las primarias del 12 de Febrero eran un proceso en el cual no debían existir querellas partidistas, se trataba simplemente de una elección en la cual se presentarían unos nombres y donde cada ciudadano votaría por aquel con el cual más se identificara, así lo entendí yo, y así lo hice, como la gran mayoría que se expresó en las urnas de votación. Como socialcristiano me sentí plenamente identificado con la opción centro-humanista y el discurso moderado de Henrique Capriles, porque son principios comunes bajo los cuales me he formado políticamente en una militancia de veintitantos años en la democracia cristiana venezolana.

Esto debe ser tomado en cuenta por COPEI y AD; “Punto Fijo” ya cumplió su ciclo, en lo personal considero que con más aciertos que errores, pero estos últimos fueron muy graves. Ambos partidos deben replantearse, y para hacerlo necesariamente necesitan un giro de timón y un cambio de tripulantes, les urge renovarse y con ello no digo que las figuras históricas desaparezcan, pero si que dejen a las nuevas generaciones trabajar con un proyecto a futuro y mantenerse como consejeros, porque Venezuela cambió y algunos de estos personajes aún no lo han entendido.

En lo particular continuaré alzando mi voz y procurando materializar desde mi ámbito los cambios necesarios; son enormes los retos que nos depara la realidad política venezolana, es inmensa la responsabilidad que recae ahora sobre mi amigo Luis Ignacio Planas, pues COPEI o cambia, o desaparece, y ese cambio pasa por replantearse el partido como proyecto, por un concienzudo trabajo que tal y como conversaba casualmente con un amigo mientras escribía estas líneas, solo tiene dos caminos, replantearnos como Democracia Cristiana (con todo y la carga ideológica que ello conlleva) o como en España, seguir el rumbo del Partido Popular como un partido ubicado en el centro-humanismo, pero con algunos rasgos que le identifiquen con el socialcristianismo.

Ahora bien, todo esto no debe alejarnos de nuestra principal tarea, la reinstitucionalización democrática venezolana. Ya tenemos candidato presidencial, un hombre joven, sencillo y con un discurso moderado, inclusivo y esperanzador. Debo felicitar sinceramente a Pablo Pérez, María Corina Machado, Diego Arria y Pablo Medina, porque hicieron un gran trabajo y como demócratas comprobados acataron gallardamente la expresión de los ciudadanos, sumándose de inmediato a la tarea que ahora nos corresponde, llevar a Henrique Capriles Radonsky a la presidencia de la república.

Así mismo extiendo mis felicitaciones a la Mesa de la Unidad Democrática, y en especial a Ramón Guillermo Aveledo, gran artífice de todo este proyecto unitario y quien desinteresadamente y sin aspiraciones personales alguna, asumió el reto de coordinar un trabajo tan difícil como lo ha sido el lograr un acuerdo unitario en medio de una diversidad infinita de ideas y visiones.

No me queda más que por último llamar a todos los venezolanos a sumarse a este esfuerzo, a trabajar por un país distinto, inclusivo, plural, democrático, porque tal y como dice Henrique Capriles nuestro partido ahora es uno solo, Venezuela. Algo bueno esta pasando, subamos todos al autobús del progreso donde cabemos todos porque ¡Se Viene el Cambio!.

 

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