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opinión

El año negro de Copei

5 octubre, 2011

Siempre he sido un gran crítico de las cúpulas partidistas, sobre todo cuando estas se colocan de espaldas a lo que la gente quiere; lo hablo desde mi propia experiencia personal, de veintitantos años de militancia y activismo en un partido político, hasta que cansado de no encontrar eco, decidí hace unos meses retirarme y trabajar desde un espacio más amplio y sin ataduras de disciplina partidista alguna.

opinan los foristas

Viví la época del todopoderoso COPEI que tenía setenta diputados y un senador por cada estado, que llegó a ganar la mayoría de las gobernaciones del país en el año 1992, que contabilizaba alcaldías no por unidades ni decenas, sino por centenas; así mismo me correspondió vivir la crisis de la antipolítica de la década de 1990 y la desbandada que ocurrió en los primeros años de Hugo Chávez, cuando me miraban feo al identificarme como copeyano.

En todo este tiempo alcé mi voz en protesta por como se venía conduciendo el partido y el sistema político implantado desde 1958; pensé que estos doce años de cada vez mayor autoritarismo nos dejaría una lección y nos haría madurar replanteándonos la política en Venezuela. La cruda realidad es que me di cuenta que en el partido se dice una cosa en público, pero lo que no se dice, lo que no se discute termina legándonos delicadas consecuencias.

A partir del año 2006 surgió un nuevo proyecto a lo interno de COPEI que se mostró sumamente interesante, en primer lugar un cambio generacional que daba un nuevo rostro y una nueva manera a uno de los partidos políticos más tradicionales del país, inmediatamente dejé a un lado actividades particulares para sumarme al esfuerzo de construir ese proyecto, el cual además, lideraba un amigo que es parte de mi misma generación; no sé qué sucedió en el camino pero observé cómo cada día un grupito secuestraba a ese amigo y otros valiosos personajes que estaban en el proyecto, y poco a poco generaban cada vez más molestias entre muchos copeyanos de siempre.

Como fiel creyente de la democracia, sobre todo interna, insistí en múltiples oportunidades que la única manera de encauzar las aguas del río era convocando al proceso electoral interno, que legitimara tanto el proyecto como a las autoridades y que lograse reinstitucionalizar al partido, sin embargo esto no sucedía; ante tal panorama decidí apoyar la convocatoria al proceso electoral que se realizó en mayo de 2010, creyendo que de alguna manera dicho proceso lograría superar el conflicto.

Una vez asumió la nueva directiva, tras el resultado del proceso electoral y los múltiples conflictos judiciales, me encuentro con la incómoda situación que todas las críticas lanzadas y que este grupo argumentaba para justificar la urgencia del proceso, se repetían a manera de libreto teatral y hasta me atrevo a decir que con mayores vicios de ilegitimidad.

Lograr reinstaurar la reunión semanal de la Dirección Nacional del partido costó acaloradas discusiones, pues se pretendía dirigir los designios de la organización desde la presidencia, sin consulta previa al cuerpo colegiado; se toman decisiones que son anunciadas a los medios de comunicación sin haber sido discutidas en Comité Nacional, tal y como nos tomaron por sorpresa el día del aniversario del partido, cuando se anunciaron una serie de propuestas que jamás se colocaron como puntos de agenda del Comité; reunir un Consejo Federal partidista en el mes de febrero de 2011 costó largas y acaloradas discusiones desde octubre del año anterior ante la negativa de la mesa directiva para su convocatoria; quien en reunión de Comité Nacional manifiesta su desacuerdo con algún punto de la agenda, es objeto de la ira inmediata de la presidencia, y las reuniones se transforman en eternas peroratas de seis y siete horas, donde ya al final de la misma ni quórum reglamentario hay, ante el fastidio manifiesto de los presentes que se retiran para cumplir compromisos particulares; la improvisación y falta de visión política es lo que actualmente se impone en la organización.

