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4 de febrero

9 Febrero, 2012

Se cumplieron veinte años de la asonada militar que ha cambiado la historia política de Venezuela, por ahora.

Aquella madrugada quien esto escribe no estaba en Venezuela porque se encontraba en el exterior culminado sus estudios de postgrado en economía, pero fue claro desde el comienzo la naturaleza del acontecimiento. Un grupo de oficiales, comandando a soldados ingenuos, que no sabían a donde se dirigían, se insurreccionaron contra un gobierno desgastando y muy corrompido pero electo democráticamente por los venezolanos hacía cuatro años.

opinan los foristas

El mismo pueblo que eligió a Carlos Andrés Pérez después, frustrado, lo abandonó. Fue aquella madrugada una típica de la figura del pronunciamiento militar de corte español que años más tarde se haría del poder.

Menos mal que no triunfaron aquel día, porque de haberlo hecho, según documentos conocidos luego, hubieran practicado aquello del comité de salud pública de Robespierre durante la época del terror en la Revolución Francesa y tal vez muchos generales que hoy apoyan a Chávez y que aquel día lo enfrentaron, siendo tenientes o capitanes, tal vez hubiesen sido sometidos a juicios sumarios y no la estarían contando.

Ciertamente, la historia cambió, pero todavía es muy temprano para ver las consecuencias de aquel hecho, porque es mi opinión que haber restaurado en Venezuela la figura del golpe de Estado, puede introducir un elemento nocivo en la Fuerza Armada, porque si un grupo de oficiales valora que un gobierno se le ha volteado al pueblo o perdido respaldo popular, no habría que esperar a que el pueblo decida con su voto sino que estaría justificado una insurgencia militar.

Entiendo que por esa razón, lógica por demás, José Vicente Rangel, Isaías Rodríguez, entre otros, salieron rápidamente a condenar el intento de golpe, por no hablar de Fidel Castro quien de inmediato, desconcertado por el hecho, envió una carta respaldando a Carlos Andrés Pérez.

Como en la historia no hay leyes infalibles, no se sabe todavía cuales son los efectos duraderos del 4 de febrero. Hoy aparentemente todo es respaldo al presidente Chávez, electo dos veces por el pueblo. Lo mejor que puede pasar es que aprendamos la lección del 4 de febrero de 1992 y también la del 13 de febrero de 2002, cuando un grupo de militares, apelando al mismo razonamiento de Chávez, se alzó contra un gobierno democrático. Hoy más que nunca tiene vigencia lo dicho por el peruano González Prada, quien afirmó que necesitamos Estados en América donde la presidencia de la República no sea el último grado de la carrera militar.

 

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