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opinión

Ricardo, el venezolano

28 febrero, 2011

Escribo consternada por la noticia de su muerte. Desde ya extraño su presencia. Ricardo Zuloaga fue un hombre imprescindible por todo lo que trabajó, por todo lo que construyó, por todo lo que dejó para el país. Por eso el título de este artículo. Sé que le hubiera encantado, porque por encima de todo, Ricardo se sentía venezolano.

opinan los foristas

Más de nueve décadas estuvo entre nosotros, pero cuán maravilloso hubiera sido tenerlo por nueve décadas más… Podría, por ejemplo, haber ocupado un cargo público como el Ministerio de Finanzas. No estaría dándole vueltas al “fenómeno complejo” de la inflación, como Giordani, sino que desde el primer día, hubiera tomado las medidas para disminuirla. No desperdiciaría tiempo hablando zoquetadas, porque básicamente era un hombre de acción. Ni buscando terceras, cuartas ni quintas vías. Una de las frases que repetía con frecuencia y que a mí más me gustaba era “aquí no tenemos que inventar nada, sólo imitar a quienes lo han hecho bien”. Algo tan simple, tan de Perogrullo, tan de cajón, y que por desgracia hoy suena tan ajeno a nuestra realidad.

Gente como él es la que hace falta para poner orden en este desorden, sensatez en este desbarajuste, sindéresis en tanta estupidez. Liberal convencido en un país donde hay tanto miedo de declararse tal, vivió de acuerdo a lo que pensó, con una verticalidad de acción que es ejemplo para su familia y para quienes lo conocimos y lo quisimos. Y también para quienes lo conozcan a través de lo que sembró.

Ricardo era generoso, abierto y por encima de todo, sencillo. “Yo no sé de dónde le salió a Pancho Herrera escribir en uno de sus libros que papá se horrorizó por una mala palabra… ¡si papá era groserísimo!”.

Con un sentido del humor envidiable capeaba los malos ratos o los pocos achaques que tuvo. En las reuniones del Consejo Superior de la Universidad Metropolitana decía: “si me siento donde veo, no oigo, y si me siento donde oigo, no veo”. Para la Universidad es una gran pérdida, pues desde su fundación contó con su apoyo certero, inteligente e incondicional. Quiero recordar lo que escribí hace casi tres años, cuando la Universidad le otorgó el Doctorado Honoris Causa:

“Como un justo homenaje a su extensa trayectoria profesional y a su significativa labor en la construcción de esta casa de estudios” rezaba la invitación que cursó la Universidad Metropolitana para el acto de otorgamiento del Doctorado Honoris Causa en Administración a Ricardo Zuloaga.

Y es que en efecto, el homenaje es más que justo: no sólo porque Ricardo Zuloaga es un insigne profesional y ha colaborado desde su fundación con la Universidad Metropolitana, sino porque es un venezolano como pocos; que de haber un par de cientos más como él, Venezuela sería el primer país del mundo.

Hombre de una sencillez y una modestia notables, que no caben sino en personas dotadas de una clara inteligencia y de una muy segura noción de su propia valía -como para avergonzar a las “nulidades consagradas” de las que hablaba Romerogarcía- Ricardo Zuloaga es un ejemplar de peso específico muy particular, que está más allá de toda propaganda y autopromoción.

Busca permanentemente decir cosas que aporten luces a los demás y hacer cosas que aporten bienestar a los demás. En eso lleva toda la vida y por eso cuenta con el reconocimiento unánime de sus contemporáneos”.

Lo mismo puede decirse de su incansable trabajo por y para Cedice Libertad, de la que fue cofundador.

Su trayectoria al frente de empresas eficientes e impecablemente manejadas, como la Electricidad de Caracas, de la que fue Gerente Ejecutivo y posteriormente director, queda como parte de su aporte al país que tanto quiso, por el que tantó luchó, en el que tanto soñó.

Se fue Ricardo, el venezolano. Sirvan estas palabras como un pequeño homenaje al amigo, al compañero, al gran hombre.

http://eldomodelaoca.blogspot.com



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