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opinión

La triste actualidad copeyana

10 noviembre, 2011

Hace ya exactamente una semana, el partido COPEI se reunió en Consejo Federal, y anunciaron su apoyo a la precandidatura presidencial del gobernador zuliano Pablo Pérez. Desde entonces he venido manifestando mi descontento con tal decisión, no tanto porque –como ya he manifestado públicamente- yo personalmente me he decantado por la opción que representa Henrique Capriles Radonsky, sino por todos los entuertos que han rodeado tal anuncio. También quiero aclarar desde un principio, que no soy parte del comando de campaña del gobernador de Miranda, aún y cuando no descarto sumarme en los próximos días, al esfuerzo del “Comando Tricolor”, tal y como ya lo vienen haciendo muchos dirigentes y militantes copeyanos a lo largo de toda la geografía nacional.

 

Creo que está demás el recordar, cómo en meses anteriores el actual presidente en funciones del partido socialcristiano se enorgullecía al anunciar a los cuatro vientos, y cada vez que tenía oportunidad de hablar a los medios de comunicación, diciendo que era COPEI el único partido en Venezuela que podía presumir en tener a tres aspirantes a la candidatura presidencial del factor democrático. Ciertamente, César Pérez Vivas, Oswaldo Álvarez Paz y Eduardo Fernández presentaron sus nombres ante la opinión pública nacional, y hablaban de propuestas específicas para un eventual cambio de gobierno en nuestro país.

opinan los foristas

El problema es que ninguno de los tres llegó a contar con un apoyo específico e institucional de la organización política que los anunciaba como aspirantes. Si bien, los sectores medios de la dirigencia partidista, así como la base se volcaron hacia cada uno de los tres, de acuerdo a afinidades, proyectos y viejas lealtades políticas, nunca existió un respaldo real hacia ninguno por parte de la Mesa Directiva Nacional del partido.

Ante tal panorama, el gobernador tachirense (quien estoy convencido que con un claro y decidido apoyo institucional hubiese podido dejar mejor posicionado a COPEI en un panorama preelectoral) decidió declinar temprano su aspiración candidatural; lo propio haría Oswaldo Álvarez Paz, y ya en último lugar Eduardo Fernández, a quien la directiva copeyana le exigiera a última hora que ¡repuntara en las encuestas! para estudiar postularle como abanderado verde en el proceso de primarias. Ahora bien, ¿realmente podía Eduardo Fernández, quien tiene tantos años alejado de la palestra política, remontar alguna encuesta sin el apoyo institucional de su propio partido?, ¿qué cartas estaba jugando en realidad la Mesa Directiva copeyana cuando terminó dándole la espalda a sus tres tan anunciados candidatos?.

Debo aclarar que en lo particular, no tengo nada en contra del gobernador zuliano; si no le apoyo, es sencillamente por una cuestión de afinidad e identificación política, ya que me siento más identificado con la candidatura, estilo y propuesta del gobernador mirandino; pero como fiel creyente y defensor del ideario democrático, y pensando siempre primero en Venezuela, luego del 12 de Febrero le daré mi total respaldo, y trabajaré activamente por el candidato que resulte electo por la gente en su libre ejercicio ciudadano del sufragio, bien se apellide Capriles Radonsky, Pérez, López Mendoza, Machado Parisca, Arria Salicetti o Medina.

Aclarado este punto, retomo lo que venía exponiendo en los párrafos anteriores, y que me llevan a la idea principal del presente escrito; el malestar que siento tras la decisión y anuncio sobre el apoyo copeyano al gobernador del Zulia se debe a que, una semana antes de reunirse el Consejo Federal, el partido Acción Democrática anunciaba que SU candidato sería éste, pero lo más grave y que más me desgarró el alma, fue escuchar a ese siniestro personaje que ejerce la Secretaría General del partido blanco, Henry Ramos Allup, anunciando que en los próximos días el partido COPEI haría lo propio.

