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opinión


El Nacional / ND

una catedral precaria

13 diciembre, 2011

Desde esta semana Europa no es la misma. La pérdida de la solidaridad británica deja coja la unión de una pata: Gran Bretaña ha preferido mirar para otro lado. También se ha puesto de bulto que el consenso del grupo sobre su rumbo ha sido sustituido por un régimen en el cual el futuro lo determinan dos: Francia y Alemania. Fue en París y Berlín donde se dictó la pauta que adoptaría el equipo de 26 ( 27-1) y es allí donde se ejercerá la vigilancia sobre los compromisos aún endebles y con algunas necesidades de aprobaciones internas.

opinan los foristas

También Europa es otra porque la indisolubilidad de la unión ahora es materia de debate diario en cada uno de los socios del club: hasta que el nuevo instrumento que regirá a la unión haya sido rubricado, cada uno de los gobiernos ­y algunos de ellos con procesos electorales cercanos­ tendrá que negociar, cabildear en su interior, dar explicaciones y hasta pagar altos costos políticos para justificar el relanzamiento del proyecto común en un ambiente de recortes de gastos y de camisas de fuerza para futuros endeudamientos.

Europa es otra porque la moneda común ha conseguido generar más solidaridades de las que se habría esperado. En una unión en la que sólo 17 de los 27 habían abrazado la moneda única es llamativo que quienes se enfrentaron con la actitud irreductible de David Cameron no fueron sólo los componentes de la órbita del euro y que en los nuevos acuerdos sólo se quedó por fuera Londres.

En esta nueva “Europa minus One”, el propósito de la austeridad y del equilibrio presupuestario debe ser mucho más comprometedor que en el pasado, ahora que desde Bruselas se les obliga a los miembros a consagrarlo en sus constituciones o legislaciones equivalentes. Para ello Europa tendrá que adecuarse en lo institucional, porque se requerirá adaptar sus instancias a las nuevas decisiones políticas y deberá diseñarse, antes de marzo, un nuevo marco jurídico que no sólo le dé certidumbre a los acuerdos, sino que le otorgue credibilidad al nuevo pacto de estabilidad.

La automarginación de los ingleses le agrega, por cierto, complicación a esta colosal tarea. Todo ello configura una nueva cara para Europa, pero los riesgos recesivos sólo serán conjurados una vez que la terapia encaminada a corregir los desequilibrios se ponga en marcha y con pie firme. Hay prisa porque en lo inmediato hay aún escollos de gran tamaño por superar: la falta de liquidez y las obligaciones de los más endeudados deben recibir atención sin tardanza.

El andamiaje de esta nueva “catedral”, como la bautizó Merkel, es aún precario. La Unión Europea se realinea y se hace menos vulnerable, sin duda. Posiblemente las nuevas medidas sean determinantes para evitar una segunda crisis. Lo que no es seguro es que el pacto ayude a Europa a salir de la que los aqueja hoy.

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