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opinión


El Nacional/ ND

¿bendición brasileña?

28 junio, 2011

El hecho de que Brasil haya comenzado su explotación petrolera como un estado maduro y que, al contrario de Venezuela y otros países del Medio Oriente que ya llevan largas décadas de trayectoria, le haya tocado desarrollar su industria principalmente en el fin del siglo XX e inicios del XXI, le otorga ventajas considerables. La principal de ellas es que el Estado, habiendo construido una economía vibrante y, sobre todo diversificada, no es tributaria como las citadas naciones de los únicos ingresos petróleos.

opinan los foristas

Los episodios que transitó en los años 70 cuando fue golpeadísimo por la volatilidad de los precios petroleros habilitaron al gigante latinoamericano a pensar anticipadamente en torno al sector y a planificar el dominio de la vulnerabilidad que le generaba a un país tan enorme la dependencia de las energías fósiles.

 

De esa estrategia, vieja ya de 40 años, nacieron políticas hidroeléctricas consistentes y se diseñaron planes vanguardistas para generación de energías sustitutivas que redundaron en una fuerte industria de etanol. Hoy solo Estados Unidos los supera y su portafolio energético es uno de los más “limpios” del planeta.

 

Pero los brasileños no renunciaron a los recursos que puede producirles el petróleo. Se armaron de una política concienzuda para atraer recursos financieros y de inversión frescos y particularmente para atraer novedosas tecnologías de punta, las requeridas para el desarrollo de los yacimientos del pre-sal costa afuera que están entre los más exigentes del mundo.

 

Al haberse convertido en un país autosuficiente para proveer de energía a los brasileños nació la conciencia de que los nuevos hallazgos pueden asegurarle a Brasil un prometedor sitial como exportador neto de energía en tiempos futuros y de allí partió una deliberada adecuación de sus políticas de tratamiento a los capitales foráneos para que estos vengan a unirse a los esfuerzos de Petrobras en el desarrollo de los proyectos más riesgosos.

 

Para ello, al igual que Colombia y Perú, los brasileños fortalecieron sus marcos institucionales y le han otorgado particular atención a los derechos de propiedad bajo los cuales operan las compañías productoras. Las instituciones regulatorias se han esmerado en constituir dentro del país suficiente garantía para los inversionistas.

 

Gracias a esta visión futurista, en lo corrido de este año las reservas petroleras de Brasil se duplicaron para totalizar 30.000 millones de barriles, alcanzando el noveno sitial mundial en reservas fósiles. No es obra del azar ni de la bendición del cielo. Es el producto de una inteligente planificación de lo que un recurso finito puede aportarle al futuro del país.

 

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