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política
Miguel Salazar: A Los Runrunes y a La Hojilla los mueve el mismo desprecio
27 Enero, 2012
ND.- El editor Miguel Salazar afirma en su columna de este viernes en Las Verdades de Miguel que es un “error político profundizar la división de clases”, a propósito de los mensajes que surgieron en las redes sociales luego de la muerte del procurador Carlos Escarrá.
Salazar apunttanto a ambos bandos: “El país se ha ido acostumbrando a la justicia de la muerte lenta y a pellizcos. Ahora mismo, cuando los enemigos del Gobierno celebran la muerte de Escarrá, unos abiertamente y otros de manera solapada, no podemos tirar la primera piedra y olvidar que en el canal oficial se hizo una mención casi sádica de la muerte de un hijo de Leopoldo Castillo. Como tampoco podemos avalar (haciendo memoria) la posición expresada por el propio Carlos acerca del asesinato del secretario de la CEV”.
Asegura además que “suena embustero la advertencia de los noticieros de la Web acerca de que no se permitirán ofensas y vulgaridades”.
Salazar aprovecha para reinvindicar a la diputada María León de la acusación que le hizo Nelson Bocaranda en su página Runrun.es “de haber sido delatora en la antigua Digepol” luego que la diputada pidiera una sanción para la también diputada María Corina Machado por su intervención durante la presentación de la Memoria y Cuenta 2011. Al respecto dice que “quiero que esta página sirva de desagravio no sólo a esa mujer valiente que es María León, sino a todos aquellos que son aplastados por los “runrunes” y cercenados con las “hojillas”.
A continuación la columna completa:
Odios ancestrales. A propósito de la desaparición de Carlos Escarrá y los deseos expresados a través de unas redes que más que sociales sirven como guaridas donde se escudan los sentimientos más hipócritas y desleales.
Estoy convencido de que no hay un autor reciente del odio de clases, se trata de una conducta recurrente en el venezolano desde tiempos inmemoriales.
Ciertamente, ahora se ha destapado la olla, sobre todo con el agravante de los golpes de pecho y el falso criterio cristiano resumido en el dicho: A Dios rogando y con el mazo dando. “Basta de mentes hipócritas”, comienza una letra de Alí Primera.
Bajo el pretexto de la lucha de clases se justifica el saqueo y el latrocinio del 27F. Para los vencedores de hoy, el 4F es una gesta y el 11A un golpe de Estado; como ayer para los adecos victoriosos el 18 de octubre de 1945 fue una revolución y el 4F una infamia golpista. ¿El color del cristal? Hoy creo que es un error político profundizar la división de clases. No es sano pretender de lado y lado que una mitad de la población es basura y la otra la salvadora de la patria. Como no tiene sentido dividir a la población en afrodescendientes unos y no sé qué carrizo los otros.
Entretanto, el país se ha ido acostumbrando a la justicia de la muerte lenta y a pellizcos. Ahora mismo, cuando los enemigos del Gobierno celebran la muerte de Escarrá, unos abiertamente y otros de manera solapada, no podemos tirar la primera piedra y olvidar que en el canal oficial se hizo una mención casi sádica de la muerte de un hijo de Leopoldo Castillo. Como tampoco podemos avalar (haciendo memoria) la posición expresada por el propio Carlos acerca del asesinato del secretario de la CEV.
En nombre de la libertad de expresión, aceptada por tirios y troyanos, nuestro país es escenario de un escabroso relajo que permite, entre otras cosas, el linchamiento de un delincuente como si se tratara de una función del cine vespertino; o la mentada de madre saliendo de la boca de un dirigente político recordándole la progenitora al jefe del Estado; o justificar el asesinato de un religioso por su condición homosexual; o pretender jurídicamente que la acepción hijo de p.uta no constituye un insulto cuando en verdad se trata de un trabalenguas que oculta la ofensa y por ende el desprecio para argumentar una comparación.
En el caso de las ofensas, los medios de comunicación al servicio del Gobierno revolucionario no han actuado en consecuencia sino que adoptan la conducta del enemigo reforzándola a la ene potencia. Mientras, suena embustero la advertencia de los noticieros de la Web acerca de que no se permitirán ofensas y vulgaridades; como tiene un carácter tramoyista la frase según la cual jamás nos hemos metido con la memoria de un rival fallecido. En la Venezuela de hoy, el odio de clases del que hablaba Marx no es tal sino un canto a la impunidad.
Vamos de farsa en farsa; por ejemplo, cambiar el calificativo de preso por el de privado de libertad es una impostura, porque para nada va a dignificar la condición de quien por cometer un delito es reducido a prisión. Esas y tantas otras son respuestas que encubren una sórdido disimulo en un juego de palabras. El estalinismo llegó sin anunciarse; tenemos el caso de que por haber solicitado sanciones (con razón o sin ella) contra María Corina Machado, hoy la diputada María León es señalada por Nelson Bocaranda de haber sido delatora en la antigua Digepol. ¡Qué terrible ofensa! “Al ladrón, al ladrón”, grita el carterista señalando al inocente para escabullirse entre la multitud con el producto de su delito; igual actúa quien no tiene pudor para rotular a una persona por el simple hecho de no estar en concordancia con su posición.
Quiero que esta página sirva de desagravio no sólo a esa mujer valiente que es María León, sino a todos aquellos que son aplastados por los “runrunes” y cercenados con las “hojillas”. No hay diferencias entre quien actúa como esbirro en una cámara para la tortura y quien usa un medio de comunicación para pisotear a los contrarios; a ambos los mueve el mismo desprecio. Ahora, urge ponerle el cascabel al gato porque los demonios han terminado de soltarse de las amarras que les impedían cometer los desafueros. Esas ataduras las constituían el apego (aunque débil) a los principios y a la ética.
Todo hecho racional ha sido sepultado. No hay distingo de ninguna clase a la hora de la descalificación. Hoy vilipendian la memoria de Carlos Escarrá bajo el pretexto falaz de que se le aplica de su propia medicina, como igual lo hicieron tras la muerte de Luis Tascón; mañana no tardará en ser envilecido otro, pero del bando contrario. Todos sabemos cómo empezó esta retahíla de ultrajes e improperios, pero no podemos vaticinar cómo terminará.









