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opinión

Pedro Lastra

Por qué Keiko Fujimori

30 abril, 2011

Por eso, porque quiero frenar la barbarie en mi patria y ponerle coto al expansionismo que hasta el día de hoy nos habrá costado unos sesenta mil millones de dólares, si fuera peruano votaría por Keiko.

Sintiéndolo mucho por Vargas Llosa, al que hasta ayer he admirado, por Humala ni amarrado. Ni por Lula. Ha llegado la hora de hablar con el corazón en la mano.

opinan los foristas

Es de la esencia del régimen castro chavista su naturaleza expansiva. No sólo ni principalmente por la enfermiza megalomanía del teniente coronel, que ya sabemos alcanza cotas tan delirantes como su ignorancia, sino porque sabe que aislado y reducido a su bastión, no tendrá escapatoria cuando le llegue su hora, su inexorable hora.

También por razones de legitimación. En un mundo dominado por el trasnocho del marxismo leninismo la entronización no es un delito, ni mucho menos un crimen: para la izquierda radical de la región – y el radicalismo es la base de todas las izquierdas, sean reformistas o radicales – montar una dictadura totalitaria es una proeza, un acto de heroísmo, una hazaña. No un delito, como para los demócratas.

Como bien lo dijo en 1956 el cuñado de los hermanos Castro, Rafael Díaz-Balart, si bien ya por entonces Raúl era el comunista de la familia, Fidel era el propio fascista. Pero como el fascismo había sido derrotado en la Segunda Guerra Mundial, para poder montar la feroz tiranía que tenía en mente se vería obligado a echarse en brazos de los soviéticos y declararse comunista. Palabras proféticas.

Chávez sigue la misma huella genética de los Castro. Es un caudillo autocrático, autoritario, fascista. A la venezolana, naturalmente. Muchísimo más cercano a Hitler que a Lenin y a Perón que al mismo Castro. Que también fue fiel discípulo del caporal austríaco. Aunque infinitamente menos competente, infinitamente más zafio, infinitamente más troglodita.

De esa tela está cortado Humala. Con otros ingredientes, tanto o más fascistas. Es nacionalista. Chávez es apátrida y ya hasta se expresa en habanero. Es tan camaleónico como Leonard Zelig, el personaje de Woody Allen. Ahora habla como un mando medio del G2. Si estuviera con los chinos, se diría bolivaliano. Un caso perdido de carencia de identidad. Tiene un gigantesco hueco en el corazón. Hasta se cree hijo de Fidel Castro.

Humala defiende las tradiciones incaicas. Chávez no tiene tradiciones, salvo las pocas que le enseñaron en los cuarteles. Su cultura ancestral llega hasta las arañas que le cocinaba su abuela. De allí para atrás, pura mitología escolar.

De modo que Humala puede llegar a ser incluso más peligroso de lo que ya lo es Chávez. Para mí, será un misterio insondable conocer las razones íntimas que llevaron a Vargas Llosa a darle el sí. Y negárselo a la Fujimori, mucho más comprometida con un eventual liberalismo a la peruana que el teniente coronel golpista.

Por eso, porque quiero frenar la barbarie en mi patria y ponerle coto al expansionismo que hasta el día de hoy nos habrá costado unos sesenta mil millones de dólares, si fuera peruano votaría por Keiko. Sintiéndolo mucho por Vargas Llosa, al que hasta ayer he admirado, por Humala ni amarrado. Ni por Lula. Ha llegado la hora de hablar con el corazón en la mano.



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