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opinión


El Nacional / ND

La inmoral amenaza

21 febrero, 2012

La desesperación ante la incapacidad en el manejo del hecho económico ha llevado a los agentes gubernamentales a amenazar a las empresas manufactureras venezolanas con importar de China todo lo que se produce en el país, si las industrias no rebajan los precios de sus artículos hasta niveles considerados convenientes para el ejercicio populista de esta parodia de revolución.

opinan los foristas

Aparte del absurdo económico que representa tratar de impedir el libre juego del mercado y de la equivocación mayúscula que es imponer precios de venta al consumidor en atención a consideraciones sociales, la amenaza de destruir a la industria nacional y de ahuyentar las inversiones por la vía de sustituir las producciones nacionales por importadas carece de toda sindéresis.

Pero blandir el arma de la amenaza manufacturera china es la peor de todas las aberraciones. El mundo entero, y particularmente las naciones menos desarrolladas que son las que más esfuerzos realizan por mantener sus economías a flote, afrontan en el momento actual la necesidad de establecer derechos aduaneros compensatorios a las importaciones chinas, precisamente porque los precios de dumping que practican los asiáticos son capaces de llevar a la quiebra a las frágiles industrias que con enormes dificultades batallan por permanecer vivas en un mundo que se protege de la crisis constriñendo el consumo.

La competencia desleal practicada desde China con el visto bueno de Pekín se ha vuelto un tema socorrido en la Organización Mundial del Comercio por las distorsiones que genera en los intercambios globales. No hay que ir muy lejos para constatar que hoy sólo quedan cenizas de lo que fue hasta los años ochenta la floreciente industria del calzado venezolano, hundida bajo el peso de la invasión de producto chino subsidiado por tales prácticas.

Pero, además, es un hecho también conocido y cuestionado ampliamente que es gracias a la explotación del individuo a través de salarios míseros y de condiciones de trabajo inhumanas que el país oriental es capaz de inundar el mundo con manufacturas baratas. No son pocas las protestas sociales que afloran a diario en la propia China en legítima rebeldía por tales prácticas esclavistas.

Es igualmente evidente que la asignación de un valor arbitrario al yuan, por parte de sus autoridades monetarias, contribuye decididamente a que el coloso chino se haya fraguado en los últimos años una enorme ventaja competitiva con la que se ha hecho líder en los mercados internacionales.

De allí que no sea sólo inconveniente pretender doblegar el esfuerzo industrial venezolano y penalizar a las empresas extranjeras que producen bienes en suelo criollo con la amenaza de recurrir a los productos chinos para surtir al país de artículos de bajo costo.

Tal amenaza, además de jugar en contra de los intereses nacionales, es absolutamente inmoral.

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