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opinión


El Nacional / ND

Ausencia de palabras

15 noviembre, 2011

Un silencio de sepulcro ha sido la tónica con que nuestro Presidente ha recibido dos hechos políticos de enorme impacto para los vecinos colombianos.

opinan los foristas

Dos circunstancias de superlativa trascendencia en las últimas semanas han sido recibidas en tierra neogranadina con un entusiasmo particular, mientras que en esta orilla del Arauca han sido tratadas con evidente pero elocuente desdén.

Una es la inyección de optimismo que invadió al gobierno de Juan Manuel Santos por la materialización de su Tratado de Libre Comercio con Estados Unidos tras su aprobación en el Congreso estadounidense; una fenomenal noticia que fue vitoreada por el jefe del Estado colombiano y celebrado por el país entero.

Vale la pena traer a la memoria que cuando a Álvaro Uribe le tocó anunciar la firma, en mayo de 2006, del ese mismo TLC, Hugo Chávez impetuosamente se retiró de la CAN en un gesto de merecida retaliación. Las palabras del comandante no pudieron ser más erosivas: “Venezuela se retira de la CAN. La Comunidad Andina no tiene sentido. Está muerta.

Le sirve a las élites, a las transnacionales, pero no le sirve a los indios, a los negros, a los blancos o a los pobres”. Otro reciente capítulo, un destacado triunfo militar a favor de la paz colombiana, también fue desdeñado por el jefe de la revolución venezolana, mientras que no sólo Colombia sino el mundo entero se alborozaba con el éxito de la operación Odiseo, que desactivó a Alfonso Cano, cabecilla estratégico de las FARC.

Desde este lado de la frontera ni un sonido de solidaridad le fue dedicado al pueblo colombiano por la desaparición de uno de los más sangrientos cabecillas del movimiento que ha sembrado en el pueblo vecino terror y muerte a lo largo de varias décadas.

También vale recordar que cuando el hoy comandante en jefe de la fuerza militar neogranadina y otrora ministro de la Defensa, Juan Manuel Santos, anunciaba la muerte en combate de Raúl Reyes, otro cabecilla terrorista de las FARC, la ira de Hugo Chávez fue de un calibre tal que ordenó el traslado 10 batallones de las tropas bolivarianas a la frontera colombiana. Sus palabras, también recogidas por la historia, fueron: “Uribe es un criminal, no sólo un mentiroso, un paramilitar y dirige un narcogobierno, lacayo del imperialismo norteamericano.

Es un criminal y dirige una banda de criminales en el Palacio de Nariño”. Si la nuestra fuera una diplomacia bien aceitada habría hurgado en el diccionario de las frases amables y huecas de las que están llenas los discursos protocolares para congraciarse con el legítimo alborozo colombiano. Todo dentro del espíritu de poder seguir celebrando entre presidentes, aunque sea hipócritamente, las virtudes de la solidaridad mutua.

Santos, sabiamente, ha pasado la página. Entre la enfermedad y las elecciones, seguramente el comandante debe tener el plato lleno…

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