opinión

Grandeza de la alternabilidad democrática (Necesidad biológica del pueblo)

8 Enero, 2011

A las elecciones de 1963 fueron los candidatos presidenciales Raúl Leoni, Rafael Caldera, Jóvito Villalba, Arturo Uslar Pietri, Wolfgang Larrazábal, Raúl Ramos Jiménez y Germán Borregales. Si los cinco candidatos presidenciales de oposición hubieran ido con un solo aspirante habrían obtenido el triunfo, pero –según se dijo- todos fueron demasiado ambiciosos y demasiado egoístas al pensar que cada uno de ellos merecía el pendón triunfante.

opinan los foristas

Raúl Leoni lanzó su candidatura en el Teatro Boyacá, el sábado 13 de julio de 1963, respaldado por Acción Democrática. En su XIII Convención. Rafael Caldera lanzó su candidatura en el último domingo de junio de 1963, en un pleno copeyano. Jóvito Villalba se lanzó respaldado por Unión Republicana Democrática (URD), MENI y el Partido Socialista de Venezuela. Arturo Uslar Pietri se lanzó en San Cristóbal el 12 de julio de 1963, con su partido FND. Wolgang Larrazábal reincidió como candidato el 30 de julio de 1963, respaldado por Fuerza Democrática Popular (FDP) y OPINA. Raúl Ramos Jiménez se lanzó apoyado por AD Oposición (grupo ARS). Germán Borregales fue el candidato de su partido MAN.

Durante el debate electoral no amainó la violencia de los extremistas. Se produjeron actos de barbarie como el asalto al Museo de Bellas Artes y el robo de los cuadros de la exposición “Cien años de pintura francesa”; un comando tomó el buque mercante Anzoátegui después de zarpar de La Guaira y lo llevó hasta Brasil; otro comando asaltó el Hospital Militar, y se incrementaron las guerrillas en Falcón. A los que pedían clemencia y amnistía, en medio de la campaña electoral, se les recordaba tales hechos y provocaciones.

Uslar Pietri atacaba afirmando que Betancourt “no había sabido liberar al país del proceso de divisionismo y de violencia imperante”; y que no había resuelto ninguno de los problemas nacionales, “poniendo en peligro la estabilidad del sistema democrático”. Villalba clamaba por una “amnistía general”, mientras sonaban los tiros en la calle y se asesinaban a policías inocentes de la ronda municipal, pedía sin cesar cambio de gobierno, cambio de partido en Miraflores y lucha contra la represión gubernamental y el hambre popular. Larrazábal, impulsado por el partido FDP (fundado por Jorge Dáger) pedía el perdón para los comunistas “desviados”…

Había amplia libertad para el desarrollo electoral, todos los candidatos concurrían a las tribunas de la plaza pública y a la radio y televisión para exponer sus ideas, sus programas y también sus airadas críticas al gobierno, sin la menor coacción o reacción negativa del Poder Ejecutivo. Se cumplía la promesa oficial de estabilizar en Venezuela el sistema democrático, y nadie tenía razones enrostrarle al Presidente Betancourt la utilización de los recursos del poder para hacer que la balanza electoral se inclinara a favor del candidato del partido de gobierno, ya que se limitó a solicitar un esfuerzo para elevar el tono del debate electoral. Rómulo lamentó la vuelta al “canibalismo político” y a la degradación en el lenguaje electoral, insistiendo en que si algo no quería ni aplaudía nuestro pueblo era la diatriba vulgar o el insulto personalista, como sustitutos de las ideas y de los programas. Raúl Leoni hizo una campaña electoral moderada y prudente. Prometió un gobierno de entendimiento y de concordia, así como la ampliación de las conquistas sociales. El 1 de diciembre de 1963 el pueblo fue a votar. En cifras redondas, los resultados fueron los siguientes:

1) Leoni……… 957.000

2) Caldera…… 589.000

3) Villalba…… 551.000

4) Uslar……… 469.000

5) Larrazábal 275.000

6) Ramos………70.000

7) Borregales…. 9.000

El electorado se dividió en dos partes –casi iguales- el favor de sus votos, considerando que AD y COPEI formaban parte del Gobierno de Coalición. AD había bajado del 50% al 32% (tras dos divisiones) y COPEI había aumentado considerablemente “por la probada lealtad al régimen de Betancourt” (según se dijo). Lo cierto es que los socialcristianos se caracterizaron como un partido serio, responsable y a todas luces democrático y legalista.

