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opinión

En memoria de Don Rómulo Betancourt

7 septiembre, 2011

“Es indudable que ya este país no quiere ver más, respetando y estimando profundamente al Ejército, a generales en jefe o generales de brigada en la Presidencia de la República.

opinan los foristas

La Venezuela que estudia lo sabe, y la otra Venezuela lo intuye, porque, aunque no sepa leer le escriben, que el arte de gobernar es flexibilidad, espíritu de compromiso, diálogo esclarecido entre el Magistrado y el pueblo (…) ¿Es que un pueblo libre, un pueblo de libertadores, puede continuar admitiendo que cada cinco años sea un hombre o una camarilla quien le imponga gobernante?; ¿Es que no puede nadie más gobernar a Venezuela que algunos de los escasos hombres que quedan del grupo político que viene monopolizando la Presidencia de la República?; ¿Es que somos colectivamente una nación de dementes o de serviles crónicos, obligados a estar siempre conducidos por el cayado de unos cuantos tutores, cuando vemos a todos los pueblos de la tierra dándose sus propios gobiernos?…”

 

Fragmento del discurso pronunciado por Rómulo Betancourt

El 17 de Octubre de 1945 en el Nuevo Circo de Caracas

He querido iniciar estas líneas, recordando ese brevísimo fragmento del discurso que Rómulo Betancourt pronunciara en un mítin en el Nuevo Circo de Caracas, a menos de veinticuatro horas de producirse los hechos del 18 de Octubre de 1945, instaurándose a partir de entonces la Junta Cívico-Militar que presidiría él mismo. Me parece apropiado resaltar además, que estas palabras hoy siguen teniendo una vigencia inaudita; pero inaudito es también mi asombro, cuando observo cómo está pasando desapercibido, que el próximo 28 de Septiembre se conmemorará el trigésimo aniversario del fallecimiento de este hombre, quien sin lugar a dudas fue el político venezolano más importante del siglo XX.

En mi condición de socialcristiano por formación, convicción y tradición no existen egoísmos de ningún tipo para dejar de reconocer los méritos e inmensos aportes que Don Rómulo Betancourt legó a Venezuela y sus “conciudadanos”; fue un hombre entregado a la vida política y con un gran sentido de honestidad y compromiso por construir una Venezuela democrática, libre de todo autoritarismo hegemónico, tal y como lo demostrara cuando su partido perdió las elecciones de 1968 por un escaso margen, y él mismo intercediera para evitar que grupos radicales de su organización desconocieran el resultado emitido por el entonces Consejo Supremo Electoral. Profundo conocedor de la realidad social, política, cultural y antropológica del venezolano, supo rectificar los errores cometidos en su juventud, así como durante su paso provisional por el Palacio de Miraflores, entre 1945 y 1948, elaborando durante el exilio del “perezjimenato”, la obra máxima de la política venezolana del siglo pasado, su libro “Venezuela, política y petróleo”, el cual aún hoy, todo aquel que se dedica a la política en éste país, debería leer detalladamente.

Pero me ha causado estupor ver el olvido en el cual ha sido sumida la figura histórica de Betancourt. No hablo solamente de la conmemoración de su fallecimiento, pues fue el 21 de Junio pasado cuando sentí que las alarmas sonaban, al ver la transmisión televisiva de la sesión ordinaria de la Asamblea Nacional, en la cual entraba en la cuenta, la discusión de una Ley miserable titulada “Ley para Sancionar los Crímenes, Desapariciones, Torturas y Otras Violaciones de los Derechos Humanos por Razones Políticas en el Periodo 1958-1998”, momento que fue aprovechado por los acólitos diputados oficialistas para vituperar la memoria histórica de Don Rómulo; pero allí no culmina mi asombro, el mismo obedeció al hecho que estando presentes más de una docena de diputados adecos, ninguno se levantó de su curul para salir en defensa del buen nombre de su fundador, tristemente pensé que en AD había muerto ya el “betancourismo”, así como yo me niego a que en la democracia cristiana muera el “calderismo”.

Como socialcristiano siento un profundo respeto hacia los Derechos Humanos, pero no puedo tolerar que éstos sean confiscados por una parcialidad en específico, pues en el mencionado proyecto de Ley, luego de una panfletaria exposición de motivos, encontramos cosas como el numeral 4 del Artículo 4 que señala entre las finalidades de la misma “Reivindicar la actuación de las víctimas del terrorismo de Estado al levantar las banderas de las luchas anti-imperialistas, por la democracia popular y el socialismo en Venezuela”; así mismo al continuar el articulado, adjudica directamente las responsabilidades de dichos actos señalando de antemano quienes deberán ser procesados.

