opinión


El Nacional / ND

Ingenuos y estafadores

31 Octubre, 2011

Qué desagradable es ser víctima de pillos de cuello blanco. Estos vividores no hacen daño físico, pero sí psíquico. Esa es la parte mala del asunto porque, a veces, los timadores hacen cosas que rayan en la genialidad, y son, por supuesto para los no estafados, muy divertidas.

opinan los foristas

Esta difícil e ingeniosa especialidad delictiva es muy particular y requiere de inteligencia máxima, sangre fría, metodología, estudios sociológicos y psicológicos de las víctimas. En algunos casos, extensa cultura; en otros, impoluta presencia física, simpatía y poder de seducción. La víctima casi siempre cae porque los habilísimos estafadores le abren el cerebro donde está esa cosita que tenemos latente de que en cualquier momento, por re o por fa, nos vamos a hacer millonarios. Incluso, las víctimas casi siempre creen que el estafador es un ingenuo, del que ellos se van a aprovechar.

Claro, también están los miserables que estafan a gente de buen corazón o de poca cultura. Esos son unos vulgares malandros. No estoy hablando de ellos. Los estafados casi nunca denuncian ya que no quieren que los demás se enteren de que fueron unos pendejos a pesar de dárselas de vivos.

I

Recordemos al famoso jeque árabe que se vaciló a media Venezuela en los años 80. Llegó a un lujoso hotel con séquito y harén. Daba propinas de 100 dólares y compró cash, joyas en joyerías de Caracas, para obsequiarlas en la noche a los invitados que asistían a sus fabulosas fiestas y hacer “grandes negocios”. La cosa se puso buena el último día.

El jeque regresó a las joyerías para “comprar” el doble, pero, “lamentablemente”, por un descuido, se le había quedado el efectivo y la chequera ¡Todo el mundo, confiado, le fió!. La mañana siguiente, tempranito, el jeque salió del hotel en su avión privado y… hasta el sol de hoy.

II

En estos días apareció en Inglaterra un falso lord que ya había desfalcado a vivos pendejos, la cantidad de ¡600.000.000 euros! Su nombre, Edward Davenport. Edward compró una mansión de 34.000.000 de euros. Allí invitaba a ilustres ilusos a quienes, no sé cómo, estafaba. Se codeó (por decirlo de una forma decente), con las mujeres más bellas y famosas del mundo. A las fiestas asistían los príncipes Enrique y Guillermo. Lo descubrieron por un incidente increíble: unos bomberos realizaban una inspección de rutina en la mansión y vieron, por casualidad, la foto de un hombre que conocían con el nombre de Mr. Stewart, etiquetada con el nombre de Edward Davenport.

Los bomberos, como eran ingleses, reportaron lo único raro que encontraron en la inspección y así se descubrió todo.

III

Para terminar, una estafa cómica que le hicieron a Laureano Márquez: estábamos en una reunión en un lujoso hotel y un hombre, con dos bolsas de hielo, le llegó derechito a Laureano (debe ser la cara), y lo agarró desprevenido.

- ¡Epa, Laureano…! Ya llegó el hielo, pero lo mandaron en taxi ¿me podrías prestar 300 bolívares para pagar el taxi y el hielo? Yo te los doy ahorita.

Laureano, un poco confundido, creyó que quien traía el hielo estaba relacionado con los anfitriones, así que sacó 3 billetes de a 100 y el estafador le puso una bolsa de hielo a cada lado, diciéndole: – Gracias Laureano… cuídame las bolsitas. No me tardo nada.

Al ratototote… Laureano estaba parado sobre un charquito de agua porque las bolsas de hielo se derritieron. Se dio cuenta de que había sido estafado.

A pocos Laureano ha contado esta vergüenza, pero ya es hora de que se sepa.


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