opinión

Alexander Cambero

La hora de Enrique Capriles

25 Mayo, 2011

La vida es una permanente irrupción de los ciclos. Se abren oportunidades con la misma velocidad con las que se cierran períodos, que sólo florecerán en las reminiscencias de los melancólicos. En la política tienen el dramatismo de una tragedia griega. Hoy rueda por el piso el líder que ayer se mostraba inexpugnable, con su mirada puesta en la inmortalidad. Su liderazgo fue rebasado por una ciudadanía que aspira a que su destino lo construya otra idea. Es una especie de ley inmutable que pertenece a los cromosomas de la razón.

opinan los foristas

Los pueblos terminan cansándose de los mismos rostros que perturban su paz. Esos que se creen dioses del Olimpo, reencarnaciones divinas o pomposas aproximaciones al destino vital de la gente. Son los insoportables que van muriendo cuando los ciclos se cumplen de manera inexorable.

En Venezuela vivimos un momento estelar en el ámbito electoral. Todas las encuestas están revelando una opción muy clara para el Gobernador de Miranda Enrique Capriles Radonski. El cansancio de la figura de Hugo Chávez comienza a percibirse y el ciudadano común parece buscar oxigeno en un hombre que tenga más futuro que pasado. Son doce años de un gobierno caracterizado por la ineficacia, el hambre y la corrupción; una gestión capitaneada por un hábil encantador de serpientes, que reparte promesas como racimos. Que sabe sortear el temporal debido a que sus rivales anteriores fueron protagonistas de un pasado al que los venezolanos no querían volver. Es decir, él sabe explotar el miedo que tiene el ciudadano a vivir nuevamente bajo los liderazgos que ayer nos hundieron e hicieron posible que un mediocre llegase a Miraflores. Con las nuevas alternativas la cosa cambia. Un mensaje atrayente y que sepa aglutinarnos a todos hará que Chávez sea el mal a extirpar, si por el contrario la confrontación es con alguna figura de otrora, él tendrá la habilidad de convertir la contienda electoral en una refriega de hemerotecas, volcándose en las páginas amarillentas de los recuerdos. Los culparía de la desgracia nacional con la anuencia de su poderosa red informativa. Una campaña contra el pasado sería una delicia para el magnate de Miraflores; lo transformaría en la opción de hoy frente a los fantasmas del ayer. Es por eso que contra Enrique Capriles Radonski, su única arma estratégica es hablar de inhabilitación, no tienen argumentos ante el éxito de su gestión al frente de la gobernación de Miranda, a pesar de recortarle los recursos, de sabotear cuanto plan emprenda en materia de seguridad, salud, vivienda y educación. En el debate contra Capriles Radonski, Hugo Chávez es lo malo del pasado y lo funesto del presente. No tendría la fuerza de la novedad para contrarrestar el éxito evidente del funcionario mirandino. Sería la primera vez que las piezas en el tablero no le favorecen. Tampoco puede engatusarnos con su justicia roja. Capriles se quedó en Venezuela y enfrentó con gallardía un proceso totalmente amañado. Once jueces conocieron su causa, la misma fue una estratagema de gobierno para ver si el joven huía. Permaneció incólume hasta que el país lo vio salir del helicoide, con la frente en alto, sin haber negociado absolutamente nada. La administración revolucionaria no pudo reducir el espíritu combativo de este hombre con reconocidos meritos para ser presidente.

Lo que necesita Enrique Capriles, es consolidar un proyecto que nos convoque a todos por igual. Es necesario ir al encuentro del pueblo insatisfecho, que su acción vaya más allá de los intríngulis de la mesa unitaria. El hecho de haber fracasado Chávez, no quiere decir que tenemos que olvidarnos de reinvidicar a los explotados, aquellos que viven con el espinazo roto por la acción virulenta de la injusticia social. Enrique Capriles tiene que parecerse al venezolano común. Sentir su dolor y vivir sus dramas; conquistar el corazón para la democracia de carne y hueso. Esa tan distante de los académicos que derrochan verbos primigenios en la pequeñez de la salas de conferencias, con el mismo auditorio desde hace doce años. Ir sustituyendo al magnate de Miraflores en el alma de muchos que mastican su ilusión. Cortar ese circuito que tiene el presidente con las mayorías y mostrarles lo nefasto que significa seguir apoyando al peor gobernante de la historia republicana. Para ello debe invertirse miles de horas en actividades de calle, asambleas de ciudadanos y en actividades en donde la gente sienta que su abanderado presidencial es un hombre sensible a sus padecimientos. Que definitivamente se escapó del cerco mediático que aleja al hombre de la realidad. Mostrar un proyecto de país moderno, creíble y que se adapte al ciudadano común, propósito que debe agrupar a todos los venezolanos sin distingos de ningún tipo. Fortaleciendo la iniciativa privada con amplios planes de inversión en diversos ordenes. Dar un real impulso al sector agrícola y declararlo como prioridad nacional; sin olvidar el apoyo decisivo en materias de educación, salud y de fuentes de trabajo. Una verdadera democracia social. Llegó la hora. Todo apunta a que Enrique Capriles, encarna los sueños y expectativas de una republica que anhela un nuevo camino. La esperanza se asoma oronda en el horizonte tricolor de una Venezuela, donde todos seamos protagonistas de su desarrollo.

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