Los diputados oficialistas al realizar sus intervenciones, atacaban y responsabilizaban directamente de estos hechos a Rómulo Betancourt, por ser éste quien ostentaba por votación popular la primera magistratura al momento de iniciar el terrorismo guerrillero, pero obviaron resaltar el prácticamente nulo apoyo popular a sus acciones en ese mismo período.

Incluyen en el Artículo 6 una serie de definiciones dignas de observación, de las cuales a continuación quisiera resaltar y refutar, haciendo el mismo ejercicio de memoria histórica que allí reclaman:

“Desaparición Forzada”, recordemos los actos de secuestro cometidos por la guerrilla, entre ellos la internacionalmente famosa abducción de la “Saeta Rubia” Alfredo Di Stefano el 24 de Agosto de 1963, cuando vino junto a su equipo el Real Madrid a jugar un torneo en Caracas; “Tortura, tratos crueles, inhumanos y degradantes”, imposible olvidar cómo sometían los comandos guerrilleros a poblaciones enteras del interior del país cuando bajaban de la montaña a saquear a los habitantes, torturando y asesinando a quienes no colaboraban o el mismo trato dado a los secuestrados; “Terrorismo de Estado”, aquí prefiero transcribir su propia definición y no emitir opinión, “Es la sucesión de actos de extrema violencia y delitos contra los derechos humanos, planificados y ejecutados por el Estado amparados en la doctrina anticomunista de la contra-insurgencia, para causar pánico en la población o una parte de ella, por razones políticas, mediante el abuso o la desviación de poder, usando un mecanismo de doble faz, bien sea la manipulación del sistema legal formal o prácticas ilegales.”, saquen ustedes sus propias conclusiones; “Juicios simulados y fraudulentos”, como el juicio sumario del “tribunal revolucionario” que se constituyó en las gradas del Estadio Olímpico de la Ciudad Universitaria de Caracas, luego de secuestrar a las puertas del Hospital Clínico el 22 de Septiembre de 1966, al abogado Alfredo Rafael Seijas, quien como único delito tenía ser el Consultor Jurídico de la Digepol, creo que está de más recordar que la sentencia de muerte ya estaba previamente acordada, la cual luego de torturarlo, cumplieron cruelmente ocho bandoleros fusilándolo con más de veinte disparos de ametralladora, revólver y pistola en la Urb. Macaracuay; “Ejecución sumaria de personas”, como las realizadas al ya mencionado abogado Seijas, la del ex presidente del IVSS Dr. Julio Iribarren Borges, las de Carmen del Valle Somoza y Gladys Ardila por el solo hecho de aceptar un “aventón” de José Gabriel Páez (entonces director de la Digepol), el Sub-Teniente Ángel Dámaso Blanco asesinado a las puertas de su casa, el funcionario de PTJ y estudiante de Economía Carlos Eduardo Masson acribillado en la Ciudad Universitaria, el estudiante José Antonio Rodríguez a quien asesinan también en las instalaciones de la Ciudad Universitaria, la masacre a los turistas en el Tren de “El Encanto”, solo por dar algunos nombres y lugares; además no podemos dejar a un lado más de un millar de víctimas anónimas entre policías ajusticiados por la espalda, soldados, civiles que caían víctima de explosiones de bombas, ajusticiados por no cooperar o acribillados en las colas de los centros de votación tal y como ocurriera en las elecciones del 01-12-1963. Imposible olvidar también como corrompieron el espíritu de la “Autonomía Universitaria”, convirtiendo las instalaciones de la Universidad Central de Venezuela en un refugio de terroristas y delincuentes, así como en arsenal de la guerrilla, desde la cual, incluso llegaron a disparar municiones de alto calibre contra un helicóptero del Ejército el 22 de Febrero de 1962. Solo hay que visitar los archivos documentales de la prensa de la época y allí veremos el registro escrito y fotográfico de todo esto que estamos recordando.

Esta era la Venezuela que le correspondió gobernar a Rómulo Betancourt, una Venezuela que iniciaba su transito en el aún desconocido terreno de la democracia. Fue el escenario donde el líder de la pipa demostró su inmensa sabiduría, logrando consolidar el sistema político culminando su período y entregando el poder a otro presidente electo por votación universal, directa y secreta; logró Betancourt enrumbar la institucionalidad en el país, a pesar de la gran crisis económica heredada de la dictadura militar, se sentaron las bases que permitirían masificar la educación, elevar el nivel de vida de los venezolanos y crear la esperanza de un futuro mejor en libertad.

Lo que ocurrió después de 1975, y en específico las dos últimas décadas del siglo XX, son otra historia de la cual hablaremos en otra oportunidad, por el momento lo importante es que nunca olvidemos lo que el nativo de Guatire representa en nuestra historia contemporánea.

Descanse en paz Don Rómulo, que hasta sus adversarios ideológicos reconocemos su gran obra, la Democracia y el Gobierno Civil en Venezuela.

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