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opinión


El Universal / ND

La guerra y la paz

30 noviembre, 2010

¡Cuántas muertes, sangre y sufrimiento sólo para apoyar las ambiciones de un caudillo!

Quienes disponen a su libre arbitrio de los recursos del país y utilizan el monopolio de la fuerza, pretenden por lo visto retrotraer a Venezuela a la etapa de los caudillos que asolaron a nuestra patria a lo largo de buena parte del siglo XIX.

opinan los foristas

Nos viene a la memoria José Tadeo Monagas, quien cercenó la autonomía de las regiones, impuso una dictadura disfrazada de legalidad, se valió del ejército para sus fines políticos personales, designó funcionarios sin mérito ni probidad y amparó la corrupción. Aquél mismo personaje que recurriendo al manido mensaje del “odio a la oligarquía”, utilizó las turbas para asaltar el Congreso en 1848 y que después proclamó cínicamente: “la Constitución sirve para todo”. Uno casi se lo puede imaginar con la Carta Magna en la mano izquierda, mientras que con la derecha ordenaba la agresión al Congreso en la que murieron los diputados Santos Michelena, José Antonio Salas, Juan García y Francisco Argote.

Caudillos como aquél destruyeron las esperanzas de paz a lo largo del siglo XIX, arrastrando a Venezuela a la tragedia que representaron infinidad de revoluciones: La “Revolución de las Reformas” (1835-1836), la “Revolución Popular” (1846-1847), la “Revolución Liberal Conservadora” (1853), la “Revolución de Marzo de 1858”, la “Revolución Federal” (1859-1863), la “Revolución Genuina” (1867), la “Revolución Azul”, la “Revolución de Abril de 1870” también conocida como la “Revolución Liberal”, la “Revolución de Coro” o “Colinada” (1874), la “Revolución Reivindicadora” (1878), la “Revolución Legalista” (1892), la “Revolución de Queipa” 1898, la “Revolución Liberal Restauradora” (1899), la “Revolución Libertadora”, entre otras.

¡Estamos hartos de revoluciones! La magnitud del dolor humano que se vivió en ellas atormenta la imaginación. ¡Cuántas muertes, sangre y sufrimiento sólo para apoyar las ambiciones de un caudillo!

Esta revolución no es mejor que las anteriores. Cuántos venezolanos asesinados en buena medida como consecuencia del mensaje de violencia que emana de los más altos niveles y de la ineptitud de quienes nos dirigen. Cuántos presos políticos, condenados en muchos casos en base al testimonio de un testigo que después ha negado su propio testimonio o, simplemente, sin que exista prueba alguna en su contra. Cuánta destrucción de la institucionalidad y de la moralidad, cuánta corrupción e inseguridad jurídica. Cuántos jóvenes bien formados que han tenido que emigrar porque no encuentran en su patria las oportunidades para contribuir con su esfuerzo al desarrollo de la misma y a su propio progreso. Cuántas familias separadas y cuántos profesionales excepcionales despedidos de Pdvsa, cuya capacidad está siendo aprovechada en otras latitudes. Cuántas iniciativas y esfuerzos truncados, empresas y haciendas productivas que después de haber sido confiscadas se han hundido en un marasmo de improductividad, cuánta destrucción de la economía. Cuánta inflación y escasez. Cuánto sacrificio de la soberanía al entregarle a otro gobierno el manejo de áreas que por patriotismo nunca han debido ser cedidas. Cuánto engaño a las gentes más humildes que se han dejado marear por un discurso populista que les llega al corazón pero que les mutila el futuro. Cuánta estafa a los ciudadanos que se opusieron en un referendo constitucional a los cambios que se pretendió imponer en la Constitución, para de todas formas implantarlos por vías obviamente inconstitucionales, “sin cambiarles ni una coma”. Cuánto servilismo. Cuánto desperdicio de oportunidades a lo largo de doce años en los cuales se ha malbaratado un billón de dólares y se han frustrado las esperanzas de toda una generación. Cuántas familias sin vivienda. Cuánto malestar laboral. Cuántos secuestros. Cuánto sufrimiento, inseguridad y odio. Cuánta destrucción inútil.

¡No, los venezolanos estamos hartos! Vivimos en el siglo XXI, no en el XIX. No queremos que se compren más armas; queremos que se construyan escuelas, hospitales y viviendas. Queremos seguridad. Queremos que el metro funcione y que no se vaya la luz. Queremos servicios. Queremos un lugar respetable en el concierto de las naciones civilizadas. Queremos libertad de expresión sin intimidación. Queremos que la justicia funcione. No queremos ser otra Cuba. Queremos verdadera democracia, con separación real de los poderes. No queremos venganzas, pero tampoco impunidad.

Queremos unidad para conquistar la paz. ¡No queremos la guerra!

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@josetorohardy



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