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opinión


El Nacional/ ND

La ciudad desgarrada

31 julio, 2011

El lunes 25 de julio, a la misma hora, en lugares diferentes, dos entes de gobierno celebraban, cada uno a su manera, los 444 años de Caracas. En la plaza Brión se realizaba la sesión solemne del Cabildo y la Alcaldía Metropolitana, el que se supone debe ser, en teoría, el gobierno mayor que coordina las acciones comunes de todas las demás alcaldías de la ciudad. Y en el parque Zamora, la sesión de la Alcaldía del Municipio Libertador, el más poblado entre los 5 municipios.

opinan los foristas

En la sesión de la Alcaldía Metropolitana, gobernada por un alcalde y un equipo de oposición al Gobierno central, se encontraban presentes la Gobernación de Miranda y las alcaldías de los municipios Baruta, Sucre, Chacao y El Hatillo, todos con gobiernos de oposición. En la de la Alcaldía de Libertador, la única que el oficialismo logró retener, todo era rojo, en la sala se hallaban exclusivamente autoridades públicas, trabajadores y activistas del partido de gobierno.

La imagen que viene al caso es la de alguien que cumple años pero como su familia y amigos se hallan peleados y divididos, cada bando decide hacer su fiesta y prender las velitas de la torta de espaldas al otro, y el cumpleañero, para no desairar a nadie, termina celebrándolo a solas. Con una diferencia, que unas familias enfrentadas pueden amargarle el cumpleaños a alguien pero no necesariamente afectan su vida. En cambio, una ciudad en la que sus entes de gobierno local y los del gobierno central no logran concertar sus acciones y estrategias se hace literalmente ingobernable, queda incapacitada para resolver sus grandes problemas metropolitanos y, sobre todo, para hacerse de un proyecto de futuro y realizarlo.

Las ciudades exitosas, las que han alcanzado niveles de vida satisfactorios, espacios públicos generosos, movilidad y seguridad para todos sus habitantes, lo sabemos bien, son aquellas que, además de altos grados de autonomía, han tenido liderazgos sólidos, con estrategias de largo plazo y capacidad para articular los esfuerzos del gobierno central con los locales y sumar a ellos la cooperación del sector privado, las instituciones académicas, las comunidades organizadas en torno a un proyecto estratégico que generalmente se piensa a diez o veinte años para poder acometer las grandes tareas que su renovación permanente requiere.

Porque en las grandes ciudades, generalmente fraccionadas en municipios como en Caracas, queda claro que los grandes servicios ­transporte y vialidad, recolección y procesamiento de desechos, seguridad, áreas verdes, por ejemplo­ no pueden resolverse por fragmentos, municipio a municipio, sino que requieren soluciones y estrategias de conjunto.

En la situación política del presente, en la que la élite militar con apoyo civil que controla el poder se niega a convivir, cooperar y reconocer la existencia de toda fuerza política e instancia de gobierno que no se pliegue a sus designios, la ciudad capital está condenada al estancamiento. A las viejas condiciones estructurales que la dividen entre ciudad formal e informal, barrio y urbanización, “cerro” y “colina”, se le ha añadido ahora el desgarramiento interior que genera la intolerancia, el sectarismo y los abusos de poder de un Gobierno central que de espaldas a la Constitución incumple sus compromisos financieros y trata de asfixiarlos cuando los gobiernos locales no son de su color. Opuesto a la descentralización, centralizador y concentrador del poder, el proyecto político rojo no comulga con la autonomía de las ciudades y prefiere que sus ciudadanos sufran los efectos de la ingobernabilidad antes que dejarlas fluir con sus propias energías.

Algún día, ojalá no muy lejano, una única e inmensa torta de cumpleaños será el símbolo de la reunificación de una ciudad tan desgarrada como el país. Pobre Caracas, tan lejos del cielo y tan cerca de Miraflores.

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