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opinión


El Nacional / ND

El método del bilongo

31 agosto, 2011

El cáncer no tiene por qué ser una sentencia de muerte. Testimonios de miles de pacientes narran cómo vencieron la enfermedad, todos siguieron rigurosamente los tratamientos y se aferraron a la vida con mucha fe en sus propias fuerzas espirituales. Lo afrontaron con serenidad y dignidad, que es la mejor manera de asumir cualquier desgracia. Claro está, que hay quienes se niegan con obstinación a aceptar la realidad, se perciben omnipotentes y no aceptan que pueden morir antes de tiempo; es decir, antes de cumplir su misión de vida.

opinan los foristas

En la Venezuela regida por Chávez la mayoría de los enfermos de cáncer y otras dolencias terminales ­especialmente los de menos recursos­ se mueren antes de tiempo por falta de dotación y el deterioro en los hospitales. Cientos de miles de ciudadanos pierden la vida antes de tiempo a manos de la violencia.

En agosto fueron ingresados más de 520 muertos a la morgue de Bello Monte, el último fin de semana es considerado como el más sangriento en lo que va de año, pues hubo 70 cadáveres en la medicatura forense a causa de la violencia en sus diferentes manifestaciones: robos, atracos a mano armada, venganza, ajuste de cuentas y sicariatos. Murieron antes de tiempo por falta de una política eficaz de seguridad implementada por el Estado.

La tragedia que enluta a miles de familias venezolanas por causa del crimen es un hecho cotidiano. El shock que significa para padres, hijos o esposos recibir la noticia de la muerte de sus seres queridos por culpa de la violencia inusitada no es un asunto trivial, los noticieros de televisión y la prensa nos relatan la tragedia que sufren esas familias, las consecuencias durísimas que tienen que soportar, la humillación en la morgue, el dolor y las cargas sin estar preparados para asumir las secuelas de terribles pérdidas.

En los medios de comunicación oficiales no se analizan los graves efectos psicosociales de las muertes violentas; al contrario, hay un gran vacío que pretende silenciar ­infructuosamente­ el gran fracaso del Gobierno con el problema de la inseguridad ciudadana y la impunidad del hampa, que durante los 12 años que ha permanecido Chávez en el poder ha sido auspiciada y promovida por el discurso de odio y resentimiento social, además de ese culto loco, tardíamente prescrito, de ¡Patria o Muerte! Si hay algo de lo que somos conscientes es que en los gobiernos de Chávez “vivimos viviendo”, pero de prestado.

Nos hemos familiarizado tanto con el tema de la muerte que resulta demoledor. Nunca antes la conceptualización de la muerte había sido tan degradada como en este final de Gobierno, donde la enfermedad del Presidente ha sido tan dramatizada y banalizada por él mismo, que lo rebaja a una conducta tremendamente inmadura y grotesca.

La forma irracional cómo afronta el cáncer, conjurándolo con métodos nada científicos: primero con el ritual de los cabezas rapadas que se corresponde con prácticas de santería y magia africana en Latinoamérica, después la farsa, practicada en Miraflores, del llamado Bilongo de la Salud, una actividad espiritual afrodescendiente con bailes de tambor que sirvió de preámbulo a la tercera fase de quimioterapia recibida en el hospital militar Carlos Arvelo, envuelto en una atmósfera mágico-religiosa con vigilias incluidas, en la que se invocan los espíritus de la Sabana y de Maisanta para exorcizar la enfermedad y, sobre todo, alejar el alma de Franklin Brito ­que murió en ese hospital, recluido contra su voluntad­ para que no venga desde el más allá a reclamar justicia.

 

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