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opinión


El Nacional / ND

Despelote

4 octubre, 2011

La fotografía del colapsado avión de Aeropostal sobre la pista del aeropuerto Manuel Carlos Piar de Ciudad Guayana con las dos turbinas despegadas y descolgadas del fuselaje de la aeronave ha sido una de las gráficas más elocuentes para ilustrar cómo la negligencia, el despilfarro, el desorden, el marasmo, en síntesis, el despelote se ha apoderado olímpicamente de todo lo que corresponde al Gobierno, sus dependencias, sus instituciones y sus empresas. Porque este es apenas uno más de un inmenso inventario de desatinos y de irresponsabilidades superlativas que afectan la vida de los venezolanos de hoy.

opinan los foristas

El caso del accidente del vuelo 0342 es particularmente diciente, porque los afectados del vergonzoso episodio son ciudadanos, 90 compatriotas que pusieron sus vidas en manos de una empresa manejada por el sector público, como lo hacen tantos otros a diario en las varias unidades de transporte que administra la revolución bolivariana.

Referirse a “empresas o instituciones” suena demasiado impersonal al hablar de tales responsabilidades. Son funcionarios gubernamentales en todos los niveles: ejecutivos, empleados, contratistas de carne y hueso, técnicos y obreros, los actores de desastres como estos que hoy podrían tener a cerca de un centenar de familias enlutadas. El tamaño de esta protuberante irresponsabilidad es monumental.

Casos como este tienen un potencial de destrozo enorme sobre el turismo y la confiabilidad en el transporte aéreo en general, pero su alcance es bastante más que la lesión a un sector de la actividad nacional. Hablamos de la percepción cada vez más general del marasmo impune y generalizado que acompaña a todos y cada uno de los actos, planes y responsabilidades de la función del Gobierno venezolano.

El ofensivo simplismo con que se ha manejado este caso y con el que se tratan otros que tienen que ver con la vida de los venezolanos, deja ver el desprecio más absoluto por lo sagrado de la existencia ajena que albergan en el alma quienes ejercen funciones de poder en nombre de esta revolución de pacotilla.

Del Presidente del país para abajo, incluidos ministros, directores, ejecutivos, contratistas, etc., todos son responsables del colosal despelote en que el Gobierno ha caído por ineficiencia, impericia, irresponsabilidad, por simple y rampante descuido de la magna responsabilidad que tiene un estado de velar no sólo por la calidad de vida sino por la vida misma de los administrados.

Sin que el Gobierno se inmute, sin que se cree una atroz crisis, que es lo que correspondería cuando los desatinos son capaces de afectar la vida de los ciudadanos, ya se pasó esta página vergonzosa sin que a la sociedad se nos explique a qué obedece tal colosal barbaridad.

No hay área sana, no hay actividad que pueda ser exhibida como justa, acertada o plausible.

Nos hemos vuelto un caos como país. Afortunadamente, esto puede cambiar…

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