Caldera había sido un colaborador honesto y consciente durante todas las peripecias del Gobierno de Coalición; sólo hizo reparos, dentro de la coalición, cuando los copeyanos se opusieron a la devaluación del bolívar y también a la detención de los congresantes que habían apoyado la insurrección; se habían mantenido siempre leales a la Constitución y al sistema democrático. Por eso Betancourt recomendó al nuevo presidente la necesidad de proseguir el ensayo de gobierno compartido entre AD y COPEI.

Según la vieja tradición venezolana, las intrigas se desataron después de los comicios para alejar a Raúl Leoni de Rómulo Betancourt. Villalba afirmaba que continuar “la guanábana” significaba que Betancourt seguiría mandando; los adecos Paz Galarraga y Prieto Figueroa eran opuestos a una coalición con los socialcristianos…

Betancourt insistió en que la entente AD-COPEI había sido una experiencia útil y absolutamente válida para el futuro, porque había demostrado cómo era posible que grupos políticos con diferentes plataformas ideológicas coincidían en lo fundamental, que fue la defensa de las instituciones democráticas y la necesidad de promover el cambio social en favor del bienestar, el desarrollo y el ascenso económico de los sectores marginales.

En una de las últimas reuniones entre el presidente electo, el Comité Ejecutivo de Acción Democrática y el Presidente Betancourt, quedó registrada la recomendación de una nueva alianza de AD con Copei, donde Rómulo destacó la lealtad, la eficiencia y la honestidad de los dirigentes socialcristianos “no inclinados a la viveza y a la zancadilla, porque poseen convicciones ideológicas y buena formación política”. Rómulo recordó que en las horas más duras, cuando mucha gente vacilaba en Venezuela frente a la agresión y la violencia de pequeñas minorías extremistas, que pusieron a veces en zozobra a la sociedad, al lado de AD siempre estuvo el partido COPEI.

Leoni y muchos líderes accióndemocratistas prefirieron hacer un gobierno que se iba a llamar de Amplia Base, con URD y el FND.

Raúl Leoni fue electo democrática y limpiamente y se convirtió en el sucesor de Rómulo Betancourt, quien a su vez había sido electo directamente por el propio soberano. Esto nunca había sucedido en la historia venezolana. La República Civil empezaba su grandeza alternativa democráticamente. La historia política del siglo 20 fue un acumulado de luchas por la libertad y la democracia, y es la República Civil la que crea la conciencia democrática como el mejor tesoro político de Venezuela.

El apoyo a la gestión de gobernante que Acción Democrática le dio a Rómulo Betancourt no estuvo nunca caracterizado por el incondicionalismo idolátrico a un hombre. Era esa una situación de orgullo, porque el partido se había fundado con un puñado de hombres y mujeres animosos y valientes, insuflando desde la cuna capacidad de discernimiento, actitud de vigilancia sobre la manera de comportarse de sus conductores, y rechazo a esa forma de adulación a los jefes que llegó a llamarse “culto a la personalidad”. Fue en pobres casas y barriadas de extramuros, acosados por la persecución policial, que se echaron las bases de una organización integrada por el pueblo e interpretando su voluntad de superación.

Rómulo dijo: “Nacimos como una necesidad biológica de nuestro pueblo. Necesitaba de un partido moderno, que lo encuadrara, condujera e interpretara. El PDN primero, y luego Acción Democrática, cuando pudo ser legalizado en 1941, se estructuró sobre bases serias. No fuimos a buscar modelos que imitar en otros continentes; su ideología fue desde el primer momento nacional-revolucionaria, y no calcada en moldes foráneos; su estructura interna, democrática; y amplio en su llamado a todos los sectores e individualidades con pasión venezolanista para que en sus filas militaran. No ha sido ni es una organización encerrada dentro de la camisa de fuerza de dogmas teóricos reverenciados, y que fueron formulados por hombres y movimientos políticos de actuación en medios económico-sociales diferentes del nuestro. Revolucionarios hemos sido, y lo seguimos siendo, pero no hemos marcado nunca el paso detrás de movimientos y tendencias de origen y proyecciones fundamentalmente europeos, como son los que se han agrupado detrás de las banderas de la II Internacional Socialista o de la III Internacional comunista Hemos hecho historia, insertada y consubstanciada con la historia contemporánea de Venezuela, en las variadas décadas ya cumplidas de actuación en la arena política nacional. Esa historia tiene aciertos y errores. Ello es normal en toda actividad, de individuo o grupal, que entiende su función como un hacer y no como un contemplativo y quieto mirar “.


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