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opinión


El Nacional / ND

Normalización política

28 febrero, 2011

Como señalábamos la semana pasada, a mediados de 2010, la situación del país era explosiva.

Desde este punto de vista, el régimen veía las elecciones parlamentarias de septiembre como una válvula de escape imprescindible para que la olla de presión política no reventara a Venezuela en pedazos. Sin embargo, en los cálculos de Hugo Chávez no se incluía la posibilidad de que su partido perdiera la mayoría calificada en la Asamblea Nacional, un contratiempo que requirió la inmediata promulgación de la Ley Habilitante y la rápida aprobación de un paquete de leyes “socialistas.” No obstante, para disimular la ilegitimidad de estas medidas, el régimen se ha visto obligado desde entonces a presentar un rostro mucho más humano y democrático. Buen ejemplo de esta necesidad táctica fue la visita del ministro Tareck el Aissami a los estudiantes en huelga de hambre a las puertas de la OEA, cuyo resultado, la libertad de siete presos políticos, puso en evidencia tres hechos relevantes: uno, Venezuela no está camino de llegar a ningún mar de la felicidad socialista, sino que a duras penas sólo trata de alcanzar una cierta y lánguida normalización política al estilo del antiguo régimen; dos, aunque lo hayan desmentido más de mil veces, en Venezuela sí hay presos políticos; tres, el Poder Judicial está sometido a la voluntad personal de Chávez. Exprópiese, métanmelo preso, suéltenlos, continúan siendo las órdenes de mando que los supuestamente autónomos poderes del Estado siguen cumpliendo al pie de la letra presidencial.

opinan los foristas

Otros tres hechos recientes indican que realmente nada ha cambiado en Venezuela.

En primer lugar, demostración palpable del desprecio oficial por los valores reales de la democracia, Miraflores impuso al general Henry Rangel Silva para pronunciar el discurso de orden en el homenaje parlamentario al Simón Bolívar civilista por excelencia del 15 de febrero de 1819, cuando cedió a los legisladores de la Gran Colombia, reunidos en Angostura, el poder político absoluto que ostentaba en virtud de su condición de jefe supremo del Ejército. ¿Recuerdan al general Rangel Silva? El mismo capitán golpista del 4 de febrero elevado al grado de general en jefe por haberle advertido a los venezolanos que las tropas a su mando de ninguna manera permitirían una derrota electoral de Chávez en las elecciones del 2012.

La segunda burla del régimen, obligado por las circunstancias del momento a darse a sí mismo una urgente mano de barniz democrático, fue permitir la interpelación de sus ministros por una Asamblea Nacional pluripartidista. El efecto de esta jugada ha sido un espectáculo en verdad lamentable, cuya más penosa expresión le correspondió al ministro Jorge Giordani, fórmula econométrica en mano, al atribuirle la culpa de la inflación galopante que sufren los venezolanos, la mayor del continente y una de las peores del mundo, al paro petrolero de 2002 y a los gobiernos de la llamada cuarta república. ¡Qué descaro! Por ahora, el último insulto a la inteligencia y la sensibilidad de los venezolanos lo profirió el propio Chávez, quien tras diez días de silencio inexplicable ha añadido ahora su voz a las de Fidel Castro y Daniel Ortega para denunciar la ofensiva imperialista contra Gadafi y ordenarle a Nicolás Maduro, por vía de las mismas redes sociales que le han servido a los pueblos islámicos del norte de África y del Medio Oriente para organizarse en su lucha contra las autocracias de la región, darles duro a los enemigos del hermano libio. “Vamos canciller Nicolás ­le escribió un tweet a su ministro favorito­, dales otra lección a esa derecha pitiyanqui! Viva Libia y su independencia! Kadafi enfrenta una guerra civil!”.

Superados los obstáculos del 11 de abril, del paro petrolero, de la abstención de 2005, del referéndum de 2007, las elecciones parlamentarias se le presentaban a Chávez como trampolín ideal para encauzar al país por el rumbo de esa deseada normalización política que le permitiría llegar a 2012 sin mayores sobresaltos.

Para infortunio suyo, no parece que vaya a ser así. La crisis interna y el creciente aislamiento internacional, sobre todo después de esta oleada de cambios en el universo islámico, le arrebata esta vez a Chávez su recurso habitual de la simulación democrática. Por otra parte, su solidaridad con Gadafi lo aísla aún más del mundo civilizado.

Después de esto, ¿qué le queda al comandante presidente? ¿Soledad al final del oscuro túnel del fracaso? Sobre las posibles opciones de Chávez para escapar de esta encerrona de la historia, hablaremos el próximo lunes.



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