Ante este panorama, y la gran desidia hasta por mantener en buen estado la sede física del partido, fue que decidí renunciar, tanto a la Vice Presidencia que ejercía como a la militancia, y retirarme a mi propio espacio porque no tolero la miopía que padecen algunos políticos venezolanos, quienes no ven (o no quieren ver) la nueva realidad del escenario político nacional. No se puede ser tan miope como para no reconocer los propios logros internos, pues la Mesa de la Unidad Democrática existe gracias al incalculable esfuerzo hecho por COPEI con la propuesta unitaria de enero de 2008 para los comicios regionales a celebrarse ese año, o incluso la misma constitución de la M.U.D., presentada en la propia sede del partido en Caracas casi un año antes de asumir las actuales autoridades.

En COPEI, actualmente son ignoradas las voces y propuestas de gente que está realmente preocupada por la grave situación en la cual la locura chavista ha sumergido a Venezuela. La actual directiva del partido actúa a espaldas de su propia militancia, procurando resucitar a un “fantasma del pasado” con fines electorales, un fantasma que no le dijo nada al país hace un cuarto de siglo, y que en la Venezuela del mundo globalizado y de las redes sociales del siglo XXI, ya no tiene ningún tipo de vigencia; el venezolano ahora es más crítico, razona el voto, busca participar activamente y que su opinión sea escuchada, sin embargo la directiva del partido COPEI hace caso omiso del clamor de su propia militancia y de la gente en las calles, por el capricho de imponer las ambiciones personales de un viejo dirigente político.

Ante un escenario, donde se están definiendo candidaturas para el proceso de elecciones primarias de febrero, COPEI continúa postergando el anuncio sobre quien será su abanderado, con tres aspirantes, dos de la “vieja guardia” sin oportunidad real alguna, y el actual gobernador del Táchira, quien si bien pudiese ser una opción interesante del sector socialcristiano, he venido sosteniendo que el actual no es su momento, y que su lugar aún está en el estado andino, para consolidar el proyecto democrático en la región y lograr así trascender su liderazgo al resto del país.

Luce muy complicada la situación tal y como la viene llevando la directiva copeyana, con posiciones mezquinas y autoritarias, sin consulta interna. El clímax de la situación lo ha representado la imposición de un reglamento electoral que anula los derechos estatutarios de la militancia a escoger a sus candidatos por la base, pues en la nueva norma se establece que el mismo será designado por los delegados a la Convención Nacional del partido, los cuales son controlados en su gran mayoría por el viejo líder que quiere imponerse, si, ese mismo que tanto criticó a Rafael Caldera por sus continuas aspiraciones candidaturales. También el caso de la insólita destitución del Secretario General en el estado Sucre, como la inminente salida del Secretario Ejecutivo del Comité Nacional, por el solo hecho de estar ambos abiertamente promoviendo la candidatura de mi amigo el Gobernador del Táchira, justificando este hecho con una muy sospechosa grabación de una llamada telefónica que fue presentada en el patético programa de televisión que transmite el canal del Estado.

Gente sin idea alguna de los valores y principios socialcristianos son los que actualmente encabezan esa organización, quienes niegan al propio partido cuando con sus actitudes abjuran de las propias líneas doctrinarias socialcristianas, que toman como bandera la “Democracia Participativa” en una sociedad comunitaria, que vele principalmente por el bien común del hombre en una sociedad más justa; por esto no hay capacidad de respuesta ante la ineficacia del gobierno, porque no se conocen a sí mismo, y rechazan a la gente que doctrinaria y racionalmente argumenta los errores que continuamente se cometen en el partido.

Me da tristeza que una organización como COPEI luzca hoy tan desdibujada en el escenario político venezolano, la presencia del partido en la M.U.D. no es otra cosa que una vulgar caricatura rocambolesca, con un representante nada calificado para una tarea tan grande y delicada como lo es el presentar la propuesta que garantice el futuro de nuestra democracia y libertad; hemos pasado de actuar como un actor de gran importancia, los promotores del esfuerzo unitario a ser el hazmerreír, sinónimo de la improvisación y desatino en el acontecer político nacional.

No pierdo las esperanzas en que esta situación cambie, se muy bien (porque los conozco) que la gran mayoría de los copeyanos en el país son hombres y mujeres preparados, trabajadores y comprometidos con Venezuela, por lo que no permitirán que este tipo de conductas continúen practicándose en el partido; la férrea voluntad del copeyano comprometido, del verdadero socialcristiano se impondrá, y de nuevo COPEI será un gran promotor de la democracia y la participación de todos los venezolanos buscando la “Justicia Social en una Venezuela mejor”.

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