Efectivamente, el pasado miércoles 02 de Noviembre así lo anunció Roberto Enríquez a toda Venezuela, lo cual me lleva a confirmar aquello que desde hace varios meses he venido sospechando, que el presidente de COPEI está al servicio de los intereses de la Secretaría General adeca; amigos, nació un nuevo injerto de la guanábana, pero además en esta ocasión nació podrida, pues al mezclarse el verde copeyano y el blanco adeco, se tiñó del azul de Un Nuevo Tiempo.

Yo no soy de los que cae en el estúpido juego de la anti-política, no reniego ni puedo renegar de los partidos políticos, pues esto sería renegar mi propio pasado, con más de veinte años en un partido; pero lo que no puedo tolerar es que haya gente como los individuos que aquí he mencionado, que piensan retornar a las viejas prácticas “cogolléricas” de hace veintitantos años atrás. No se dan cuenta que Venezuela es otra; los casi tres lustros que hemos vivido bajo las nefastas garras del “Chávezato” no les ha dejado ninguna lección, solo pretenden defender parcelas de poder y repartirse la torta electoral sin tomar en cuenta lo que piensa y quiere el ciudadano, al punto que niegan la libre expresión de sus propios militantes y simpatizantes.

En todo sistema democrático los partidos políticos son uno de los pilares fundamentales de la institucionalidad, pero esto no quiere decir que los venezolanos debemos retornar al modelo político partidocrático que se instauró en nuestro país, sobre todo en el período de 1973 a 1998. Hoy los partidos políticos deben afrontar las nuevas realidades que el siglo XXI y el mundo globalizado nos presentan; entender que ya no son aquellas maquinarias poderosas donde la militancia acataba obedientemente cualquier imposición, abrirse a la participación política activa y efectiva de los ciudadanos, convirtiéndose en los canales regulares para esa participación, descentralizando el ejercicio de la política, de manera tal que ésta pueda ser más democrática, directa y activa en el ámbito inmediato de la gente, de su comunidad, de su localidad. Hablo de concientizar al individuo en que es una persona parte de un todo llamado comunidad, y por esto debe visualizarse como persona en función comunitaria con sentido solidario, procurando así el bien común.

Ahora bien, no es posible que un partido como COPEI, que siempre fue una organización con un alto sentido ideológico, doctrinario y programático, se encuentre sumido en un pragmatismo tan vulgar. Esto que anteriormente señalaba, sobre los principios de la democracia participativa y la idea de una sociedad comunitaria en la cual el Estado esté al servicio del hombre, y no a la inversa, son algunos de los puntos fundamentales que sustentan el pensamiento político socialcristiano; plagiado hoy en gran parte por el discurso presidencial, pero del cual, por la absoluta ignorancia y ausencia de conocimiento en la materia, la Mesa Directiva de COPEI no se atreve, ni puede colocar en la arena del debate con el gobierno.

El año pasado, el actual presidente de COPEI asumía las riendas del partido tras un proceso electoral interno del cual aún se discute su legalidad en los tribunales de la República. Antes y durante dicho proceso interno, éste presidente acusaba a la anterior Dirección Nacional, encabezada por Luis Ignacio Planas, de abusos de autoridad, falta de democracia interna, impericia en las alianzas electorales al ceder ante presiones de otras organizaciones, intervenciones a los Comités Regionales, malversación de recursos, etc. ¿Y cuál es el panorama que hemos contemplado en el último año?; ya hemos visto como se destituyó al Secretario General del partido en el estado Sucre; la situación irregular que se presentó en el Comité Regional del estado Nueva Esparta, en la cual se le negó la participación de testigos electorales a la fórmula contraria en el “proceso interno”; la negativa en los primeros meses de gestión para reunir al Comité Nacional, pues se pretendía dirigir al partido desde la oficina de la presidencia, situación que solamente se subsanó por la inmensa presión ejercida por algunos miembros de la Dirección Nacional que dignamente batallan semana tras semana; la precaria distribución de recursos en la campaña para la Asamblea Nacional en las pasadas elecciones parlamentarias, donde los candidatos en las regiones prácticamente no contaron con afiches, mientras el candidato al Parlatino y actual Subsecretario General (remedo de Rasputín, y que el monje ruso me perdone desde el más allá por tan odiosa comparación), innecesariamente (ya que era el quinto de una lista) llenó el país con unos grandes pendones y enormes vallas con su fotografía, en la cual más que un candidato a diputado parecía un merenguero dominicano anunciando su pachangoso concierto; y qué decir del patético papel que juega COPEI en la Mesa de la Unidad, en la cual solo tienen representación el presidente y el diputado merenguero, pero poniéndose exclusivamente al servicio de los intereses de Henry Ramos Allup, al cual se han rendido luego de los oscuros e inconsultos manejos que envolvieron la absurda decisión de COPEI, aquella de apoyar a un candidato distinto al de la opción unitaria, en el proceso electoral que se repitió en el estado Guárico tras el fallecimiento del anterior gobernador.

