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opinión

Carlos Andrés Pérez

28 diciembre, 2010

En el día de Navidad, murió Carlos Andrés Pérez, fue por dos veces electo Presidente de Venezuela. Fui su adversario político, pero me nombró su Embajador en Guatemala.

opinan los foristas

Como la mayoría de las personas, fue un ser “multidimensional”, no todo es blanco, hay muchos grises y algunos puntos oscuros. Como hombre público, tuvo grandes aciertos y también cometió muchos errores, como es natural. En su primer gobierno, la época de la llamada Gran Venezuela, (1974-1979), siguiendo, básicamente, el modelo económico de sustitución de importaciones, en boga en la América Latina de esos años, y apoyado en la creencia de que el considerable aumento de los precios del petróleo iba a mantenerse establemente en el tiempo, hipertrofió el capitalismo de Estado y endeudó considerablemente al país.

El Estado venezolano se transformó en omnipresente, pero ineficiente y “fofo”, creando las condiciones para un aumento de la corrupción. No fue corrupto personalmente, pero, desgraciadamente, no se puede decir lo mismo de las personas que lo rodearon y de muchos de sus colaboradores. Pero también, en ese primer gobierno, nacionalizó la industria petrolera venezolana (PDVSA) de forma inteligente, la mantuvo fuera del clientelismo político, respetando su autonomía gerencial y la carrera profesional y “meritocrática” de sus de sus empleados y trabajadores, gracias a lo cual, PDVSA fue considerada, hasta hace pocos años, como la empresa petrolera estatal más eficiente y mejor dirigida en el orbe.

Carlos Andrés Pérez (CAP), como toda persona inteligente, evolucionó en su pensamiento económico, por la acertada lectura de la realidad. Se dio cuenta, durante los 10 años, entre la primera y la segunda presidencia (1989-1993) que el capitalismo de Estado tercer mundista había fracasado y que el modelo rentista petrolero venezolano se agotaba, entre otras cosas, por el crecimiento de la población. Por eso, al regresar al gobierno, con el concurso de brillantes profesionales, que venían de la academia y de la empresa privada, trató de implementar una reforma a fondo del sistema económico venezolano con una apertura hacia una economía de mercado, inteligentemente abierta hacía el mundo (“el Gran Viraje”), que muy probablemente, si no hubiese sido abortada, habría conducido a Venezuela por el camino del desarrollo autosostenido.

Pero, CAP, al regresar triunfalmente a la presidencia, se dejó obnubilar por su propia megalomanía y perdió el “olfato político”, sentido fundamental para un gobernante. Dejó la explicación y la implementación del Gran Viraje en manos, básicamente, de sus ministros tecnócratas. CAP, ni siquiera se preocupó mucho de convencer a su propio partido. Transformar un país subsidiado y “malcriado” por el facilismo de la renta petrolera es una hazaña política difícil y peligrosa. Enemigos personales y políticos, izquierdistas trasnochados, empresarios subsidiados y políticos de la antipolítica, aspirantes a presidentes, (con la significativa y responsable excepción del demócrata cristiano Eduardo Fernández), todos probables perdedores en una exitosa apertura de mercado, se confabularon directa e indirectamente para sacar a CAP de la presidencia, en mayo de 1993, a través de una non santa maniobra judicial, en la cual un simple error administrativo de unos subalternos, en el manejo de unos fondos de la partida secreta, (utilizados para apoyar la transición democrática en la Nicaragua de Violeta Chamorro), fue transformado en un escándalo de corrupción y razón suficiente para destituirlo de la presidencia y condenarlo a dos años de detención domiciliaria. Carlos Andrés Pérez fue un demócrata integral, no sólo porque respetó el Estado de derecho y sus adversarios políticos, sino porque apoyó y ayudó, como lo hicieron todos los presidentes democráticos de la República Civil venezolana (1958-1998), a las organizaciones y a las personalidades que lucharon por implantar la democracia en Iberoamérica, incluyendo España. Como su embajador en Guatemala y representante de Venezuela en el Grupo de Amigos de Guatemala, me constan sus esfuerzos y su atención en el difícil proceso de paz en ese país, aun durante las horas finales de su gobierno. Paz a su alma.



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