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opinión

Bilongo pa’ Venezuela

25 septiembre, 2011

“La ignorancia es audaz, pero en contraste, el temor es el arma de los ignorantes” Jenny Morán de La Rotta

El gobierno más dogmático e intolerante que ha tenido Venezuela, aquel de “sólo es posible avanzar en socialismo” como ariete propagandístico, el de la espesa, atea e imposible doctrina marxista, el de la “unión cívico-militar” nos sorprendió con una transmisión en vivo por VTV de un “Bilongo”, que es un acto de la santería afrocubana, a todo el país. “Por la definitiva recuperación del presidente Chávez” se leía en el cintillo de la pantalla del canal del Estado.

Sabemos entonces que aún después de expresar “volví a nacer” después de su cuarta sesión de quimioterapia, el presidente Chávez recibió su segundo Bilongo, el primero en Caracas en agosto de este año. La verdad médica doblada y guardada en el bolsillo de Fidel, debe coexistir con la otra jefatura sanadora, la del orisha Yoruba Inlé, a quien públicamente se le pide el favor, allá en La Habana. Apelan al sincretismo religioso como sus planes sanadores B, C, D y E.

La primera víctima del relativismo es la verdad. En él nada es bueno ni malo sino que todo depende de la opinión de cada cual. Esta posición congela el contraste, la discusión, la argumentación, el intercambio de ideas. El relativismo propaga la ignorancia y la inmovilización.

Tuvo el presidente Chávez que sufrir un accidente en su ADN, alguna alteración en su engranaje celular de producción de proteínas para que quedara al desnudo el oportunismo chavista, lo endeble de su doctrina y la ausencia de fe, incluso en sus propias mentiras. Chávez nos lo recuerda buscando rescatar su salud fuera de Venezuela, después de 12 años de su propia gestión.

Introducir la religión en la política es peligroso, y mucho más en la gestión del gobierno. Depender que un santo, un orisha o que los “dioses de la sabana” ejecuten lo que el humano debería hacer significa abrirle la puerta a la inquisición, a la intolerancia y a la guerra. Pero sobre todo al temor como política de Estado. Dejar pasar el significado de “esas expresiones de fe sanadoras del pueblo” como herramientas gubernamentales bajo la óptica del relativismo, es condenar al país un inmerecido atraso.

Como los atrasos de los ministros de Chávez y sus particulares “bilongos”: Giordani para abatir la inflación, y “sus causas estructurales”, el gordo Loyo, que ni con los “dioses de la sabana” logra el aumento de la producción del campo venezolano, ni Tareck El Aissami y la “Corte Calé” logran salvar la vida de los venezolanos del hampa.

La santería cobra al hombre como víctima al hacerlo presa del miedo. No lo transforma ni lo mejora por dentro, sino que por medio de ritos y ceremonias de corte “mágico” podrían librarse de males y apartar poderes maléficos.

Ya el gobierno es presa del miedo, que lo inmoviliza y lo secuestra. Es tal el miedo, que no son capaces de darle al pueblo venezolano el parte médico profesional y científico sobre la salud del presidente.

Dejan eso en manos de Babalú Ayé.

Twitter: @morandavid



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