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opinión


Notitarde / ND

Dictadorzuelos de medio pelo

30 septiembre, 2011

“Financial Times cuenta con una de mis más admiradas columnistas, Lucy Kellaway, la mejor, de lejos, de todo el periódico y una de las escasísimas mujeres que figuran en sus páginas, como ocurre en toda la prensa, la británica, la española y la de todos los lugares. Kellaway hace un columnismo diferente a todo lo que se publica, original, sugerente, divertido, agudo, personalísimo. Su columna gira en torno a las relaciones humanas en la empresa, pero sus reflexiones son aplicables a las relaciones humanas en general, incluidas las que afectan a la política.

opinan los foristasEso ocurría con su última columna, la de ayer, Pretenders to power are the most dangerous, en torno a la idea de que habría que revisar aquella máxima de Lord Acton de que “El poder corrompe, pero el poder absoluto corrompe absolutamente”. Pues argumenta Kellaway que, en realidad, el poder absoluto corrompe algo menos que el poder parcial, o que las personas que tienen un pequeño poder pero poco status pueden comportarse de forma abusiva hacia los demás, aún más que quienes tienen mucho poder. Y lo dice por los resultados de una investigación que está a punto de publicarse en la Journal of Experimental Social Psychology sobre un experimento realizado con estudiantes a los que se les dieron distintos niveles de poder para dar órdenes a otros y que mostró que fueron mucho más abusivos con los demás aquellos a los que se les dio escaso poder.” Edurne Uriarte, ABC, de España.

El poder absoluto

Esta ha sido una semana de rumores, tragedias, atropellos y mentiras dentro de ese claustro superblindado que es el corazón del poder oficial en el que todos sabemos que hay un solo dedo para levantar, una palabra precisa para opinar, y la noticia única para difundir. Por ello caminamos entre rumores y nos montamos en el tren de las noticias que llegan del exterior y a las que damos crédito a medias, porque son rumores, salvo que exista un espía metido entre las sábanas del enfermo que nos pueda contar a ciencia cierta lo que en realidad ocurre con su salud lo cual no es tan difícil de saber por los médicos especialistas y por las propias víctimas de cáncer que nos hacen saber el calvario que cada uno de ellos ha sufrido despúes de un tratamiento de quimioterapia como la vivida por el Presidente entre Caracas y La Habana.

Hay dramas ocultos. Chávez ha sido sometido a diálisis, mientras Maduro asevera que cabalga hacia su recuperación, un admirador de su entorno cuenta que se encuentra súper bien, contemplando partidos de beisbol y otro más atrevido informa que nunca jamás, el presidente entrará a una clínica privada porque si es necesario importar máquinas sofisticadas para salvarle la existencia pues las traerán a cambio de no pisar el suelo imperialista de una asistencia, digamos, como la de Clínicas Caracas, en donde por cierto el señor mayor de la familia está en pie gracias a los oportunos servicios de dicho centro.

El rumor de las piedras

El caso de Chávez con su enfermedad y la manipulación de su entorno me hace recordar al dictador Antonio de Oliveira Salazar Portugal, cuando se corrió el rumor de que estaba en trance de viajar al otro mundo y los militares acompañados de médicos, lo parapeteaban todos los días a efectos de complacer al público que deseaba por una parte verlo muerto y por otro lado convertirlo en un ser inmortal.

El susodicho aparecía en la ventana de palacio agitando sus brazos y convenciendo a su pueblo que se encontraba en condiciones inmejorables, pese a que ya estaba ‘masticando agua’ como se dice en frase coloquial.

Pues el señor de acá que para nada sufre de agotamientos, sus riñones trabajan a la perfección y no tiene de qué lamentarse, monta una reality show para jugar a la pelota con sus ministros y presentarse en su acostumbrada vestimenta de hombre jovial que quiere meternos la coba de que es el candidato ideal para clavarse en el poder los próximos veinte años. Ayer le montaron su sainete para darle mentís a todos los rumores malignos que corren de boca de quienes queremos saber la verdad de toda esta comedia que viene acompañada de toda clase de accidentes y tragedias que parecen no tener solución.

¿En qué andan los ministros?

Cada uno de ellos parece haberse convertido en un simple mensajero al servicio del patrón. Nombran ministros que no saben resolver. Y dentro del montón, aparecen las ministras de Sanidad y Justicia que no saben a dónde ir, ni de qué manera enfrentar el enorme drama de las cárceles y los hospitales, simplemente porque no conocen el escenario para el cual han sido elegidas por ser protagonistas importantes de un drama terrible que afecta a la sociedad venezolana. La Ministra de Sanidad se niega a escuchar a los médicos, porque no forman parte de su tolda roja y la de Justicia lanza al aire su primer decreto de no construir más cárceles porque no son necesarias, sin entender que hasta hoy no se ha erigido una sola edificación ideal que responda a las normas internacionales de justicia que persiguen la reeducación del reo. Así vamos, así seguimos. A la deriva.

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