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opinión

Pablo Aure

El Carabobeño / ND

CAVIM en llamas… ¿sabotaje?

31 enero, 2011

Hoy pretendía iniciar la columna haciendo algunas consideraciones sobre la “ley antitalanquera”, pero el incendio ocurrido en la madrugada de ayer en CAVIM hizo que trasladara ese tema para el segundo segmento.

opinan los foristas

Literalmente, ayer la ciudad de Maracay amaneció cual boca de volcán. Desde las cuatro de la madrugada comenzaron detonaciones. Vidrios de ventanas de residencias y carros se rompían, y algunos techos se desplomaban; la gente salía despavorida de sus hogares. Nadie sabía qué ocurría. Las explosiones se escuchaban desde Tapa Tapa hasta después del peaje de Palo Negro. Un gran resplandor destellaba en cielo maracayero. El reporte oficial indica que hubo una persona muerta y tres heridas, y aunque tenemos que lamentarlo profundamente, pensamos que de acuerdo con la magnitud del evento, el número de víctimas ha podido ser mayor. No tengo dudas: ¡Dios acompañó a los aragüeños!

Ese acontecimiento debe ser analizado minuciosamente. Ningún cabo deberíamos dejar suelto para poder atinar, y de ese modo saber en verdad dónde estamos parados.

Por ejemplo, la primera interrogante que debemos aclarar es el hecho de que a la víctima fatal la alcanzó un proyectil en las inmediaciones de Caña de Azúcar, es decir, a dos kilómetros del incendio. Ahora, nos preguntamos qué le pasó a los custodios de guardia de esas instalaciones militares, y si es verdad, como se dice, que aparentemente salieron ilesos. Nadie ha reportado sobre la salud de ellos. Es de suponer -insisto- en que esos galpones estaban vigilados. Y si no lo estaban, resulta extremadamente sospechoso el hecho de que un arsenal que es para defender la soberanía nacional no se encuentre resguardado o vigilado. Cuestión rara ¿no?

Creo que al Gobierno, más que a la oposición, es a quien le interesa aclarar lo ocurrido. Tienen que buscar a los responsables. CAVIM hará que rueden muchas cabezas. Me imagino que se aplicará el “decreto de guerra a muerte”: todos serán considerados como culpables hasta prueba en contrario. ¿Quién sabe si ha sido una maniobra para salir del general Clíver Alcalá Cordones, comandante de la Guarnición del estado Aragua? Insisto: ningún cabo debe dejarse suelto.

Los accidentes en instalaciones militares por lo general ocurren por impericia o negligencia; la fuerza mayor y los hechos fortuitos deberíamos descartarlos. En CAVIM no se almacenaban aguacates ni cambures. Había granadas y proyectiles; y me informan que hasta misiles rusos, artefactos que deberían ser celosamente custodiados, pues pudieran ser letales en manos de terroristas. Repito: ¿dónde estaban los custodios?

Si lo que ocurrió ayer en Maracay fue a causa de un accidente y no el producto de un sabotaje, demuestra el peligro que corremos los venezolanos en manos de estos jefes militares, que ni siquiera saben almacenar las armas. Para qué preguntar ¿qué ocurriría en caso de enfrentamiento bélico con otras naciones?

Dándole vueltas a ese asunto de Maracay, no pude evitar que me saltara la imagen de los damnificados en La Carlota o en otras dependencias militares. ¿Qué hubiese pasado si esas carpas para albergarlos las hubiesen levantado en las cercanías de CAVIM?

Otra preocupación que me vino a la cabeza con las explosiones en esas instalaciones militares fue sobre la pretensión gubernamental de construir plantas nucleares en nuestro país. Vaya locura amigos. Si no estamos preparados para almacenar pólvora, cómo vamos a pensar en reactores nucleares. La presencia de una central nuclear en Venezuela no representa un peligro para EEUU, sino para nosotros mismos. Por eso hay que decir constantemente que no a esa pretensión dizque revolucionaria. Los venezolanos no estamos preparados para eso, y no queremos repetir lo de Chernobil.

Talanquera para oficialismo

En el oficialismo hay preocupación, pero no se atreven a hablar. Los diputados electos con el apoyo de las tarjetas del PSUV saben que la reforma de la Ley de Partidos Políticos, Reuniones Públicas y Manifestaciones, tiene unos únicos destinatarios: ellos.

La reforma a la cual me refiero prescribe lo siguiente: “constituye fraude a los electores y electoras toda conducta que se aparte de las orientaciones y posiciones políticas presentadas en el programa de gestión de oferta electoral”. Las consecuencias para el diputado que incurra en alguna de esas “conductas fraudulentas” será la suspensión o inhabilitación previa solicitud de los ciudadanos o diputados en representación del Grupo Parlamentario de Opinión al cual pertenece.

Los oficialistas no tienen dudas de que es una Ley inconstitucional, porque se han leído varias veces el artículo 201 de la Constitución de la República Bolivariana de Venezuela, que preceptúa: “Los diputados son representantes del pueblo y de los estados en su conjunto, no sujetos a mandatos ni instrucciones, sino solo a su conciencia. Su voto en la asamblea nacional es personal”. Pero no se atreven a hablar.

No comparto el poco interés que han mostrado los dirigentes de la oposición para abordar ese asunto. No es correcto, aún siendo rigurosamente cierto, decir que es un problema de los oficialista, porque es para que no salten la talanquera y se vayan para la oposición.

Siendo así, entonces, con mayor razón tenemos que demandar su inconstitucionalidad, así no prospere. Los rojos jamás lo harán, por miedo de lo que les esperaría. Son los diputados del sector democrático quienes por razones estratégicas deben hacerlo.

El contenido de esa norma inconstitucional no solo debe debatirse en Venezuela, sino que debe transcender las fronteras. El Parlatino es buen escenario para denunciarlo. Y también en todos los parlamentos del mundo. Ningún diputado del extranjero podrá comprender que en Venezuela los diputados estén condenados a obedecer ciegamente las directrices de su partido, so pena de perder la investidura.



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