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opinión

Navidad sin Navidad

17 diciembre, 2011

No resulta peregrino para nadie, que Venezuela se haya convertido en un campo de batallas. Los venezolanos a diario nos batimos entre la inseguridad, secuestros y violaciones a la propiedad privada. A plomo limpio se dirimen las discusiones bizantinas, los atracos proliferan casi como una actividad licita y semanalmente suben los ingresos de muertos a las morgues. No hay tiempo para el solaz solo para la supervivencia; las tradiciones, fiestas populares y religiosas se encargó la “revolución” de borrarlas. Actualmente nos encontramos en navidad sin poder disfrutarlas como antes, será una navidad sin navidad, que al final terminará en una gran tragicomedia el 24 y 31. La gente desesperada tratando de drenar sus desalientos, lanzan muchos cohetes y la ingesta alcohólica se hace presente como en la canción de José Alfredo Jiménez aclamando “que la vida no vale nada”.

opinan los foristas

Empero, hay quienes todavía deseamos la paz navideña y lo que nos enseñaron de ella, y nos tropezamos con las diarias dificultades que reflejan la escasez de alimentos y su alto costo. Los ingredientes para las hallacas subieron Bs. 150 en un mes. Vemos como el gobierno gasta y gasta sin que en nada mejore la calidad de vida, incurriendo en un abultado endeudamiento y reduciendo la inversión pública. El desastre de este año es total, unido a las lluvias va borrando parte de nuestra orografía e infraestructura.

Todo se cae porque no tuvo su mantenimiento oportuno, si nos asomamos al río Guaire donde drenan todos desechos de la ciudad capital, nos damos cuenta que nada le han hecho por mejorar su drenaje desde que Pérez Jiménez lo acanaló y la democracia lo preservó. Es como si se tratará de un torrente de agua que jamás fue encauzado y por ello, cada vez que llueve nos pone en vilo su posible desbordamiento. Las carreteras son guillotinas mortales para sus usuarios, se derrumban o hunden, y no tienen vigilancia. Y quienes están en las zonas de alto riesgo ven como el régimen los abandonó desde hace tiempo. A veces, se recuerdan de ellos en tiempos de catástrofes para tratar sacarle provecho político a la desgracia, prestándole alguna atención a los damnificados. Esta es la Venezuela que perdió su identidad y norte en manos de unos desalmados, que no permiten ni siquiera pasar en paz las navidades. Las cuitas del Comandante son una altercación a la tranquilidad, su enfermedad se ha convertido en una imprecación para todos. Si mejora su salud, inmediatamente surgen las cadenas abrasivas y ataques donde el expositor quiere hacernos creer que su presencia es omnisciente y necesaria, porque de lo contrario Venezuela ardería. Si su salud se deteriora mas, sus seguidores se ponen belicosos e insociables, maldicen de Dios y, entran en un trance incierto y desesperado que también atenta contra el sosiego ciudadano. Decía Shakespeare, no hay recuerdo que el tiempo no borre ni dolor que la muerte no abata. Y así sucede invariablemente, no es menester de los mortales darle la vida ni quitársela a nadie, es cuestión de quien está allá arriba, cumpliendo finalmente esta disposición la muerte redentora de todas las miserias terrenales, encargándose de recoger a cuanto impío pagano le llegue su día.

Los venezolanos queremos amistad como antes la tuvimos, anhelamos la convivencia, el retorno a la democracia que nos permita disfrutar de las navidades en familia. No aupamos que los enfermos se mueran; cuando eso ocurre se trata de una providencia especial, sin que autorice a nadie en descargar sus hieles ante tal infortunio. No tenemos la culpa de lo ocurre en estos momentos, solamente clamamos por paz en estas navidades.



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