Esta gestión del Sr. Enríquez deberá darle respuestas a la militancia copeyana sobre el por qué, teniendo tres aspirantes como tanto se dijo, hoy apoyan a uno que no es militante del partido, y que ideológicamente tampoco tiene nada que ver con COPEI. Tiene que responderle al militante copeyano el por qué se les negó el derecho establecido en el Artículo 67 de la Constitución Nacional y en el Artículo 73 de los Estatutos del partido, los cuales establecen y obligan a que los candidatos a cargos de elección popular deben ser electos en un proceso de base, y esto va también, incluso con algunos candidatos que adicionalmente se anuncian por allí para otros cargos, como gobernaciones y alcaldías.

Si hablamos de democracia, primero debemos practicarla nosotros mismos, ya que no es posible que meses atrás (y aquí mismo lo denuncié) se haya ilegítimamente aprobado un “Reglamento Electoral” en el seno del Comité Nacional, exclusivamente para eximir a la militancia del derecho a participar en un proceso de base para elegir a sus candidatos, violentando así lo estipulado en la Constitución y los Estatutos; luego sale Enríquez o su secuaz Enrique Naime, declarando en contra de rectores del CNE, por los cambios que arbitrariamente realizan en cada elección, cuando actúan en modo similar.

Otro punto álgido dentro de este inmenso mar de impericias, lo ha representado la exageradamente publicitada “Concertación Humanista”, idea que si bien me parecía atractiva, en el sentido de lograr reunificar a la familia socialcristiana en un solo eje, y con una sola propuesta, hoy vemos fracasada cuando dos de las organizaciones que la conforman (COPEI y Convergencia) apoyan a un candidato, mientras Proyecto Venezuela hace lo propio con otro. Es que dicha “Concertación” no ha funcionado ni en el ámbito legislativo, motivo principal que impulsara la propuesta, ya que la ausencia total de experticia en el trabajo parlamentario ha divorciado a la dirección del partido de su fracción de diputados, al punto que ahora resulta extraordinario cuando el jefe de la bancada asiste a reunión de Comité Nacional, por lo que no hay una acertada conexión entre el partido y la vocería parlamentaria.

Este modo de actuar solo debilita más a la organización, pues el malestar siempre estará presente ante la falta de una posición clara del partido, tanto a lo interno como ante el escenario de la Unidad Democrática. COPEI se merece un cambio de rumbo, un reencuentro de sus cuadros medios y militancia, una nueva visión que afronte los retos de la nueva Venezuela, que se ponga al servicio de la ciudadanía a través de un proceso de apertura política. Hay que replantear al partido, comenzar de nuevo, y difundir el mensaje ideológico y doctrinario para volver a crear un sentido de pertenencia en la dirigencia y militancia, sin perder el rumbo del objetivo primario, el cual es la recuperación de la democracia y la institucionalidad para todos los venezolanos, sin egoísmos ni hegemonías de ningún tipo.

 

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