opinión

Economía de mercado con acento social

30 septiembre, 2011

A los países ricos, como el nuestro o a los francamente pobres, como el nuestro, hay que prevenirles para que sopesen los costos a largo plazo del proteccionismo que sin duda favorece exclusivamente a intereses especiales muy concretos – en nuestro caso, la nueva oligarquía revolucionaria. Dueña de las empresas que producen o importan substitutos de los bienes de consumo – que lejos de generar crecimiento con desarrollo, dada su ineficiencia y su dependencia del Nuevo stablishment, perjudican a la mayoría de consumidores; ricos o pobres.

opinan los foristas

En nuestra nueva Oligarquía empresarial “revolucionaria” existe un cúmulo de intereses que son alimentados intencionalmente y que son diversos y sobre todo contradictorios. Esta nueva y miope(?) clase en vez de percibir lo que es evidente, es decir la necesidad de insertarse global y adecuadamente en el comercio internacional de manera que beneficie sobre todo y en primer lugar a los ciudadanos más pobres, se ata a economías más atrasadas y dependientes que la nuestra. Con excepción de la de china que viniendo del comunismo más atroz hoy actúa como nuevo imperio en busca de colonias comerciales.

Claro ejemplo de ello es nuestra DEPENDENCIA funcional de la Republica de Cuba que en todos los aspectos económicos y sociales es bastante más atrasada que Venezuela, pero que a pesar de ello triangula una gran cantidad de rubros que hasta no hace mucho producíamos pero que ahora importamos. Por supuesto que en beneficio propio y de la nueva Oligarquía “revolucionaria” pero en perjuicio de todos nuestros conciudadanos.

Suponiendo (Supuesto negado para este gobierno) que el comercio internacional produzca ganancias para un país, es decir para las empresas residentes en él, es deber del estado ver cómo se redistribuyen los beneficios que por la vía impositiva se obtienen y de cuyo monto una parte debería estar destinada a la reinversión productiva que es la verdadera manera de devolver a ciudadanos y empresarios sus impuestos y no solo a gastos improductivos del Estado de la naturaleza que fueren.

En la Venezuela actual se culpa al comercio de la pobreza del país, cuando es evidente que el comercio en el pasado, así nos empeñemos en desconocerlo, ha generado junto con las inversiones del Estado riqueza suficiente para mejorar substancialmente el nivel de vida de todos los ciudadanos desde aquel pequeño país rural de hace apenas 50 años a lo que con todo y sus defecto llegamos a ser antes de este deslave. Desconocerlo no es solo insensato, sino supino.

Otra cosa que pesa mucho sobre la posibilidad de desarrollo del país es la estructura feudal de la tenencia de la tierra. Estructura- en la cual es el estado el más grande feudalista- y el uso obsceno del poder, los beneficios innegables del comercio internacional en el área agrícola se concentran ahora injustamente en manos del Estado. La responsabilidad de esto si bien es un mal ancestral que arrastramos desde la colonia, la tienen indudablemente los gobiernos y la estructura social del país, no el comercio internacional.

Para poder insertarnos adecuadamente en el concierto comercial global y romper el estigma de que el comercio internacional no es una fuente o factor de desarrollo, debemos primero preparar a nuestro país. Esa es parte de la labor del nuevo gobierno después del 2012.

La inversión, la innovación, la estabilidad política, el buen gobierno, instituciones adecuadas, la reforma social, la inclusión, la educación, la salud etc. serán parte del nuevo proyecto de país de manera que a través de la globalización logremos los cambios necesarios en nuestro aparato productivo que al crecer hacia fuera nos permitirá también crecer hacia adentro para así producir los cambios que hacen falta para despegar en la vía del desarrollo sostenido y sustentable.

Nuestro éxito dependerá en gran medida de la forma como nuestra economía se inserte y se integre a la economía mundial y para ello es importante contar con ciertas defensas, estableciendo sistemas de monitoreo y de evaluación y control de los flujos internos y externos de bienes y capitales. En consecuencia, es imprescindible que existan mecanismos expeditos, probos e imparciales que vigilen y sancionen comportamientos antisociales de individuos, estado y empresas.

Esta bastante documentado que a volúmenes iguales de comercio exterior en una economía sin controles, mal gobernado, corrupto y en manos de poderes arbitrarios tendrá un efecto diferente a los de una economía bien regulada, vigilada, respetuosa de las leyes de las normas y de la democrática. Con seguridad en la primera el comercio exterior sólo aumentara la corrupción, el atropello y el caos, en la otra contribuirá al desarrollo del país.

Indudablemente que en una economía abierta hace falta una regulación más estricta del mercado y una mayor transparencia en los negocios, ese es parte de nuestro reto como país y como sociedad. Todos debemos de asumir el rol que nos corresponde y poner el país por delante de nuestras individualidades.

Economía con acento social no es economía socialista. Ese es el reto.

 

Amanecera y veremos.

Romulo E. Lander Hoffmann

http://www.romulolander.com

 



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