opinión

José Ramón: El gran ausente

4 Mayo, 2011

El canto, como expresión sensible del espíritu, tiene en Nueva Esparta peculiares rasgos. En la cima del alma colectiva, se agigantan las voces ancestrales y afloran decantadas las melodías más puras de un pueblo que sufre, trabaja, llora y canta. Es la sangre mestiza fraguada con soles y paisajes, con dolores y angustias, hecha vibración permanente, con un sólo lenguaje, mensaje y sentimiento. Bajo un cielo azul, adornado por blancas nubecillas y encajado entre frescas montañas, se encuentra un valle, cuya vegetación siempre está reverdecida por las caricias de su clima. Allí reposa tranquilo el hospitalario pueblo de Pedro González, cuna de grandes artistas, donde un 1º de junio de 1937, nació uno de los más grandes folclorista que ha parido nuestra tierra isleña, me refiero a JOSE RAMÓN VILLARROEL, hijo de Doña Fabiana Villarroel y Don Ramón Hernández.

opinan los foristas

Realizó estudios hasta el 6to Grado. Incursionó en el canto a la edad de 12 años, improvisando aguinaldos, polos, gaitas y malagueñas. A los 14 años se inicia en el galerón, actividad que lo llevó a ocupar un sitial preponderante en el Oriente del país. José Ramón Villarroel efectuó su primera presentación como cantador de galerón en el cerro “La Libertad” del valle de Pedro González, y tuvo como acompañantes a: Dimas Hernández, Cruz Hernández y Santos Rodríguez, quienes eran veteranos en estas lides. Más tarde canta en Paraguachí, donde comienza su fama a raíz de su agradable timbre de voz e improvisación rápida y ocurrente. Inicialmente se le conoció con el nombre de “El Vallero”. En la década de los 60, lo promueve Goyo Rojas el de Foto Micro con el seudónimo: “El Turpial de Margarita”, y donde aparecía José Ramón luciendo unos bigotes al estilo de Pedro Infante y con su inseparable sombrerito de cogollo.

Posteriormente en Margarita se realiza el Primer Festival del Galerón Oriental, el cual gana José Ramón Villarroel, y al mismo tiempo logra su último nombre artístico: “El Huracán del Caribe”. Siempre soñó cantar con Chelías Villarroel, quien era un galeronista de postín para la época. Llega la oportunidad de coronar sus sueños, y fue justamente en el pueblo de El Salado de Paraguachí, donde en la velada participaron la flor y nata del galerón margariteño: Alejo Albornoz, Calencho Salazar, Justo Pastor Rivas, José González “El Cardonero”, Chelías Villarroel y Juan Cancio Rodríguez. Esa noche brillaron los astros como nunca, y amanecieron las estrellas titilantes, borrachas de versos y armonías, que brotaban de la dulce lira, el rítmico cuatro y la encantadora guitarra.

A partir de este momento el nombré de José Ramón Villarroel, comenzó a sonar con mayor énfasis, condición que le permitió participar en los galerones más importantes de la Isla, entre ellos: El Salado, El Mamey, Paraguachí, La Ermita de Los Robles, El Copey, Santa Isabel, La Cruz de la Misión, San Sebastián, etc. El bardo jamás escribió décimas para repetirlas en la tarima, las improvisaba al instante, era oportuno y certero; su exquisita voz, musa inagotable y pura, fueron sus mejores armas. Decía con frecuencia que para poder cantar galerón, el aspirante tenía que dominar: Biología, Gramática, Botánica, Historia, Mitología, entre otros temas.

Además, narraba el trovador que era costumbre iniciar el canto de galerón con un tema y el resto de los participantes seguían con el mismo, el cantador que no lo hacía, era eliminado automáticamente y lo bajaban de la tarima. Esas hermosas anécdotas y recuerdos, se hacen presente con mayor acento en estos días, ya que el 1º de mayo se cumplieron dieciséis (16) años de su trágica partida. En honor a su memoria le dedico esta prosa: Lo autóctono de tus canciones/tu amistad que fue una escuela/son aristas de tu estela/que viven eternamente/en el corazón de Oriente/ y de toda Venezuela.

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