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opinión

Ójala no sea tarde

31 marzo, 2011

La falta de comida y de libertad está acabando con los déspotas del Oriente Medio. Es la rebelión de las grandes masas pobres que se lanzaron a las calles protestando por el “derecho a comer”. Las alzas brutales de los precios de los alimentos dieron al traste con más de cuarenta años de las crueles dictaduras Ben Alí en Túnez, Mubarak en Egipto y Gadafi en Libia.

opinan los foristas

Según los expertos la crisis de los alimentos es el detonante que hace incendiar cualquier gobierno del mundo y que acaba hoy con los regimenes fuertes del Oriente Medio.

Podemos imaginarnos la sociedad venezolana donde al hambre se suma la falta de vivienda, el desempleo, las monstruosas cifras de inseguridad personal, las pandemias, la escasez, la desnutrición infantil, la mortalidad materna.

Sólo para tomar una variable, el índice de precios, manejado por el propio gobierno, sitúa la inflación de nuestro país en 28,7 por ciento, una de las más altas del mundo y amenaza con dispararse en el curso de los próximos meses, lo que significa, que estamos al borde una hiperinflación que destruye cualquier sociedad en el mundo y empobrece aún más la población llegando al punto de la pobreza atroz.

Es así como el número de hambrientos aumenta proporcionalmente a la inflación. Miles de venezolanos se hunden en el más oscuro umbral de la pobreza y no pueden salir de ella. Este drama que vive Venezuela es el producto triste de la corrupción, ineptitud y negligencia criminal de un gobierno que contando con más recursos y poder en la historia de nuestro país ha ignorando la brutal realidad que como sombra persigue a los venezolanos de hoy.

Sin una obra de gobierno que mostrar resulta deprimente y arriesgado visitar cualquier barrio para ver lo que nos ocurre. No es una distracción económica. No. Lo que se plantea es el escenario cruel que oprime a los más pobres quienes terminan pagando los altos precios de los alimentos importados que hoy consumimos, si es que se encuentran.

Miles de venezolanos que hacen una sola comida y otros se acuestan sin llevarse un bocado. Son solo algunos de los que viven en las grandes ciudades rodeadas con la hiriente sombra de extensos cinturones de miseria donde la gente en medio de su pobreza aspira sobrevivir.

Pareciera que transitamos el camino de una nueva barbarie enmascarada con la burla sangrienta del “Socialismo del Siglo XXI” que nos conduce inexorablemente al último aliento de un país. Ojala no sea tarde.



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