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(foto) Diario La Verdad: En Sabaneta hay piscina, billar y disfrute VIP

10 Junio, 2011

ND.- En la cárcel de Sabaneta en Maracaibo, específicamente en el área de Procesados Militares, los reclusos cuentan con una piscina con techo independiente e inflables para los niños. También hay un puesto de cachapas a 15 bolívares.

opinan los foristas

Este espacio de la cárcel es el “más envidiado”, quien la comanda es Luis Payares Iguarán, conocido como Pram, y fue policía de Cabimas, hasta que fue apresado por homicidio.

El mostró al diario La Verdad como está organizada esta parte del penal, que además cuenta con “una mesa de pool; venden cachapas y perros calientes; funciona un gimnasio; persiste el orden y la limpieza”, indica la nota.

Según el propio “pram” la organización y cooperación de los reclusos es lo que ha permitido estos privilegios.

Sabaneta es considerada por el Observatorio Venezolano de Prisiones como una de las más violentas del país durante 2010, basados en los 43 presos que murieron. Sin embargo, Payares lo niega y la directora del penal, Meira Guerrero, asegura que la agresividad penitenciaria local bajó 70 por ciento desde 2006. “Ya ni siquiera se toma en cuenta la agresividad, sino el nivel de reinserción del interno”.

Así lo recoge La Verdad:

La organización y cooperación de los internos de la cárcel de Sabaneta tiene su colofón en Procemil, el área VIP del recinto. En ella, la vida no es tan dura como se supondría: hay una mesa de pool; venden cachapas y perros calientes; funciona un gimnasio; persiste el orden y la limpieza

Le disgusta que lo llamen “pram”. No sabe de dónde salió ese apelativo y tampoco le importa. Se llama Luis Payares Iguarán, fue policía de Cabimas y hoy comanda el área de Procesados Militares de la cárcel nacional de Maracaibo.

Mide casi dos metros de estatura, cabeza rapada y cuerpo atlético. Viste una franela gris y tiene un reloj y un anillo dorados en la mano derecha. De pocas palabras, las saborea antes de hablar.

“Te voy a ser sincero. Aquí se practica la ley del más fuerte”, dice, mirando con ojos inquisidores para explicar cómo llegó al máximo puesto penitenciario.

Procemil es el área más envidiada de Sabaneta. Tiene, como todas, una entrada independiente y después del primer portón se construyen tres salones de clases para extender el programa de humanización del preso que lanzó el Gobierno nacional.

En la segunda entrada, ya en el recinto, las áreas comunes están aseadas y las jardineras invadidas de plantas de ixora roja. Justo al lado, el letrero de un abasto invita a comprar cachapas y perros calientes a 15 bolívares fuertes.

Está sentado en un banco de cemento, frente a la piscina, que tiene techo independiente e inflables para los niños. Los mesones están forrados con cerámica, un techo de zinc ofrece sombra y los árboles de la entrada garantizan la brisa. 11.00 de la mañana y pocas personas se pasean por el recinto. Antes de comenzar la entrevista, lo interrumpe el sonido que sale desde la zona interna, donde seis hombres juegan pool, se dan palmadas y despiden gritos alegres.

Reconoce que la personalidad de cualquier jefe está fundamentada en la organización. El líder tiene sus hombres y la potestad de dar una orden acatada con exactitud. “Aquí estamos pa’ trabajar, ayudarnos. Sabaneta es distinta porque nuestra organización lo permite”.

Generalmente, la Cárcel de Maracaibo no se une a las huelgas generales carcelarias que se registran cada año en el resto del país. Aquí los labios cosidos los protagonizan quienes piden traslados a otros centros de reclusión. Las manifestaciones, mayormente pacíficas, se acuerdan con los casi dos mil 800 internos y se anuncia a todos los representantes directivos y responsables de la seguridad.

El Observatorio Venezolano de Prisiones (OVP) tiene una explicación: grupos de internos se organizan por la desatención gubernamental y logran, a su modo, el orden penitenciario. Humberto Prado, su director, cree que el contacto permanente que existe entre la cárcel y el mundo exterior tiene mucho que ver con este fenómeno. Los motines de Uribana reclaman la ayuda gubernamental. En Sabaneta, según la Policía científica, las riñas responden al “control del penal”.

Estas cúpulas también influyen en la agresividad de los reos. En Sabaneta no existe el autosecuestro capitalino, ni el Coliseo centro occidental, ni las reyertas orientales. A pesar de ello, el OVP califica la cárcel marabina como la más peligrosa de 2010, basándose en los 43 presos que murieron el año pasado.

Payares deplora esas cifras y Meira Guerrero, directora, asegura que las estadísticas del Ministerio de Interior y Justicia dan fe de que la agresividad penitenciaria local bajó 70 por ciento desde 2006. “Ya ni siquiera se toma en cuenta la agresividad, sino el nivel de reinserción del interno”.

Deporte

El líder de Procemil presenta a Douglas Perche, el segundo. Mantiene la sonrisa educada, camisa planchada y atención a la visita. Ofrece bebidas energéticas e invita a un paseo. La justicia lo condenó a 13 años por el delito de aprovechamiento de cosas provenientes del delito, por tener un arma sin porte.

Hoy se encarga de promover el deporte. Es el anfitrión cuando estudiantes visitan la cárcel y propicia los encuentros de fútbol con la Guardia Nacional o el ciudadano común. Payares se dirige a él y lo toma como un ejemplo de seriedad.

Al menos 100 de los 524 internos de Procemil son civiles, que antes de ingresar deben conocer las normas. “Aquí entra gente seria, que quiera estudiar y trabajar para reducir la pena. Que quieran regenerarse”. La seriedad es inviolable, y se paga caro. Payares recuerda, crudamente, que siempre estuvo activo en la Policía de Cabimas hasta que le pusieron las esposas. “Por homicidio, sí. Pero la cárcel es para quien quiera echar para adelante”.

Douglas Perche comienza el recorrido con el fotógrafo. Lo llevan al gimnasio, donde un interno levanta pesas. Recorre la parte superior del edificio, pintado, aseado y ordenado. La estructura se divide por cuartos y en cada uno cabe una cama individual con un televisor que está cerca de la puerta.

El fotógrafo apunta su lente al taller mecánico, donde uno de los trabajadores barniza un cofre hecho de madera. En la cocina industrial varios hombres se comparten el trabajo para hacer los quesillos. Todo está estrictamente cuidado.

Payares sostiene la conversación, con la mirada fija y las palabras a cuentagotas. Rememora la tensa situación que se inició en el penal por la conducta de un capitán señalado por toda la población interna. “Aquí la visita se respeta”.

El “pram”

Con ese apodo conocen al líder de cada área de Sabaneta. En la cárcel existen seis jefes que controlan a todos los internos. Se distribuyen en Penal, Procemil, Patio, Calabozo (ambos parte de Procemil), Reeducación y Rehabilitación (Máxima). Cada uno tiene su ejército con hombres armados y sus propias leyes. Buscan, la mayoría de ellos, la comodidad de los convictos en cada área.

Diez muertos

Procemil sufrió un fuerte atentado en 2008, cuando desde Penal abrieron un boquete para apoderarse del área. Las zonas están divididas por paredes de seis metros de altura con alambres de púas. Ese día de agosto murieron cerca de diez internos de ambas áreas.


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