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opinión


El Nacional/ ND

Cuando los grandes se equivocan

9 agosto, 2011

Sobredosis

Las enfermedades que aquejan a las economías de los grandes centros de poder tienen inquietos a todos en los cuatro puntos cardinales del globo. Resultará imposible escapar ilesos al tsunami que se produce frente a nuestros ojos.

opinan los foristas

Si Latinoamérica pudo ponerse parcialmente a buen resguardo en la crisis de 2008, esta vez no se salva.

Los daños colaterales de la degradación de la deuda estadounidense se harán sentir en cada recodo planetario, empezando por China.

Poco se gana con endilgarles culpas del colapso en puertas a unos u otros. Son igualmente responsables de las secuelas futuras tanto los deudores insolventes como los acreedores irresponsables. Europa y Japón deberán encarar el impacto de la devaluación del dólar que se manifestará en un inconveniente fortalecimiento del euro y del yen, incluso si en el tiempo la potencia americana consigue enderezar sus problemas fiscales y termina honrando adecuadamente sus deudas. El impacto del dislate americano no les facilitará a los japoneses ni a los europeos resolver eficientemente sus actuales problemas económicos.

La peor de todas las consecuencias, no obstante, no es cuantificable porque está ligada a percepciones, convicciones y conceptos.

¿Quién puede ponerle números a la pérdida generalizada de confianza en la solidez de la primera economía mundial, la de Estados Unidos, cuya fragilidad este episodio ha puesto de bulto dramáticamente? ¿Quién puede confiar en una Europa obligada a emprender un plan de reconstrucción y de apuntalamiento del euro motivado por la irresponsable insolvencia de unos cuantos de sus integrantes pero asimismo por la falta de supervisión y de diligencia de parte de los otros? ¿Podrá Japón, con una deuda dos veces más grande que su propia economía, conseguir ser percibido como un refugio de inversión apetecible para terceros en el proceso de su relanzamiento que apenas inicia? La misma China, irresponsable hasta los tuétanos al haberse vulnerado voluntaria y deliberadamente mientras se labraba el peligroso sitial de primer acreedor de la díscola economía americana, será puesta en la picota por los mismos cuyo respeto había logrado con la solidez de su expansión.

El mundo se sacude a escala de los gobiernos de todos esos actores. Pero las horas que vienen son infinitamente más duras para los ciudadanos de a pie que depositaron sus esperanzas, sus ahorros y el futuro de sus generaciones de relevo en el buen manejo de los recursos que les fueron confiados a los gobernantes, y que serán, a fin de cuentas, los más afectados por los irresponsables errores de quienes administran las estrategias de desarrollo del mundo de hoy.

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