nacionales, política

Miguel Salazar: Recrudece la pugna entre civiles y militares por multimillonarios contratos de la Misión Vivienda

10 Junio, 2011

ND.- En su columna de este viernes en Las Verdades de Miguel, el editor Miguel Salazar se refiere a la Gran Misión Vivienda, considerando un “error sustituir su carácter estratégico por uno electoral”. Al respecto, dice que mientras el dinero del programa “permea entre las comunas (…) recrudece la pugna entre civiles y militares por hacerse de los multimillonarios contratos en el Ministerio del Poder Popular para Vivienda y Hábitat”.

opinan los foristas

Afirma que son “cinco los grupos que sobresalen: el primero liderado desde un recóndito escritorio de la Vicepresidencia; el segundo constituido por un cuarteto de generales; el tercero funcionando en el propio seno del Ministerio, conformado por los tradicionales contratistas enquistados en el sector desde los días del desaparecido Fondur; el cuarto en el Mppf, junto a la Comisión de Finanzas del Desarrollo Económico de la AN, reclama su cuota …”.

 

Pero asegura que el “más poderoso sea el quinto, el identificado con Pdvsa. Ese tiene su asiento en el piso 6 del Centro Altamira, donde presuntamente compran los proyectos pidiendo a cambio 10% de comisión. Así también se pierden elecciones”.

 

A continuación su columna:

 

Es un error sustituir el carácter estratégico de la necesidad de vivienda por uno simplemente electoral porque ello conduce a la improvisación. Con el pretexto de la reelección promueven como de la nada la gente sin casa. ¿Vale preguntarse a dónde vivían antes de ser damnificados? Inclusive, no resulta temerario presumir que buena parte de ellos son extranjeros desplazados desde sus sitios de origen, alentados por la idea de que Chávez está regalando casas en Venezuela. Además, vienen a vivir en Caracas, porque no crea Chávez que ellos le van a aceptar casas en los valles del Tuy.

 

Otra porción se corresponde con los profesionales del rancho, aquellos que levantan uno y mañana, en la puerta, lo distinguen con el aviso de “se vende esta casa”. Vayan por los cerros para que vean cómo, pintados a brocha, abundan los letreros con esa opción.

 

¿Cómo ignorar que la oleada de invasiones muy bien programadas, utilizando a los niños como escudos tiene un motivo eminentemente comercial? ¿Acaso no es maniqueísmo cuando la oposición insufla la necesidad de la propiedad privada del inmueble, no tanto por la obligación de tener un techo sino porque el beneficiario (ejerciendo una falsa libertad) puede hacer con ese inmueble lo que le venga en gana, incluso verlo como mercancía?

 

La industria del rancho se inició con el plan de emergencia de Larrazábal y la fortaleció el puntofijismo con aquellos comités de juntas pro mejoras (los embriones de la llamadas comunas). ¿Acaso no son los políticos quienes impulsaron las rancherías con la finalidad de buscar votos?

 

Pues bien, hoy el flamante ministro para la “transformación revolucionaria de Caracas” sostiene que en este atribulado valle cabe otra Caracas. Es su concepción que lleva a ocupar estacionamientos para levantar “viviendas”. Él prefiere decretar la muerte de los espacios abiertos del paseo Vargas, antes que borrar del mapa ese muladar que resulta una farsa de mercado bolivariano levantado en La Hoyada desde los tiempos de la IV República. Lo hace porque el primero no da votos y el segundo sí. ¿Conocerá este funcionario de planes urbanísticos?

 

Nuestra capital, devastada por todos los alcaldes sin distingo de color político, tendría que promover una suerte de juicio de Nuremberg para determinar y sancionar a los responsables de su tragedia, donde ellos inclusive pueden ser señalados por aupar la inseguridad. Pero no hay voluntad para la rectificación.

 

Hoy, la víspera electoral obliga y así el dinero para el Plan Misión Vivienda permea entre las comunas que adelantan nuevas rancherías a la vez que maquillan a las antiguas con las pautas del genio de la “transformación revolucionaria de Caracas”. A la par, recrudece la pugna entre civiles y militares por hacerse de los multimillonarios contratos en el Ministerio del Poder Popular para Vivienda y Hábitat.

 

Hasta ahora son cinco los grupos que sobresalen: el primero liderado desde un recóndito escritorio de la Vicepresidencia; el segundo constituido por un cuarteto de generales; el tercero funcionando en el propio seno del Ministerio, conformado por los tradicionales contratistas enquistados en el sector desde los días del desaparecido Fondur; el cuarto en el Mppf, junto a la Comisión de Finanzas del Desarrollo Económico de la AN, reclama su cuota; pero quizás el más poderoso sea el quinto, el identificado con Pdvsa.

 

Ese tiene su asiento en el piso 6 del Centro Altamira, donde presuntamente compran los proyectos pidiendo a cambio 10% de comisión. Así también se pierden elecciones.

 


Etiquetas: |

Canal Noticiero Digital